DESAPARICIONES FORZADAS EN VENEZUELA: La desgarradora historia de una madre en búsqueda de su hijo desaparecido por organismos de “seguridad” del estado

@DolarToday / Aug 22, 2015 @ 10:00 am

DESAPARICIONES FORZADAS EN VENEZUELA: La desgarradora historia de una madre en búsqueda de su hijo desaparecido por organismos de “seguridad” del estado
Imagen de archivo

A continuación el calvario que ha tenido que atravesar una madre venezolana ante la desaparición forzada de
su hijo por parte de cuerpos de seguridad del estado. Casos como este son cada vez más frecuentes en nuestro país.

Joshep Joel Hernández, quizás su nombre en un principio no les dice
nada más allá, pero para mí lo es todo. Él era el segundo de mis
hijos. Sin embargo, hoy forma parte de una estadística, un número
difícil y doloroso. Una cifra, uno de tantos desaparecidos que hay en
Venezuela.

A pesar de todo, era mi mejor hijo. Él era un joven de 19 años,
tenía un año graduado de Bachiller en el Colegio Unidad Educativa
Anzoátegui ubicado en El Paraíso. En una oportunidad, abandonó sus
estudios regulares para ponerse a trabajar en una frutería en El
Paraíso. Nos sorprendió con la noticia que su novia de siempre, la
que tenía desde el colegio, cuando estaban en 4to año del Ciclo
Diversificado salió embarazada y él quería cumplir con el
compromiso de ser padre de una niña llamada “Kamila”, quien hoy
tiene 5 años.

La relación entre él y la mamá de Kamila se terminó y el tomó la
decisión de irse a Cumaná a estudiar Derecho en una nueva sección
que abriría la UNNMA.

En diciembre de 2011 se traslada a Caracas a comprar ropa y estar unos
días con su abuela, quien vive en la Av. José Ángel Lamas sector
“Los Bueyes”. Mi hijo tenía 7 meses de haber llegado de Cumaná
directo a la casa de su abuela, ya que la casa materna no le sentaba
bien por los recuerdos de su papá, quien fue -además de un excelente
padre-, un insigne y honrado Oficial egresado del IUPM y, uno de los
fundadores de la Policía del Estado Vargas.

En esos 7 meses, él me ayudaba a gerenciar una pequeña cooperativa
de turismo que manejaba como un negocio familiar. Él llevaba los
pagos, hacia los depósitos, se entrevistaba con el personal. Nos
ayudábamos mutuamente.

Tenía una gran sonrisa. Mi hijo era cariñoso, alegre muy querido por
toda la familia y allegados.

Pero su sonrisa se esfumó. Él desapareció el 21 de agosto del 2012,
aproximadamente entre las 9:30 a 10:30 p.m. Esa noche no llegó a
dormir y su abuela me llama el día siguiente para decirme que Joseph
no volvió. Desde ese momento comenzó mi odisea. Comencé la
búsqueda en hospitales, morgues de todos los estados, a pegar afiches
por toda Caracas, Valencia, Cumaná, Maracay, Miranda. De pronto, un
primo de mi hijo junto con una vecina de su abuela manifestaron que
él había bajado a comprar pan a la Avenida San Martín, en
compañía de otro joven, Yeinderson Gutiérrez, quien también fue
desaparecido, dicen los vecinos que bajaron en una moto.

Inicié mi búsqueda y a preguntar por la Av. San Martín, donde esta
una panadería adyacente al Farmatodo. Allí me informaron que por los
lados de la Maternidad Concepción Palacios, había ocurrido un hecho
donde, presuntamente, se escucharon unas detonaciones por arma de
fuego. Caminé toda la parte posterior a la emergencia de la
Maternidad, desde el Mercado pasando por el IUTON hasta llegar a la
emergencia de ese centro asistencial. Consulté a los comerciantes
informales que hacen vida comercial nocturna y, efectivamente, me
afirmaron que sí había ocurrido algo con unos carros y una pareja a
bordo de una moto. Posteriormente, logro hablar con una persona que
presenció muy cerca lo que aparentemente, había sucedido. Me
comentó que vio una camioneta que envistió a una pareja que iba a
bordo de una moto. Luego, se bajaron unas personas y los obligaron a
montarse dentro de la camioneta y de allí, se baja uno de los
funcionaros, agarra la moto y emprende veloz huida detrás de la
camioneta y otros vehículos.

Me dirigí en dos oportunidades al CICPC a formular la respectiva
denuncia y no me la aceptaban, alegaban que mi hijo tenía muy poco
tiempo desaparecido. Nunca deje de buscar a mi hijo, solo que ahora
considero, no lo estaba haciendo en el lugar correcto.

Recibí mensajes supuestamente de mi hijo, hasta el día 29 de agosto,
eran confusos con palabras que no utilizaba mi hijo. Lo conozco.
Apenas conversaba con él lo primero que hacía era pedirme la
bendición. Mi respuesta fue: “¡Tú no eres mi hijo!”.

Pero todo cambió, puesto que en septiembre de 2012, aproximadamente a
las 11:00 a.m. o 12.00 m., recibo una llamada a mi celular de un
hombre quien en principio, se identificó como un funcionario del
CICPC de Parque Carabobo, un funcionario que había subido al piso 8,
donde funciona la División de Extorsión y Secuestro. Me realizó una
serie de preguntas, las cuales eran ciertas, una de ellas era si yo
tenía un familiar desaparecido, le dije que sí, que era mi hijo.

Entonces este joven me narró como obtuvo mi teléfono, y que llamaba
por humanidad, ya que mi hijo le había dado mi número en un descuido
de los funcionarios. Relató que él mismo había visto como los
torturaban tanto a mi hijo como a otro joven. Agregó que estaban muy
delgados y que había escuchado que los iban a matar.

A partir de estas llamadas comencé a construir un caso. Me convertí
en una madre que busca a su hijo con desesperación. Formulé mi
denuncia al Ministerio Público y consigné ciertos elementos de
convicción que hacían presumir que había ocurrido una desaparición
forzada.

Agoté todas las instancias, realicé cuanta diligencia se me
ocurría, colaboré 100% con la Unidad de Criminalística, a la cual
le estoy muy agradecida y elevo un saludo al investigador Arnaldo
Quintero, quien fue tenaz, certero y comprometido con su trabajo.
Pero, ¿qué perseguía? Mi objetivo desde el principio, ha sido
obtener la verdad. Y hoy, más que nunca, que se cumplen tres años de
la desaparición forzada de Joshep y que además, próximamente, el 30
de este mes será el Día de las Víctimas de Desaparición Forzada de
acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), elevo mi voz
exigiendo la verdad, pidiendo justicia. Al igual que muchas madres
venezolanas, estoy agotada de tanta impunidad.

Por supuesto, que hay un antes y después, luego de la desaparición
forzada de mi hijo, por parte de funcionarios del CICPC. Mi hijo
desapareció en extrañas circunstancias y con muchas irregularidades
por parte de personas garantes de la seguridad de los ciudadanos.
Como madre y víctima directa necesito saber la verdad, tengo derecho
a saber que pasó, por que pasó. Si mi hijo estaba siendo investigado
o estaba cometiendo algún delito no me dieron tiempo de saberlo, de
poderlo ayudar pero, sobre todas las cosas de él defenderse, de darle
un juicio justo, un debido proceso. No se puede tomar la justicia por
sus propias manos, todos somos inocentes hasta que se pruebe lo
contrario, eso lo estipula nuestra Constitución.

¿Qué si sigo creyendo en la justicia? Sí, sigo creyendo y tengo fe
que este sistema de justicia hará lo propio: ejercer la acción
penal, castigar a los culpables sin mirar la envestidura. La justicia
tiene un pañuelo en los ojos en señal que el deber ser es la
imparcialidad, la igualdad y equidad. Yo confío en que esa justicia
llegará. Confió en la labor del Ministerio Público y de los
Fiscales que llevan el caso.

Quiero dejarles claro que mi hijo no es un número, no es una tasa ni
una estadística. Mi hijo es una historia real con nombre y apellido:
Joseph Joel Hernández Ortiz.

El dolor tiene la particularidad de cortarnos las alas e impedirnos
volar. Por mi parte, decidí continuar mi vuelo, puesto que represento
a una familia que aún lo espera, una familia llena de incertidumbre.
Joshep era mi hijo amado. Me atrevería a asegurar que el duelo más
doloroso es el de decir adiós a un hijo, es aterrador. Si eres padre
o madre entenderás aún más lo que digo, es un sentimiento que te
desgarra el alma todos los días.

Este 21-08-2015 se cumplen tres años que no está conmigo y siento un
dolor tan grande, que no lo puedo explicar con palabras. Mi corazón
cada vez se hace más pequeño y poco a poco siento cómo se va
desgarrando dentro de mí. Como quisiera saber dónde está para ir
corriendo y salvar su vida.

Como abogado alego que mi hijo fue desaparecido forzadamente,
violándose todos los derechos y garantías. Y este escrito no es solo
para contar la historia de mi hijo o mi desesperación como madre y
cabeza de familia. Esto lo hago para exigir justicia, para elevar mi
voz en representación de tantas madres, esposas, familias enteras que
dejaron de ver a su familiar, quien fue víctima de una desaparición
forzada. Las familias venezolanas no nos merecemos esto, las
estadísticas de este tipo de casos hablan por sí solas. Ayúdenme a
sensibilizar a la sociedad, esto puede pasarle a cualquiera. Ni un
desaparecido más en manos de cuerpos policiales del Estado.

Milagros Ortiz | milagros_ortiz2011@hotmail.com

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