Carta de una venezolana que quiere volver.

ciceron / Apr 12, 2013 @ 9:08 am

Carta de una venezolana que quiere volver.

Hola soy Diana, soy venezolana, viví 33 años en mi país amado: Venezuela y llevo 4 años exiliada por voluntad propia en Estados Unidos.

Sí, soy caraqueña, como el Ávila y la plaza Altamira. He jugado perinola, bolas criollas, yoyo, papa caliente, he volado papagayos con mi hermano y mis primos en el patio de atrás de la casa de mis abuelos en El Paraíso.

Sí, también jugué a la botellita y me di mi primer beso en la Guaira. Amo una arepa de “domino” pero mi preferida es la “reina pepiada”, o pepeada, nunca sé… no me importa… Eso sí, solté una carcajada cuando me enteré de que existía “la pelúa”.

Soy contestona, terca, fanática de los Leones del Caracas pues, porque la primera vez que pisé el estadio fue con mi abuelo, que es mi ídolo y más nunca vi atrás, pero me vacilo los tambores de la Guaira y SIEMPRE chalequeo al magallanero cuando pierde, me encanta ver esa cara de picao de mi contrincante.

Crecí subiendo cerro hasta llegar a la Virgen y echar mi oracioncita. Sí, puedo ser considerada sifrina porque jugué tenis muchos años en el Country Club, pero aprendí en la Federación de Tenis de Santa Rosa de Lima con el profesor Blanco, quien era un morenito simpático además de fanático de su oficio. Mi primera raqueta me la regaló mi abuela, la sifrina, mientras que mi otra abuela, la doña Bárbara, nos daba mangueras para jugar los fines de semana en el jardín y nos decía: tranquilos, jueguen que todo se limpia o se seca después.

Sí, así crecí, entre lo profundo y lo profano, entre mi familia y mi otra familia: los amigos y la gente que, por suerte, ha trabajado con nosotros, en la casa o manejando el carro que nos llevaba y traía. Sí, eso es un privilegio, por eso nunca me lo he tomado a la ligera: Amado, nuestro conductor, ha ido a todas nuestras graduaciones, a todas nuestras hospitalizaciones, a los funerales y los nacimientos… Él es familia, María, Mina, Celia, Rosita, Alicia, ellos también son mi familia.

Porque chico (a), últimadamente, así SIEMPRE hemos sido los venezolanos.

Yo estudié en el Merici, pero de allí arranqué a estudiar en la Universidad Central de Venezuela. No me creo más ni menos venezolana que tú. Me gradué he hice pasantía en Maniapure, estado Bolívar. Dormí en chinchorro 6 meses; debajo del mismo techo que los profesores del Plan Bolívar 2000, los médicos y las bioanalistas y, aunque ya Hugo Chávez era presidente, nosotros no teníamos rivalidad y pasábamos el día trabajando, para el río en las tardes y parrilla, ron Santa Teresa, Polar y dominó el fin de semana.

Todos somos iguales, aunque ese no ha sido un mensaje claro en estos últimos años, yo quiero aprovechar para recordárselo a todos mis compatriotas. A todos nos gusta Simon Díaz, Yordano, Franco de Vita, Soledad Bravo, Chino y Nacho, y todos hemos bailado trancao con Oscar D’ León. A todos nos emociona ver a Galárraga, a Vizquel y a Dudamel. Y ¿qué me dicen de las misses? Es que no hay mujer más bella que la venezolana.

¿Y ese petróleo? Ese petróleo es DE TODOS, como deberían ser las misiones y la frontera.

Yo también perdí a Chávez: porque me di cuenta tarde que, en muchas cosas tenía razón, porque no supe votar por su constituyente. Duélale a quien le duela, esa Constitución es buena, en mi humilde opinión. La cosa es que se respete.

Lo que nunca he compartido es el discurso violento que nos ha separado, ese mismo que yo, en más de las ocasiones que quisiera admitir, he utilizado en contra del chavismo, de este gobierno que no da pie con bola.

¿Y saben qué? Yo quiero volver. Yo quiero manejar por Caracas y pegarle un grito al motorizado que se me atravesó. Yo quiero recibir flores de un carro a otro, enviada a través del pana de las rosas, que las vende poniendo la vida en peligro y que, a parte, también lanza su piropo.

Yo me quiero reír en voz alta y no estar volteando para atrás cada vez que entro por la puerta de mi edificio. Yo también quiero ir a playa Pantaleta, a Choroní y bailar tambores con esos morenazos y con las turistas alemanas.

Yo quiero todo eso y quiero volver a abrazar a mis amigos y ajenos cuando meten un jonrón los Leones en el estadio universitario. Yo quiero ir a Margarita en Semana sSanta y a Río Caribe en Carnaval. Así que yo voto el 14 de abril, voto por el cambio, voto por la unidad. Porque sueño con unirnos todos para reconstruir la tierra de gracia que gratuitamente se nos dio como terruño y que nunca nos ha fallado.

NOS VEMOS EL 14 DE ABRIL

 

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