¡DESPIERTA! ¿Maduro no entendió los resultados del 6D? Son los venezolanos los que no entienden el régimen que tienen

DolarToday / Jan 2, 2016 @ 5:00 pm

¡DESPIERTA! ¿Maduro no entendió los resultados del 6D? Son los venezolanos los que no entienden el régimen que tienen

No importa cuantas muestras demos de querer abandonar la senda de la revolución, nuestros gobernantes persistirán en ella sin importar cuánto fuego y sangre requiera

LUIS SÁNCHEZ / luisantoniosanchez@yahoo.com / TalCual

Luego de las elecciones del 6D, ha sido un lugar común decir que el gobierno no entendió los resultados, vistos sus intentos claramente ilegales por restarle poder a la nueva Asamblea Nacional con el fin de “profundizar” la revolución. Sostengo que es exactamente al contrario: son los venezolanos quienes no han entendido el tipo de gobierno que tenemos. Las evidencias de su naturaleza están a la orden. Nuestro gobierno no es sólo un populismo autoritario. Es, en su pretensión, una revolución socialista. Y pueda que ello parezca pura fachada, pero tiene implicaciones concretas para nuestra sociedad.

De acuerdo a la teoría marxista clásica, el proletariado dirigiría la revolución una vez que tomara conciencia de su condición de clase explotada. Por esta vía el obrero común pasa a ser la figura central del socialismo formal, destinado a liberar a la sociedad de las contradicciones del capitalismo.

Siempre consideré el protagonismo del proletariado en el marxismo simple propaganda. La verdadera figura central en la teoría marxista es la vanguardia: esos intelectuales que han logrado ver a través del entramado social donde “un hombre explota a otro hombre”. Es la vanguardia quien ve por encima de la alienación a la que somete a la sociedad la superestructura del capitalismo. Y es, en consecuencia, a quien corresponde develarle dicha verdad.

La tarea de la vanguardia socialista es la del apóstol: predicar la verdad. Ante la alienación de las masas, la vanguardia iluminada debe ejercer su rol liberador. Por supuesto, no se puede esperar de las masas la completa comprensión de la prisión ideológica a las que las tiene sometida el capitalismo y de la que las intentan salvar los vanguardistas. Es por ello que poco o nada importa la opinión que ésta emita sobre la forma en que debe estar organizada la sociedad. Sea que emita esa opinión de forma privada, pública, o, como en nuestro caso reciente, a través del voto.

Para la vanguardia sólo existen tres tipos de personas: 1. Las engañadas, la masa explotada sujeto de salvación por el socialismo, 2. Los perversos, dueños de los medios de producción y perpetradores del engaño que ejercen sobre el resto de la sociedad, y 3. Los iluminados, aquellos que han comprendido el engaño y se proponen levantar a la sociedad del sueño que los mantiene dominados.

Bajo estas concepciones, la única política que pueden ejercer los socialistas ortodoxos es la de la guerra. Toda la razón la colocan de su lado, fuera de ellos sólo existe engaño y perversión. No hay acuerdo ni consenso posible con quien no comparta su visión, más allá del que se sometan a su voluntad. Son estos precisamente los conceptos que han repetido una y otra vez los dirigentes del chavismo, incluso desde antes de hacerse del gobierno hace 17 años. No es casual que parte importante de su autocrítica, si no toda, sea haber actuado de forma muy blanda con los perversos.

Siendo justos con el socialismo, mucha agua ha corrido bajo el puente desde que la teoría marxista viera la luz en el siglo XIX. Sin embargo, el chavismo no parece haber dado cuenta de los cambios que este ha experimentado. El socialismo de hoy en el mundo, más interesado en la sustentabilidad, el respeto a las minorías y la ecología, ha abandonado su pretensión mesiánica. No es el caso de nuestros socialistas que tiene más del siglo XIX que del siglo XXI (a despecho de Dieterich quien acuñó el término). Es por ello que intentarán salvarnos a costa de nosotros mismos. No importa cuantas muestras demos de querer abandonar la senda de la revolución, nuestros gobernantes persistirán en ella sin importar cuánto fuego y sangre requiera. Después de todo, el propio Marx les aseguró: La violencia es la partera de la historia. Y su ambición más preciada es hacer historia.

 

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