CALIBRANDO EL LIDERAZGO: “El régimen hace aguas, está perdido. No es asunto de encuestas”

DolarToday / Dec 7, 2014 @ 6:00 am

CALIBRANDO EL LIDERAZGO: “El régimen  hace aguas, está perdido. No es asunto de encuestas”

Dice José Vicente Rangel que en Venezuela no hay fuerza capaz de impulsar la transición. Sin considerar lo que haya en el vientre de ese concepto ni si es oportuno aplicarlo en este momento, descubro en sus palabras que ha pensado más que yo en una posibilidad como esa, de otra manera no anticiparía que solo falta la “fuerza capaz de impulsarla”, publica TalCual

Rangel se apresura a afirmar que no la hay, pero es difícil imaginarlo sosteniendo lo contrario. Sobre todo después de haber admitido que la transición no es un invento de los diabólicos disidentes de fuera y dentro del PSUV sino una realidad “incompleta”, para decirlo de alguna manera. No llegará aún a ser acto pero ciertamente ya es potencia, a la espera del demiurgo que la active.

Llama la atención que este inesperado reconocimiento –si no se trata de un involuntario desliz– provenga de JVR, una figura tan resaltante en el bloque político gubernamental.

Usaré sus palabras para fundamentar las mías. Hablar de “transición” en este momento es un ejercicio futurista cuando lo que está en el asador es la confrontación parlamentaria del año por comenzar.

No la desestimo, sin embargo, porque plantearse escenarios es algo que debe hacer cualquier movimiento político responsable. La horrenda crisis en la que el poder ha precipitado a Venezuela reclama reflexiones profundas acerca de lo que deba hacerse para intentar superarla.

Pero entendamos que para que haya una transición sería menester una de dos: que la asuman el señor Maduro y la cúpula dominante, posibilidad hasta ahora invisible; o que, venciendo en las confrontaciones electorales y sociales dibujadas en el horizonte próximo, una fuerza alterna la ponga en marcha bajo el signo de la democracia, la libertad y la atención prioritaria a los atormentados ciudadanos, especialmente los de bajos ingresos.

Rangel descarta la primera opción. Hombre influyente en la cumbre sabrá que el régimen no quiere (o no lo dejan) moverse. Está atado a una noria, en alucinante dinámica de vuelta y vuelta alrededor del mismo punto. Los más conscientes o los más imaginativos del pomposo proceso revolucionario perciben la magnitud del fracaso y la inanidad de las dolorosas excusas repetidas una y mil veces sin que hoy casi nadie en el mundo y menos en el país las tome en serio.

La guerra económica, la invasión programada por el imperio, las maquinaciones de Uribe, los paramilitares, los golpes y magnicidios. Ningún resultado han ofrecido las medidas supuestamente revolucionarias en esta danza corrupta y milmillonaria de 16 largos años. Más de tres lustros perdidos. Más de tres lustros de hundimiento en profundidades abisales.

 No repetiré lo archisabido. Política, organizativa y electoralmente el gobierno hace aguas, está perdido. No es asunto de encuestas, tan dolorosas para la cúpula del poder, ni de pérdida de audiencia, tan visible en las pobretonas y fantasmales elecciones convocadas por el PSUV.

Es la intensidad de las crepitaciones internas. No hay muchos dispuestos a creer que el poder saldrá adelante o que la corrupción y mentiras podrán cuando menos atenuarse.

Parece haberse desvanecido la confianza en estos líderes tan ineptos e inconsecuentes. La proximidad de procesos eruptivos internos o cismáticos es una amenaza con sentido de inminencia. Una dura derrota, sí, salvo que la disidencia empareje las acciones arrastrada por pasiones absurdas.
¿Dejará descansar a los causantes del desastre para engolfarse en una asesina lucha de tendencias que en su ferocidad magnifique la querella entre ellas? Alcanzar el poder es un objetivo que, unidos, podrían lograr, pero separados, harto difícil.

Hay un concierto que no oculta su odio “competitivo”. Se empujan unos a otros, repiten cuanta infamia haga circular la enfermiza desconfianza. Claman contra el lenguaje racional, al que culpan de desinflar la protesta social. Creen posible mantenerla “hasta el fin del tiempo” y si la realidad los desmiente, culparán a la realidad.

 

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