¡DESGARRADORA REALIDAD! Madres venezolanas: “Prefiero a mi hijo lejos, pero vivo y con posibilidades”

DolarToday / Oct 5, 2014 @ 3:00 pm

¡DESGARRADORA REALIDAD! Madres venezolanas: “Prefiero a mi hijo lejos, pero vivo y con posibilidades”

Ellas quieren que sus hijos se vayan; que estén fuera del país: lejos, donde sea. Se las arreglarán para lidiar con la nostalgia. Quizá los verán un par de veces al año, no más (“porque además el rollo de las aerolíneas y la escasez de divisas, lo complica todo”).

Pero ellas –las madres venezolanas- así lo prefieren: que emigren porque –consideran- acá no tienen mucho futuro. Lo explican así: es mejor que estén en otro país, donde puedan surgir, porque acá no tienen seguridad y la crisis económica limita la posibilidad de que se establezcan con éxito, de crecer profesionalmente, de tener una familia, de emprender proyectos propios, de tener mejor calidad de vida. Y aunque dicen tener eso muy claro, cuando hablan del tema se les hace un nudo en la garganta que les imposibilita el habla.

“¿Tú crees que para una madre es fácil? Por instinto uno siempre los va a querer tener cerca. Pero lo prefiero lejos: lejos, vivo y con posibilidades”, dice Rosa, una mamá venezolana que, como muchas otras.

De acuerdo con el sociólogo Tomás Páez, profesor de la Universidad Central de Venezuela, las madres alientan a sus hijos para que se marchen del país.

-No solo ellas los apoyan: “También hay padres, abuelos, tíos, hermanos que los impulsan, que los ayudan a conseguir y considerar opciones”, agrega Páez.

Y eso- ese apoyo- es fundamental para tomar la decisión y realizar los trámites necesarios, sostiene Esther Bermúdez, directora de la página web mequieroir.com, portal que ofrece recomendaciones para quienes quieren emigrar y recoge testimonios de quienes ya se fueron. En lo que va de 2014, ya duplicó la cantidad de visitas registradas en años anteriores.

Páez participó, desde Venezuela, en un estudio recién concluido sobre la diáspora venezolana, llevado a cabo por académicos residenciados en distintos países. Asegura que la segunda fase de esa investigación –para la cual se encuentran buscando financiamiento- analizará las secuelas de la migración en las familias criollas: “No tenemos las estadísticas, porque no se han sistematizado.

Pero es una realidad: ahora, en las reuniones familiares, de eso es de lo que se habla. Queremos analizar el impacto en los que se quedan, en las madres (…) En este país la familia importa mucho, por ejemplo en Navidad; pero lo que está ocurriendo es que prefieren que las nuevas generaciones estén afuera y no aquí, sufriendo al país”.

La mirada afuera

A Simón -de 18 años, graduado de bachiller en julio pasado- lo convencieron en su casa de que lo mejor era sumarse a la diáspora, y no ingresar a una universidad venezolana. Sus padres, su hermana y sus tíos le recomendaron que se fuera al exterior, a estudiar “lo que sea” o a trabajar “de lo que sea”. “Ya lo había pensado, pero es difícil. Mi mamá me dijo: ‘Vete. Fuera estarás mejor´.

Ella me está ayudando a arreglar algunas cosas”. Argentina, Colombia y Costa Rica son las opciones. Ángel, su amigo del liceo, está por irse a Estados Unidos a estudiar inglés. Su partida implica que su mamá se quedará sola: “Vivimos nosotros dos solos. Pero ella me ha apoyado porque quiere que me vaya. Los demás de mi familia también aplaudieron la decisión y me han dado la mano en los momentos más difíciles”.

De acuerdo con un estudio de Datanálisis, de agosto pasado, diez de cada cien venezolanos se encuentran, como Simón y Ángel, poniendo los papeles en orden para marcharse. Y algunos, también como Simón y Ángel, quizás cuenten – estima el experto Páez- con el apoyo de sus familiares.

Y quizá muchos sean, como ellos, unos chamos.
Eso se puede deducir a la luz de dos encuestas de juventud realizadas el año pasado. Una, del Ministerio de Juventud, señala que de cada 100 jóvenes, 23 tenían expectativa de migrar al terminar los estudios; la otra, de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), reporta que son 27 de cada 100 los que quieren mudarse del país.

Lo que observa Bermúdez en su portal es que la mayoría de quienes emigran comienzan a hacerlo a partir de los 20 años.

Eso –que sean chamos, que las madres los apoyen-, encierra una paradoja. Las cuentas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) indican que 65.5% de la población tiene entre 15 y 68 años; es decir, la mayoría de los venezolanos están en edad para trabajar, lo que significa, explican los expertos, un “bono demográfico”.

Pero ese potencial se va. Muchos con un título bajo el brazo, según reveló la investigación en la que participó Páez y de acuerdo con el perfil que dibuja Bermúdez: “Son competitivos en los mercados laborales internacionales”.

Rosa lo reitera: “Aquí podrían tener muchas oportunidades, rescatar el país; pero se van porque acá las expectativas de encontrar empleo, de vivir bien, cada vez se achican más, por el tema político que termina siendo económico también”.

Razones de sobra

Durante la primera década de este siglo, cuando el país creció económicamente –producto de los altos precios del precio del petróleo-, se fueron más venezolanos que antes, analiza en un artículo Anitza Freites, demógrafa del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Ucab. ¿Las razones? El contexto de polarización política de esos años y el aumento de la inseguridad.

Por eso el país dejó de ser atractivo para recibir inmigrantes: “Hay razones para suponer que es poco probable que las dos olas migratorias que conoció Venezuela en los años 50 y 70 vuelvan a reeditarse, porque el período de bonanza no ha sido acompañado por un clima de convivencia política y de seguridad”.

Los motivos de los chamos para migrar, en esta segunda década, son diferentes: los consultados por la Ucab, en los tres grupos etarios (entre 15 y 29) que desagrega el estudio, declaran que se irían para mejorar económicamente.

Eso también lo ha observado Bermúdez: “Muchos de nuestros usuarios basan su decisión en noticias y hechos concretos del acontecer nacional, como la crisis económica (…) por muy coyuntural que parezca. La necesidad de buscar un nuevo hogar fuera de las fronteras del país responde a una crisis estructural: los que toman la decisión lo hacen por la no visualización de un futuro promisorio”. Por eso a los especialistas les parece lógico que los familiares los apoyen: piensan que afuera estarán mejor y, como son jóvenes, podrán establecerse.

Despedidas

Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Hay caras largas, hay lágrimas a punto de desbordarse por las mejillas. Hay silencio, hay abrazos, hay más abrazos, y unos carteles: “Te extrañaremos”, “El país va a cambiar y volverás”.

Esa escena, referida por el terapeuta familiar Oscar Misle en su blog, es recurrente. Pero ese clima de aflicción no implica menos apoyo a quien está a punto de abordar. Lo que evidencian los rostros compungidos, el llanto, el silencio, los afectos, las pancartas, es algo obvio: que la familia queda afectada. Porque en el fondo sería mejor que los que se van se quedaran.

“Son familias quebrantadas y la herida de sus integrantes es permanente y acumulativa por la tensión que produce el distanciamiento”, explica una nota publicada por la Revista Científica Electrónica de Psicología. Es una crisis, agrega el sitio especializado.

Bermúdez también lo observa:“Los padres apoyan la decisión de migrar, pero siempre existe una paradoja: apoyo y alegría de los miembros de la familia por la oportunidad que tienen quienes emigran de emprender una vida mejor, pero también tristeza por la separación y algo de miedo por lo que les deparará el futuro”.

Entonces buscan formas de engañar a la nostalgia. “Nos comunicaremos por las redes sociales, veremos los partidos de la vinotinto juntos, por Skype. En Navidad recibiremos el año así. Todo lo que sea necesario para estar juntos en tiempo real. O bueno, al menos que parezca”, dice Simón.

Fuente: El Tiempo

 

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