Carta abierta de un joven venezolano al pueblo de Venezuela

@DolarToday / Nov 15, 2013 @ 7:00 pm

Carta abierta de un joven venezolano al pueblo de Venezuela

El día de ayer, a eso de las 5:00 de la madrugada, me tocó ir a la Jefatura de la parroquia El Recreo, municipio Libertador, para sacar una Carta de Residencia que le solicitaban a mi abuelo, un hombre justo de 83 años, como uno de los tantos requisitos que le piden en Cadivi para enviar Remesas a Familiares a un tío en España. Ahí empezó el mal sabor del día.

A pesar de que llegamos a las 5 de la mañana, siempre hay alguien que se levanta más temprano que tú, por lo que nunca serás el primero a la hora de tramitar cualquier documento en Venezuela. Así pues, notamos que ya estaba una dama esperando pacientemente por gestionar el mismo trámite que nosotros.

La gente empezó a llegar al sitio progresivamente, y a eso de las 6:15 de la mañana, se encontraban ya unas 20 personas, que por iniciativa propia, comenzaron a anotarse en una lista improvisada en un trozo de papel a modo de organizarse y obtener un lugar dentro de los 25 números que otorga diariamente la alcaldía para solicitar el tan buscado documento de residencia. Logramos anotarnos en nuestro segundo lugar.

A las 7:00 am llegó una Señora que trabaja allí, quien rato después, luego de barrer algunas hojas en la entrada y hablar otro rato por teléfono, comenzó a dar los números. Aquí no hay distinción alguna por edad. Mi abuelo, quién tuvo que levantarse a las 4:30 de la mañana, se mantenía allí, haciendo su cola, bajo una fría llovizna que no ayudaba mucho con su numerito en la mano, que gracias a Dios fue el segundo.

Finalmente a eso a de las 8:40, un joven muy amable, nos permitió entrar al recinto para protegernos de la lluvia, “pero sin subir”, palabras que expresó para que la multitud no se le ocurriera ir al segundo piso en donde se encuentra la oficina de la persona quién te recibe los 9 recaudos para sacar la preciada residencia.

Tenía un gran sentimiento de indignación al ver como todos los presentes, incluyéndonos, teníamos que dejarnos tratar como si hubiésemos hecho algo malo: “Ustedes, pónganse por allá!”, “¿Y usted para dónde va?”, “Aquí no entra nadie pa’ lo de Cadivi!”, eran algunas de la órdenes emitidas por la Sra., quién se enorgullece de tener 82 años y trabajar en esa jefatura.

A las 9:15 de la mañana y luego de 4 horas de larga espera madrugadora, estábamos saliendo con una sonrisa en la cara, puesto que nos aceptaron todos nuestros requisitos para esperar 8 días hábiles a que nos entreguen nuestra Carta de Residencia.

Pasó el día, y al final de la tarde, luego de cumplir con mis responsabilidades, respiro profundo, prendo mi carro y rezo para que nuestro Señor me colme de paciencia para enfrentar la larga cola que me espera desde La trinidad hasta Él Marques a las 6:00 de la tarde.

En dicho trayecto, me dispongo a ver el twitter y observo como todas las noticias hablan acerca de los temas en voga: El diputado 99, la “guerra económica”, las “medidas económicas” de Nicolás, los Saqueos institucionalizados, el mal comportamiento y desespero de los consumidores, (quienes se quejan por todo, algunoS en pro y otros en contra del gobierno, y sin embargo están allí haciendo sus interminables colas y recalcando que definitivamente “no hay nada más sabroso” que comprar aparatos electrónicos sustancialmente rebajados al estilo “capitalismo salvaje”), los opositores retuiteando @dolartoday con el exorbitante precio del dólar negro (Bs 68 y algunos lo venden hasta en Bs 80), los chavistas retuiteando @dolartoday y pidiendo a Nicolás que los eliminen de internet (como si pudieran llamar a Zuckenberg y decirle “Pana, bloquea ahí a los bichos estos que están haciendo guerra económica”), alguna que otra opinión de famosos escritores acerca del desastre económico y pare usted de contar. Y sin embargo, allí seguía yo, como un desquiciado frenético en estado maníaco, actualizando el twitter a ver si por alguna ayuda Divina, leía algo como: “Ahora sí explotó el peo”, o “Al fin la gente se arrechó”, o “Señores, tocamos fondo”, pero tal tweet o noticia, nunca apareció. Así que decidí acostarme y tratar de relajarme un poco, cosa bastante difícil si vives en esta ciudad. Hoy me despierto, y adivina que hice? Efectivamente volví a tomar mi celular a ver si por casualidad había sido un “mal sueño” y hoy por fin vería esa noticia que tanto esperaba: el punto de inflexión donde terminamos de caer, pero que después del coñazo, nos levantamos y volvemos a surgir. ¿Qué pasó? Nada.

Esta es mi eterna historia. Tengo 14 años esperando esa noticia, pero hoy entendí que nunca va a pasar. Entendí que, por lo menos en buen tiempo, hasta que todos estemos realmente jodidos, no entraremos en razón, y no haremos nada al respecto. Esa noticia no llegará…

Mi amado país, aquella Venezuela en la que nací y viví mis años de infancia (que ya estaba mal pero nunca como ahora), está totalmente perdida en algún de la inexistencia y jamás volverá. Es algo así como un barco que naufragó y se hunde hacia lo profundo del mar, pero resulta que ese mar no tiene fondo, es infinito, y pareciera que siempre se mantendrá en el hundimiento eterno…

Jonathan Paris Bercowsky

 

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