“Presidente (nos jodimos) la tendencia es Irreversible”, El delirio en el Ávila de Tibisay

DolarToday / Jul 31, 2015 @ 1:00 pm

“Presidente (nos jodimos) la tendencia es Irreversible”, El delirio en el Ávila de Tibisay

En su residencia al pie del Ávila (Warairarrepano, lo llama ella), lejos del Barquisimeto que la vio nacer, difusa la mirada entre las matas agobiadas de mangos, aturdida por pericos y cotorras, va cayendo la noche cuando Tibisay Lucena comienza a interpretar el violonchelo pensando quizás en la carrera abandonada por el jugoso peso de la cúpula electoral. Sólo el chelo es capaz de producir esa combinación de dulzura y gravedad y Tibisay se sumerge en la melodía cuando del misterio aparece el Comandante Supremo, en sol mayor.

Sobresaltada, sólo atina a expresar: “¿Qué es esto? ¿Qué sucede?” Chávez la tranquiliza, sonríe con amabilidad: “Cálmate, vine a visitarte”. Respira profundo: “¡Qué susto me dio, comandante!”.

Con cariño Chávez se interesa: “¿Cómo está la salud?”. “Bien gracias a Dios” y por si acaso la cellista toca madera. Chávez se explica “es que hubo muchos rumores”, ella le aclara “sí, Presidente, unos querían verme muerta y otros malévolos de la oposición se inventaron un cáncer pero sólo fue un lunar, ¡les hubiera visto la cara cuando supieron que estaba bien!”

Chávez se enseria, pero por otra preocupación: “¿cómo están las cosas? ¿Cómo las ves desde tu perspectiva?” Deja a un lado con delicadeza el violonchelo y responde: “le seré franca y muy sincera, la situación está muy complicada, se enmaraña mas y mas y a medida que pasa el tiempo se nos hace más difícil mantener a buen resguardo la revolución”. Y precisa: “muchas cosas se pueden hacer pero milagros no”. Continua Lucena, “recuerdo el 2013 cuando de vainita lo logramos porque el muchacho salió respondón pero después se asustó; si no se asusta, hubiéramos tenido serios problemas; pero funcionaron sus recordatorios, uniones y concordias”.

Chávez hace una pausa, se explica: “he visitado algunas personas”. Ella respira hondo, responde por lo bajo: “he escuchado esos runrunes, pero pensamos que eran cuentos de Bocaranda”.

Chávez no se deja apartar de lo que le interesa: “Lo que me dicen es alarmante, Tibisay, Nicolás no lo está haciendo nada bien”. Sube el timbre de voz y en tono tenso exclama: “¡tenemos que asegurar la revolución!”

“Le reitero, mi comandante, cosas podemos hacer y hacemos, ¡desde magia tradicional hasta electrónica y prestidigitación también!, pero milagros no”.

Chávez no se deja tentar, va a lo suyo: “¿qué dicen los estudios internos y confidenciales que sé que ustedes hacen ¿cómo se ve el panorama?” La jefa del CNE responde con conocimiento: “la verdad todo marchaba bien, nuestro siempre 60% se mantenía con pocos cambios. Se ganó el asunto de las guarimbas, la salida y transición quedaron en nada, la cacareada renuncia de Maduro y todas aquellos caprichos fracasaron, gracias a la actitud contundente del gobierno y por supuesto, a los líderes serios de la oposición que no apoyaron esa chifladura”.

Lucena no se detiene, conoce el tema: “Cuando comenzó lo de la guerra económica y el Presidente Maduro se proclamó jefe y comandante máximo contra ella en ofensiva permanente, hubo un repunte importante en las encuestas a favor del gobierno y del Psuv; lo malo fue que eso funcionó pero el Gobierno no, y por el categórico y evidente fracaso de la acción presidencial, los números se nos caen tanto, que hoy Maduro y la revolución están en condiciones muy precarias, en un contexto de adiós y que te vaya bien”.

Interrumpe molesto Chávez: “¡cónchale es que a Nicolás le gusta meterse en cualquier pelea pero lo que no aprendió fue a ganarlas como yo!”

Lucena no suelta la cuerda: “hay un repunte para los opositores que es muy preocupante, se aprovechan de la situación crítica en lo social, de inseguridad y especialmente en lo económico”. Toma un sorbo de agua fresca y prosigue: “los escuálidos realizaron sus primarias con nosotros y les quedaron buenas, pero inmediatamente impusimos la paridad de género para entorpecerles las postulaciones, -¡y quién se lo iba a imaginar!- algunos cometieron la estupidez de criticarla con fiereza y para completar la bobería, impusieron a unos extraños y paracaidistas en algunos estados y eso los perjudicó tanto que estamos otra vez cerca de nuestro 60%”.

Interrumpe el Comandante: “¿y no van a aplicar el artículo 188 de la Constitución?” Tibisay con prudencia contesta: “bueno, usted sabe que el PSUV también tiene sus gazapos”
Continua y añade Tibisay con un dejo de vanidad: “hicimos las primarias del PSUV y quedaron magnificas, y con una asistencia record nunca vista, ¿eso indica algo, no le parece?”. Pero Chávez se aburre, Lucena le dice poco nuevo, quiere cambiar la conversa y exclama “a mí lo que me preocupan son los errores, le pasa cada día a Nicolás, como en Panamá y hace unos días en Brasilia”. Hace una pausa, suspira, murmura: “y creo que le seguirá pasando”.

Lucena, con la confianza de haber sido reforzada en el poder electoral sin consenso –aparente- de algunos opositores, siente y percibe la angustia del comandante en jefe y comienza suave, casi maternal: “mi siempre amigo te siento intranquilo y nervioso por el futuro de la revolución, te fuiste pero nos dejaste para protegerla y así lo haremos. Pero ten en cuenta que esto no está fácil, todos los días se complica más porque nunca sabemos qué esperar de Maduro, pero le aseguro, Presidente, que todo está programado y proyectado en fórmulas matemáticas complejas y complicadas para que al final nunca sea menos de 85, jamás superior a 67 y con un máximo error de 15”.

El presidente se tranquiliza, alza la mirada a la amiga y ruega un cafecito. La respuesta es inmediata: “Con mucho gusto, ya se lo traigo, ¿cómo lo desea, guayoyo, marrón, o con leche?” Chávez mueve la cabeza, se sorprende: “con algo de leche sería ideal pero… ¿tienes café y también leche?” La violonchelista responde con seguridad: “claro, ¡y bastante!, ¿por qué pregunta?”. Chávez señala “porque me dicen que no hay”. Lucena, toma confianza y explica: “sí, pero eso es para los demás, no para nosotros”.

El comandante la sigue en su camino a la cocina y mientras avanzan retoma el tema motivo no solamente de la visita sino de la preocupación que lo embarga y pregunta: “¿Tibisay, cómo va la observación internacional? ¿Qué pasa si la oposición no reconoce y se pone cómica?”

Mientras pone la greca sobre la hornilla, Lucena le rinde cuentas: “ya están invitados los amigos observadores de Mercosur, gobiernos, parlamentarios de confianza y ningún otro y como dijo ayer en la ONU el presidente Maduro: “Venezuela no es monitoreada ni será monitoreada por nadie”; y por lo otro: “no se preocupe, recuerde lo que digo como vocera del poder electoral: la novedad es que no hay novedades”.

El proceso de café a la italiana se calienta; Tibisay, clara en sus percepciones, continúa: “no lo han hecho en tantas elecciones, no lo harán ahora, además están satisfechos con sus curules. Los que pueden echar lavativa están controlados y fuera del juego hace tiempo, los que van apareciendo los inhabilitamos. Los que de verdad saben del tema electoral escriben alertas y advertencias desesperadas por twitter y otros medios pero los jefes formales opositores ni caso les hacen, por el contrario los amonestan y descalifican. La oposición juiciosa y democrática se la pasa diciendo que están blindados y lo que hago es reírme a carcajadas, blindados estamos nosotros”.

Chávez sigue preocupado aunque el olor del café que empieza a elevarse lo apacigua, pero advierte a la profesora de música “acuérdate que ya no estoy con ustedes y si los escuálidos manifiestan algo, sería una hecatombe para la revolución y mi legado”.

La Sra. Lucena pone a calentar algo de leche mientras lo tranquiliza: “mi querido, eterno comandante, no tiene por qué inquietarse, algunos adversarios son beneficiosos, y aunque nunca han firmado un reconocimiento previo público de aceptar los resultados, en privado legalizan cuanta acta les ponemos por delante, protestan con dos o tres declaraciones cuando damos prórroga para continuar votando, pero no mucho más”.

El café bulle con alegría, la señora Lucena lo sirve con precisión en una taza de porcelana china, apaga la hornilla, echa la leche caliente y después una cucharada de azúcar –que también tiene en abundancia-, revuelve con una resplandeciente cucharilla de plata, entrega la tacita humeante al comandante, y sigue: “igual pasa cuando redujimos el período de inscripciones del registro electoral permanente, igual con los cambios de residencia, migraciones de lectores fuera de lapso y transferencias de diputados como en Baruta para dárselo a los Valles del Tuy. El protector de Miranda lo necesita, ¿no le parece?”.

Sonríe halagada, es obvio que a Chávez le gusta el café, y continúa con innegable aplomo pedagógico: “nos hacemos los locos cuando se usan y abusan en proselitismo político los bienes oficiales en las diversas campañas electorales, se incrementan las misiones, no se depura el registro electoral, se da el voto asistido y tenemos en reserva unos cuantos cientos de miles por si acaso son requeridos, no consentimos auditorías en el registro de huellas y cuadernos, los representantes de los contrincantes no son tan activos y eficientes como ellos se creen, son más bien de poca iniciativa y flojones, y cuando no tienen que irse a la playa, se van a Miami, Disneyworld, Aruba, que está a un brinquito de aquí; en cambio nosotros, como usted muy bien nos enseñó, trabajamos día y noche sin descanso para mantener la revolución, y sólo viajamos en comisiones cuando nos pagan gastos y pasaje, y eso no es en cada fin de semana largo”.

Chávez termina su cafecito mucho más tranquilo y sereno, percibe que la dama tiene todo en orden y bajo control, pregunta por no dejar “¿y acaso a ellos no les importa el costo del dólar ése que Dólar Today aumenta todos los días?” La doña contesta con picardía: “escuálidos y enchufados están llenos de verdes y les importa muy poco cuánto cuesta, ellos vienen ahorrando desde la cuarta república y en la quinta también”.

“¿Ahorrando?”, exclama Chávez. “Sí presidente”, replica Tibisay “como hacen ahora muchos “y que” revolucionarios, pero no en dólares -al imperio ni agua- sino, en rublos rusos y bielorrusos, riales iraníes, yuanes y hasta euros”.

Chávez, no experto en economía, aunque algo ha aprendido y entiende más que Maduro, lo cual no es difícil, recuerda aquellas palabras ya tradicionales de Lucena después de cada proceso electoral: “hemos culminado una página brillante dentro de la democracia venezolana (….); y después un piropo para la galería: “Queremos destacar la labor de las organizaciones políticas durante todo este proceso, no solamente el día de hoy (…) que nos acompañan siempre acudiendo al llamado del CNE a la verificación, la revisión , chequeo y auditorias de las listas, lo que nos da seguridad y confianza en el sistema electoral”. Y remata con la estocada final: “sólo se emitirán los resultados cuando la tendencia sea irreversible”.

Lucena, con su voz que no es de chelo, se siente obligada a machacar sus advertencias al comandante se acuerda y lo felicita por su cumpleaños 61 y opina: “pero no olvide, comandante, si Maduro, su Gobierno y el oficialismo no se ponen las pilas y comienzan a rectificar con urgencia los errores económicos, a combatir la escasez y el desabastecimiento, la inseguridad, la corrupción y dejar de pelearse con medio mundo, no tendrán alternativa: o le declaran la guerra a alguien y suspenden las elecciones, o gana la oposición y ésa Presidente, parece tendencia irreversible”.

De repente Tibisay se siente sola cuando se posa en el balcón un pajarito Pitangus Sulphuratus mejor conocido por su canto como Cristofué. Se frota los ojos, se siente agotada, olvida el chelo y mira con melancolía hacia la noche caraqueña.

Alfredo Martini | Twitter: @ArmandoMartini

Fuente: Runrunes

 

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