Desoladora semejanza entre Cuba y Venezuela: desabastecimiento, corrupción y tiranía

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Desoladora semejanza entre Cuba y Venezuela: desabastecimiento, corrupción y tiranía

@DolarToday / Mar 24, 2013 @ 7:02 pm

En Cuba hay quienes piensan que la corrupción, extendida a todas las esferas ciudadanas, es la respuesta lógica a los férreos controles del gobierno, que se opone a cualquier expresión de libre mercado. La paradoja está en el sinuoso capitalismo encubierto entre la hojarasca socialista. Se imponen cambios estructurales, lo dijo Raúl Castro, aunque sin remover cimientos, se dirá. Se imponen cambios profundos, hasta los cimientos. Si los cambios no vienen desde arriba vendrán desde abajo.

 Vale recordar, por su actualidad, la expresión popular tan extendida durante las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista: ”Las revoluciones nacen de los fogones apagados”.

La situación en Cuba se hace por días más y más penosa, pero el gobierno reinante enla Islahace oídos sordos, no le importa la penuria del pueblo.-En Santa clara solo funcionaran este año 5 centrales azucareras, hay escasez de azúcar que ya comienza a venderse en el mercado negro; en el campo no hay ni mulas para labrar la tierra,, y la corrupción campea a sus anchas.- Tanto Raúl como Fidel saben perfectamente la situación en la que vive enla Isla, pero les da igual, siguen aferrados al poder, y se puede entender que a estas alturas no quieran dejarlo, lo que cuesta trabajo creer es que sigan aferrados a un proyecto que se ha visto a todas luces que no funciona, podrían hacer cambios económicos sin por ello dejar el poder, pero no basta con estos débiles intentos que se han visto en el presente año, se necesita una apertura total, partiendo por la vuelta a la democracia y el fin de la tiranía.

EN VENEZUELA

Gabriela Figueroa vive en el estado Falcón, a unos 500 kilómetro al oeste de Caracas, en un pueblo cercano a la costa. Vive de lo que colecta limpiando casas, pero ya no puede comprar ni lo básico. Antes porque no le alcanzaba, pero ahora es porque ni lo encuentra. “Busco por aquí y por allá, pero no veo harina para arepas, ni aceite, ni azúcar. A veces consigo un pedacito de pollo. Mi hija viene de Caracas y la última vez le pedí que me trajera pasta de dientes, jabón y papel higiénico, eso ya no se ve por aquí”, dice vía telefónica.

La escasez de productos básicos en Venezuela es un desajuste económico que se siente desde hace años. Comenzó como un asunto localizado, de rubros que entraban en conflicto de producción generando “épocas” de escasez de carne, luego de azúcar, o de aceite, cuya disponibilidad era resuelta en cuestión de semanas.

Sin embargo, desde finales de 2012 los anaqueles de mercados y abastos del país presentan vacío de productos de todo tipo, sobre todo alimentos básicos y medicinas. Un tema que en Caracas se nota con la limitación del número que se puede comprar (los mercados exhiben carteles como “sólo dos botellas de aceite por mercado”), pero en el interior del país los productos simplemente no están.

Tanto, que oficialmente el Banco Central de Venezuela reconoce que el índice de escasez este año alcanza el 20% de los alimentos de la cesta básica, e instituciones como el Centro de Documentación y Análisis Social dela Federaciónde Maestros (CENDA) señala que sólo en febrero de 2013 se sintió la falta de 10 alimentos fundamentales: sardinas en lata, pollo, carne, margarina, azúcar, aceite, harina de trigo y de maíz, pastas y café.

Se trata de un viacrucis producir en Venezuela, y también importar. En diálogo con dos ejecutivos, que para no perjudicar a sus empresas solicitaron proteger su identidad. El primero –al que llamaremos Miguel Ramírez- produce lácteos en el país y también importa, el segundo –que llamaremos Nelson Salcedo- es del área de farmacia y cosméticos. Ambos coinciden en que la crisis comenzó en octubre del año pasado, cuando el gobierno venezolano –que controla la entrega de dólares – limitó drásticamente la entrega de divisas para importaciones, que en Venezuela empiezan por materias primas hasta productos terminados. También porque desde hace al menos 15 meses el Estado no corrige el precio de los alimentos de precios controlados.

“Por ejemplo, el precio de la leche recién ordeñada está regulada a 2,9 bolívares el litro, pero no se consigue en ningún lado a menos de 7 bolívares. Todo el que necesita leche como materia prima ya debe asumir ese costo, por eso se dejan de hacer los quesos baratos. No se puede producir a pérdida”, explica Ramírez.

La Cámara Venezolanadela Industriade Alimentos aseguró en su último informe que las materias primas han aumentado entre 15 por ciento y 414 por ciento y por ello, 90 por ciento de sus afiliados reportaron pérdidas el año pasado.

Para no cerrar las plantas de producción, cientos de empresas se han dedicado a la importación para balancear costos. “Producir en Venezuela es entre 60 o 70 por ciento más caro que importar un producto terminado”, explica Salcedo, asegurando que hay problemas en casi todos los aspectos de la cadena de producción. “Desde los insumos para fabricar hasta los empaques, pasando por el ausentismo laboral (perversamente protegido porla Leydel Trabajo). Venezuela producía antes la pulpa de papel para hacer papel higiénico y cartones, ya no. Producíamos aceite mineral para decenas de productos cosméticos y medicinas, ya no”.

Por ejemplo, en el área de farmacia y cosméticos la escasez se explica por la falta de divisas para importar material para los empaques o la falta de algún ingrediente de la fórmula. Y luego del 8 de febrero, al decretarse la devaluación, el dólar oficial pasó de 4,3 a 6,3 bolívares, encareciendo aún más los costos de los insumos.

“De las 60 toneladas de plástico al mes que debemos recibir del Estado por materia prima, hace meses recibimos la mitad. Tratamos de importar lo que falta, pero el costo se eleva mucho. El etiquetado de medicinas y cosméticos del país es importado, y tampoco estamos recibiendo dinero para eso ¿cómo sacamos un producto sin descripción?”, explica.

El diario ‘El Universal’ destaca en una breve investigación que el gobierno ha entregado este año 28 por ciento menos dólares en comparación con la misma época el año pasado.

Y cuando se trata de productos terminados, como embutidos, carnes y pollos, la sequía de dólares afecta directamente el abastecimiento. “A estas alturas de cada año, finalizando el primer trimestre, usualmente ya he traído al menos 40 ‘containers’ de producto. Este año solo me han dado licencias de importación para cuatro cargamentos”, explica Ramírez, quien señala que el limitado flujo de caja pone en riesgo los empleos en su empresa y añade: “Otro enorme problema son los puertos nacionales, pues no se dan abasto para la descarga y nacionalización de productos. Esta normalmente debe tomarse una semana, ahora toma hasta un mes. Ese tiempo que la mercancía pasa sin descargarse es dinero que se paga en flete, alquiler y refrigeración, y eso lo termina pagando el consumidor. A veces hemos tardado en descargar hasta 95 días”.

Uno de los sectores más afectados es el agropecuario, cuya cámara denuncia retraso en entrega de divisas hasta de ocho meses. Necesitan fertilizantes urgentemente para mantener el ritmo de las siembras y cosechas. Ni hablar de otros productos “no prioritarios” como zapatos o textiles.

La Cámarade Calzados ha dicho que no recibe dólares desde octubre del año pasado;la Cámaradel Vestido tiene 230 días esperando sus pagos, y sus inventarios resisten solo tres meses más. El tema se repite en casi todos los rubros. “El gobierno no da la plata y, mientras no paguemos, los proveedores no nos dan más créditos. Para un país que importa hasta 60 por ciento de lo que consume, eso representa una crisis al corto plazo”, dice Ramírez.

Las aerolíneas reportan que el gobierno venezolano les debe hasta 1.000 millones de dólares.

Con la devaluación, el gobierno eliminó el mecanismo SITME de asignación de divisas, y ha dicho que lo suplantará con un sistema de “subasta” de dólares, que por ahora no tranquiliza a los sectores productivos, por ser esencialmente discrecional y esporádico.

El gobierno concentra sus esfuerzos en mantener el abastecimiento en la red oficial de mercados, abastos y camiones que muestran algunos productos básicos pero de una sola marca.

A pesar de la evidente escasez en los anaqueles, el discurso oficial señala que el desabastecimiento es una matriz de opinión impuesta por la oposición, y que el país cuenta con todos los productos terminados y materias primas que necesita.

(Fuente: Agencias y Diario El Tiempo)

 
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