¡ACTO DE SOLIDARIDAD! Una escuela wayuú abrió sus puertas a 105 niños venezolanos indocumentados

Dolar Today / Dec 23, 2018 @ 6:00 pm

¡ACTO DE SOLIDARIDAD! Una escuela wayuú abrió sus puertas a 105 niños venezolanos indocumentados

“Lo cierto es que empiezan sus vacaciones y quieren salir antes” dice, como llamando a la calma, una de las profesoras del Centro de Educación Indígena número 6 ubicado en la ranchería de Maimajasay, zona rural de Maicao, La Guajira.

Es un día especial. El año escolar ha culminado y los más de 267 niños, entre colombianos y venezolanos que asisten a clases en esta ranchería no dejan de saltar por la emoción. Otros se preguntan qué será de sus días ahora que la escuela permanecerá cerrada hasta el próximo año. Los profesores tampoco saben la respuesta.

“Hagamos silencio, niños”, exclama con ahínco María del Socorro Parra, otra docente de la institución. Su mensaje se perdió en la brisa matutina que acaricia todos los días a esta zona fronteriza de La Guajira. Luego, para apaciguar los gritos, María abre la caja que esconde en su interior el enorme pastel que será repartido a los niños. En un suspiro la calma volvió al recinto.

“Atender a estos niños me motiva todos los días. Siento que todavía puedo darles más de lo que ellos necesitan y eso me alegra”, comenta María del Socorro, quien cumplió 61 años de edad el pasado 25 de noviembre. Luego camina con su gorro navideño por el salón de paredes inexistentes y agrega que aunque no fue fácil su llegada hace dos años a Maimajasay, “ver la motivación en el rostro de cada uno de sus estudiantes es algo demasiado gratificante”.

Para llegar a la ranchería de Maimajay es necesario cruzar un laberinto compuesto por calles empolvadas que dan paso a una trocha de aproximadamente veinte kilómetros de longitud. El camino es a diario transitado por grandes camiones cargados con gasolina de contrabando proveniente de Venezuela. El peligro acecha. La zona es uno de los territorios que se disputan los grupos armados que viven de la extorsión de los vehículos que transitan por este camino irregular.

Ninguno de esos riesgos fueron impedimento para Jaivermil Fernandez cumpliera uno de sus principales sueños. La menor de doce años proveniente de venezuela que se graduó el pasado 8 de diciembre de quinto de básica primaria en la escuela de Maimajasay, recuerda que cuando no había transporte le tocaba caminar una hora y media hasta esa institución en compañía de uno de sus hermanos bajo el sol abrasador de las mañanas.

“Me tocó venirme de Venezuela porque vi que todo empezó a cambiar y supe que allá no iba a poder seguir luchando por mis sueños”, dice Jaivermil mirando tímidamente sus zapatos. Según la menor, a pesar de que sus primeros días en Colombia fueron extraños, el hecho de que sus nuevos compañeros la hubieran recibido con los brazos abiertos la hizo comprender que “podía refugiarse en ellos y que los momentos alegres iban a ser eternos”.

La historia de Jaivermil se repite en los otros 105 menores venezolanos wayúu que son recibidos a diario por los profesores de la escuela de Maimajasay y que en la mayoría de los casos no cuentan con los documentos legales que los validan como estudiantes ante el Ministerio de Educación Nacional.

“Decidimos recibir a estos chicos porque nos preguntamos que iba de su vida si no los aceptábamos. Sabemos que la mayoría de las personas que no han tenido la oportunidad de estudiar son esas esas mismas que ahora se organizan en grupo para robar y cometer delitos en la zona”, afirma Rodrigo López, un nativo de Maimajasay que desde hace dos años trabaja como coordinador de esa institución.

Un breve croquis de la escuela esboza que esta se compone de tres salones, dos de ellos fueron levantados hace poco en cemento gracias al apoyo de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). “Hace un año aquí no encontrábamos pupitres, nos sentábamos en troncos bajo la sombra de esta planta”, dice la profesora María del Socorrro señalando con su mano derecha a un gran árbol de hojas secas que se ubica en la parte izquierda de la institución.

Pero esa infraestructura se les ha quedado pequeña. Según se lee en los informes de la sede de Maimajasay del Centro de Educación Indígena número 6, la escuela inició en el 2016 con 20 estudiantes, un año después la cifra aumentó a 80 y para el 2018 la cifra cerró en 267, es decir que en solo 36 meses hubo un aumento del 92,5 por ciento en la población escolar.

 

¡COMPARTE EN TUS REDES SOCIALES!

arrow
 

Enviar por WhatsApp

 
 
 

 
¿Cuál es tu opinión?
 
 
*