Betania: el Santuario de los milagros

ciceron / Mar 25, 2013 @ 11:34 pm

Betania: el Santuario de los milagros

Hoy se cumplen 37 años de la aparición de María Virgen y madre reconciliadora de todos los pueblos y naciones, en la finca Betania. María Esperanza Medrano de Bianchini, su vidente, fue declarada Sierva de Dios.

A simple vista es un lugar hermoso, vistoso, cálido, con hermosas esculturas blancas de la Virgen María, madre de Jesús de Nazareth, dispuestas en varios rincones, siempre acompañadas por hermosas flores de todos los colores, que dan vistosidad al recinto.

La calidez, el sobrecogimiento se palpan al hablar con las personas responsables de que este centro sea referencia mundial de divinidad. La entrega fervorosa de quienes cuidan con abnegación cada columna y cada detalle del santuario reflejan que al entrar a finca Betania se está en otra dimensión, lejos del caos de las ruidosas ciudades y del estrés de la rutina diaria.

La primera impresión es de asombro. Acostumbrados a vivir entre rejas, ninguna puerta impide el ingreso a la finca. Un gran arco blanco da la bienvenida a un lugar divino, para toda aquella persona deseosa de paz. Una sola frase ubica al visitante en la dimensión histórica que tiene este espacio. “Desde 1976 experimentamos en este lugar bendito una protección muy especial de la Virgen María”.

Con solo pasar por esa estructura cambia la percepción geográfica del visitante. Atrás quedaron las imágenes de una comunidad humilde, sumergida en sus propias necesidades, que se desarrolla a la par del recinto de oración y peregrinación, para ingresar a un lugar de encuentro, de recogimiento, bañado por la sencillez y la calidez que brinda la propia naturaleza, gran protagonista, después de la Virgen de Betania.

No es fácil llegar. Su ida se convierte casi en el pago de una promesa, por la falta de señalizaciones sobre este sagrado sitio. El santuario de María Virgen y Madre reconciliadora de todos los pueblos y naciones está ubicado a casi dos horas de Caracas, cuando el viaje se realiza en carro particular, pero puede ser más largo y penoso cuando se depende del transporte público de la zona.

Anclado en el kilómetro 11 de la carretera nacional Cúa-San Casimiro, en el estado Miranda, pocas son las señalizaciones que ubican al visitante. El nativo de la zona responde, casi de manera autómata: “En la pasarela a la izquierda”. Esa es la principal seña, y quizás la única, para el que no conoce. Una ruta de camionetas llega al lugar, se toman en el terminal de Charallave, ubicado al frente de la salida sur del tren.

“Están en condiciones deplorables, hay que esperar que se llene para que arranquen, bajo el calor intenso, a veces hasta una hora, para luego seguir a Betania. La semana pasada robaron a tres personas en la camionetica, a punta de pistola”, se quejaba una devota que tiene más de 30 años visitando la finca.

“No es posible que en este tiempo no hayan creado una ruta que venga al santuario. Metieron la ruta del metrobús y no tiene parada aquí. Yo vengo de Los Teques, salí de mi casa a las ocho de la mañana y llegué a las 11 y 30. El que visita Betania es porque en verdad desea ver a la Virgen”, finaliza Eugenia Ramos, quien es fiel devota de la madre de Jesús, testigo de los milagros obrados en este recinto de oración, durante los últimos años.

“Mujeres levantadas de sillas de rueda, hombres cayendo de rodillas ante la maravillosa presencia de la Virgen, personas que con solo llegar y tocar a María Esperanza Bianchini se curaban”, son algunos de los hechos inexplicables ocurridos en este lugar bendito.

Al ingresar al santuario una gran pared da la bienvenida al recién llegado. Miles de placas y diversos detalles dan muestra de la devoción hacia la Virgen, que convulsionó la comunidad de Cúa con su presencia desde 1976, cuando María Esperanza Medrano de Bianchini la vio por primera vez, sobre la gruta donde hoy se encuentra la estatua de mármol, traída de Carrara, Italia, y dispuesta en el santuario desde el año 2009.

“Virgen de Betania gracias por dar luz a mi vida”, “Gracias madre por hacerte eco de mis súplicas”, “Madre santísima mil gracias te doy por no haberme abandonado en mis momentos difíciles y por todo losfavores concedidos”, son algunas de las sentidas frases leídas en las miles de placas que reposan en la pared.

Unas muy vistosas, y otras muy humildes, pero todas denotan el mismo fervor y la pasión hacia la Virgen María. La fe se palpa en cada sencillo objeto que pretende dejar constancia del milagro obrado. Placas no es lo único dejado en este espacio, de aproximadamente 30 metros, también se aprecian escarpines de bebés, charreteras militares, birretes de graduandos.

“Esa pared la hemos vaciado más de tres veces, y siempre está igual, full de cosas, de dádivas a la Virgen, que con el tiempo se deterioran y se retiran. El metal se oxida y se abomba”, explica María Ramírez, integrante de la Fundación Betania, organismo que regenta junto con la Diócesis de Los Teques, la finca, donde se encuentra anclado el santuario, lugar decretado en el 2005 patrimonio arquitectónico, histórico y cultural de Miranda.

La finca Betania fue comprada entre tres socios en 1973, entre ellos la familia Medrano Bianchini. La intención única: complacer las exigencias de la Virgen, peticiones dadas a María Esperanza Medrano, quien desde niña sintió comunicaciones extraordinarias, místicas. Ella era la responsable de encontrar en Venezuela “una nueva tierra de oración, donde pueblo e Iglesia trabajaran juntos por la unidad del género humano”.

“Durante años mi mamá estuvo buscando esta tierra. La Virgen le dio varias señales para que la reconociera. Le dijo que estaría atravesada por un río, que sería como el Jordán, donde las personas atravesarían y dejarían todos sus problemas para ingresar a este pedacito de cielo que sería Betania; que sería una tierra dulce; tendría una vieja casa; un trapiche y; —el principal signo— que en esa tierra habría una gruta, donde ella se haría presente”, dijo María Esperanza Bianchini, hija de la vidente.

El terreno de 200 hectáreas era propiedad de un abogado evangélico, y en su finca tenía como una represa en el río, donde bautizaba a los creyentes. El terreno era fértil para la cosecha del cacao y la caña de azúcar. Tres años después de la adquisición de la finca, la Virgen cumplió su palabra, se le presentó a María Esperanza, en medio de la gruta.

La hija de la Sierva del Señor recuerda que en ese momento residían en Italia, porque la abuela paterna estaba muy enferma. “Ella nos dijo: La Virgen va a aparecer, tengo que viajar. Nosotros nos quedamos, teníamos escuela y era más difícil”.

La mujer llegó a Betania en compañía de 80 personas, que integraban su grupo de oración, cada uno de ellos vivió los “fenómenos concomitantes: luces de colores, aroma intenso de flores, sonido de coral, el agua de la gruta sabía a rosas, el sol no lastimaba tus ojos y veías figuras azules”. La única persona que vio a la Virgen, la tarde del 25 de marzo de 1976, fue la mujer de 47 años, ese día vio su promesa cumplida.

Desde ese momento el santuario, que había sido levantado con las propias manos de los familiares y amigos de María Esperanza, comenzó a ser el centro de peregrinación por excelencia en el centro del país. En medio del espacio sagrado fue levantada una capilla, “que está llamada a convertirse en Basílica, con el favor de Dios”, donde los peregrinos y visitantes rinden tributo a la Madre de Jesús.

La imagen de la Virgen fue depositada en una hermosa gruta, en medio de la montaña, muy cerca de donde se presentó por primera vez, y muchas veces posteriores. En época de lluvia atraviesa la gruta el río, que en una oportunidad fue una vigorosa cascada. Uno de los hechos que marcó el reconocimiento de la Santa Sede de este santuario como centro de peregrinación fue la aparición del 25 de marzo de 1984, donde la Virgen se le presentó a un grupo de más de 100 personas, que no daba crédito a lo que veían sus ojos, justo el día que se celebraban ocho años de su primera aparición.
Fueron siete presentaciones en un lapso de tres horas, que provocaron escenas de llanto, abrazos, hombres rendidos al poder de Dios. Devotos y simples visitantes dieron fe de la maravilla vivida ese día en Betania. Ésta fue la cuarta aparición del siglo XX validada por el Vaticano como “auténtica, sobrenatural y de origen divino”, de 700 anunciadas durante este período.

“Al pie de la cascada, había un gran árbol al lado. La Virgen era una figura blanca, tenía una cinta azul, tenía como puros rayos, como pequeños luceros. La primera imagen que vi fue a la Virgen con los brazos extendidos y como un haz de luz que salía de su mano. Desapareció y, de repente, se formó como una neblina espesa y se volvía a presentar, más nítida, maciza. Nadie estaba bajo la influencia de nada, todos estábamos muertos de sed, pero eso no importaba. Sentí un olor a rosas muy fuerte, como si nos colocaran un extracto de flores en la nariz”, recuerda con gran emoción María Esperanza, quien tenía 25 años cuando tuvo el privilegio de presenciar una de las apariciones físicas de la Virgen María en Betania.
Con la muerte de Bianchini y el proceso de beatificación en puertas, la gente sigue el recorrido a la gruta, depositando su fe en la Santa Virgen, esperando que obre el milagro, sin importar el cansancio o el olvido de las propias autoridades. La paz y el regocijo que impera en el lugar hacen olvidar cualquier sacrificio.

Todo es válido por un poco de serenidad.

 

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