Carta abierta al pueblo venezolano: ¿POR QUÉ LO PERMITIMOS…? (lee y difunde)

DolarToday / Oct 2, 2015 @ 9:00 pm

Carta abierta al pueblo venezolano: ¿POR QUÉ LO PERMITIMOS…? (lee y difunde)
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¿Cómo fue que le permitimos a un conciudadano que nos tildase de apátridas, de escuálidos, sólo porque él en ése entonces ocupaba la presidencia de Venezuela, cómo fue que quedamos paralizados cuando nos despacho de nuestro propio país porque le éramos incómodos para su proyecto de destrucción, cómo pudo permitirse tal presidente, no estar a nuestro servicio y olvidarse de gobernar para todos, de beneficiar su círculo y de crear una élite corrupta jamás antes vista en Venezuela?

Su doble discurso estaba diseñado y estudiado para confundir y desorientar. Qué memoria deshonrosa tiene ese presidente venezolano por haber dividido el Pueblo, de haberse jactado de la Constitución y de violarla a su conveniencia.

Si en algo fallamos fue en ingenuidad y en no haber hecho un frente filosófico compacto para desmentir su maquiavélica ideología. Nos envolvió con la palabra “humanista”, precisamente uno que dio un golpe de estado para hacer prevalecer su visión personal que no trajo progreso ni bienestar social; decía orgullosamente de otorgarle poder al Pueblo, de trabajar por los más pobres, pero su mala política nos ha llevado a un empobrecimiento generalizado, a una deuda externa sin precedentes.

En Venezuela, 15 años después de éste ensayo, un número mayor de pobres vive en barrios, dicho presidente prometió construir ciudades de avanzada, pero en el caminos se acordó sólo de invertir en armas de guerra para librar sus batalla mentales inventadas, cuando bien pudo recuperar efectivamente El Esequibo. Exasperó un nacionalismo pendejo contra los Estados Unidos, aliado y amigo para juntarse con lo peor de la política mundial. Tuvo el atrevimiento de profanar la tumba del Libertador y lo traicionó abrazando el Socialismo con tintes comunista, marxista y fascista. Tuvo la desfachatez de maltratar a sus conciudadanos, prefiriendo a extranjeros dóciles y oportunistas fieles peones de su malévolo proyecto. Exaltó una nación extranjera y vitoreó un bandera ajena. Quiso, cuál caudillo anacrónico, adoctrinar las nuevas generaciones, y derrocho nuestros recursos en vallas y pancartas, por puro narcisismo, pues presumía de lo que carecía.

Un día los venezolanos nos despertamos con un tirano en Miraflores y comenzó con los ojos abiertos la pero pesadilla que hoy nos sigue atormentando. Una élite resentida y sedienta de poder floreció cuales hongos a la sombra de su amparo. Surgieron las dinastías Chávez, Cabello y Maduro, despotricando de la clase media trabajadora que surgía por mérito propio, y la enfrentó en una diatriba intelectual contra la clase pobre, señalándolos como la causa de los males para sustentar la impunidad de su gobierno. Su “autocritica” fueron corticos lapsos de racionalidad, barridos tempestivamente por su reconcomio en contra del desarrollo sostenido.

La neurosis es contagiosa y los iguales se juntan. Así es como, ante la mastodóntica crisis nacional, el régimen continúa empecinado en negar la realidad de su fracaso: culpando, denigrando, saboteando y persiguiendo a los nuevos próceres de la democracia qué además de poseer una formación académicamente, están realmente comprometidos con el país, pues, por encima de un color, de un partido, de una ideología; lo que quieren es una Venezuela próspera que ofrezca oportunidades, que mejore la calidad de vida, y no quede todo en consignas populistas infectadas de demagogia para tapizar muros y crear la ilusión de la inclusión, excepto para los que disienten de un proyecto que invoca la muerte, que compra consciencias a punta de “misiones” que luego abandona pasados los comicios electorales.

El corazón de la “Revolución Bolivariana” es una descarada burla de la ingenuidad y nobleza de nuestro Pueblo, que hasta ahora no ha tenido la dicha de tener en la silla presidencial un servidor que lo respete, al que debe rendirle cuentas; que no olvide, dicho servidor, que su cargo está propenso a ser revocado, que recibe un buen salario pago por nosotros, que sepa que lo podemos botar cuando queramos, y que él no puede echar al Soberano. Ya un aberrado lo hizo de reciente, y eso no puede volver a suceder.

El régimen actual es un desgobierno, incapaz de generar un clima de serenidad; al contrario, es hábil para incentivar caos e intimidar. Los colectivos, las bandas criminales, los paramilitares son los frutos maduros de la triste involución que padece Venezuela.

Dos nefastos presidentes complacientes del régimen cubano han mancillado nuestra soberanía. No merecen respeto sino repudio nacional por haber jugado con nuestro destino, y por haber desgarrado la Patria corrompiendo ideológicamente a los militares.

Venezolanos: la verdad es la realidad, no el cuento oficial de los habitantes de la Casona, o del usurpador de Miraflores; la realidad es la que vivimos a diario, la de las colas, los racionamientos, de la inflación, de la inseguridad, de la escasez. Por eso no permitas más el engaño ni más embuste. Defiende tu Nación con tu intelecto. No te acalores. Empuña la razón y el sentido común. ¡Qué viva Venezuela!

 

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