Crónica de la decadencia y la humillante desesperación por comprar un electrodoméstico

@DolarToday / Dec 2, 2014 @ 7:00 am

Crónica de la decadencia y la humillante desesperación por comprar un electrodoméstico

El rumor corre como el viento, de boca en boca, tanto en barriadas humildes como en zonas residenciales de clase media, y muchos, cual si fuera una enfermedad contagiosa, dejan todo lo que están haciendo y se integran a la cacería feroz por adquirir un producto a “precio regulado” o a “precio justo”, principalmente ahora que viene la Navidad y la gente ha cobrado sus utilidades.

Así comienzan a llegar a diferentes tiendas donde se anuncian que ofrecerán electrodomésticos, ropa, calzado, pintura, cabilla, cemento, acumuladores, aceites, entre otros rubros a “precio justo” y como se anuncia que escasean los productos, la gente sale como loca desde la madrugada y comienzan a formarse en cola para esperar tener la suerte de poder irse a casa con algo en la mano.

Así está viviendo el venezolano. Es una escena que se vivió de manera súbita el año pasado y que ahora se está calcando este año.

Durante todo el año, el Sundde estuvo fiscalizando tiendas, comercios, empresas prestatarias de servicios o que ofertan bienes, principalmente cotejando costo de producción-margen de ganancia y de esas fiscalizaciones, donde participa, según Andrés Eloy Méndez, Superintendente de Precios Justos, “el Poder Popular”, se reactivó para fin de año la bajadera de precios en productos como televisores, equipos de sonido, lavadoras, microonda, neveras, acondicionadores de aire, entre otros similares.

No importa sol ni calor

En el Zulia, por ejemplo, el pueblo se volcó a las tiendas y no les ha importado dormir haciendo su cola para adquirir equis producto.

Cual si fueran a sacar un documento legal en el Saime, donde hay que madrugar, para al llegar a la sede, anotarse en una lista que lleva la misma gente para controlar que no hayan colados o amiguitos de funcionarios que se la den de “vivitos” y pasen sin hacer cola, así mismo ocurre frente a tiendas por departamento como el Traki de la avenida La Limpia, en Maracaibo, o el de El Milagro, o tiendas en centros comerciales de mayor “prestigio” donde la gente se organizó con la firme convicción de salir de ahí con algo para su casa. Se anotaron en su lista y se atornillaron en sus puestos hasta el punto de colgar chinchorros y armar carpas para no perder el cupito.

Ahí se observan guajiros, blancos, negros, índios, de todo. Muchos llevan a sus muchachitos de brazos buscando preferencia en las colas e igual son pitados por los que ya tienen un día ahí esperando. Nadie tiene preferencia, ni viejitos de la tercera edad, ni embarazadas, ni nada. “Esto no es banco, ni centro de beneficencia, haga todo el mundo su cola igualito. Las embarazadas que manden a sus maridos o sino que se calen su cola igual, no hay preferencia”, es lo que gritan los formados en la respectiva fila de gente.

El mismo escenario se observó en la Traki de la avenida El Milagro, pues el pasado martes se vendieron electrodomésticos adquiridos con dólares a precios preferenciales.

Esther Gollo es madre de dos niñas, vive a su vez con su mamá en una casa humilde del barrio Alberto Carnevalli, parroquia Raúl Leoni, al Oeste de Maracaibo. Ella llegó el miércoles a las 6.00 de la mañana al Traki de El Milagro y al llegar se sorprendió de ver hamacas colgadas en las cercanías, preguntó y le respondieron que estaban vendiendo productos “a precios de regalo” que se había acabado, pero que volverían a vender, por eso cada quien cuida su puesto.

“Si, en casa tenemos tres plasmas, pero quiero uno de 42” para la sala y si aquí los venden de aquí no me muevo hasta llevármelo, porque me dicen que los están regalando prácticamente (…) Tengo dinero como para comprarme uno –a precio justo, claro- y si tengo que dormir aquí, lo haré. Ahí vemos como nos turnamos, ahorita estoy yo, luego me voy a comer y mando a alguien de casa a que venga a sustituirme y así hace todo el mundo y compran”, explicó detalladamente Gollo cuando se le consultó sobre si permanecería en la cola del Traki de El Milagro.

Una convivencia popular

En las puertas de los almacenes se observan militares y milicianos. También policías custodiando el lugar y manteniendo el orden. Siempre llega algún “vivito” o algún “amigo” de esos que dicen: “Yo llegué ayer (…) fui a comer y regresé”, cosa que disgusta al que va atrás y al resto de los enfilados y entonces se forma la gran gritería y el despelote.

A los uniformados se les suma también un grupo de personas, en su mayoría camisa roja, chaleco tipo periodista color marrón o verde, gorra de la Superintendencia de Precios Justos. Son los fiscales del Sundde que están ahí para verificar que el vendedor no estafe al pueblo con los precios. Ahí también se forma la discusión entre el “chavista” y el “escuálido” culpándose entre sí por “tener que comprar en esas circunstancias”.

Los fiscales del Sundde verifican que los productos de la línea blanca, por ejemplo, que fueron adquiridos a través del Sicad I (12 bolívares) se vendan al público con un margen de ganancia adaptado a esa tasa.

También hay quienes venden los puestos en la cola. Aurelia Tarazón, expresó que cuando llegó tenía como 300 personas por delante, pero el número 100 de la cola pretendió venderle el puesto: “En 400 o 600 y hasta más caro te venden el puesto. Yo me horroricé, le dije que todavía si fuera el número cinco, pero era el cien. Es impresionante todo lo que hace la gente por dinero”, comentó la señora como de unos 58 años.

La otra cara del asunto

En centros comerciales de mayor “prestigio” se observan también enormes colas de personas de clase media buscando ropa, calzado y electrodomésticos, pero paradójicamente las vitrinas de las tiendas y sus anaqueles se observan vacíos casi en su totalidad, pero ellos firmes en su cola con la esperanza de que llegue el producto, o que llegue el fiscal que haga que los dueños saquen el producto que según ellos, tienen acaparado.

Así está el nivel de compra del ciudadano de Venezuela. Es una realidad innegable en cuyas imágenes se muestra el modus vivendi de la nueva Venezuela y todavía no ha llegado diciembre y todo lo que trae consigo: Compra de alimentos, ingredientes para hallacas, pan de jamón, pavo, dulces y otros platos típicos de la época. Arbolitos de navidad, adornos, bombillitos, juguetes para los “Niños Jesús” de este año, así como las pinturas y otras “menudencias” para poner la casa “pepito” para esperar la Nochebuena.

Reporte Confidencial

 

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