El 30% del electorado no es más que la suma de los convencidos y los clientes políticos

DolarToday / Dec 7, 2020 @ 6:00 pm

El 30% del electorado no es más que la suma de los convencidos y los clientes políticos

Para el análisis del proceso de las parlamentarias de ayer, la cifra de 31% de participación dada por el Consejo Nacional Electoral es tan buena como cualquier otra.

Por Pedro Garcia Otero/ Caraota Digital

Salvo para efectos de comparación con lo ocurrido en 2015, el registro oficial puede cotejarse con la cifra que al lector más le guste.

Por supuesto, la medición de la participación es importante para la oposición y para el régimen.

Para la oposición, porque muestra el supuesto acatamiento del boicot ordenado por la Asamblea Nacional a las parlamentarias; para el régimen, porque muestra el supuesto reconocimiento popular a la cuestionada institucionalidad de la revolución bolivariana.

En ese sentido, 30% es una cifra mala (o buena) para todos: ni tan baja que pueda ser considerada un boicot masivo, ni tan alta que sea una adhesión importante.

Pero a nivel internacional tiene una lectura: en elecciones parlamentarias en países democráticos, 40% suele considerarse una buena votación en unos comicios de ese tipo.

Con el terreno aplanado en Venezuela, la “revolución” buscará hacer creíble este guarismo de 31% en el exterior, como ayer ya demostró José Luis Rodríguez Zapatero, o al menos sembrar la duda sobre lo que pasa en Venezuela.

En EEUU, para citar un caso reciente, hubo admiración de que la votación en unas presidenciales superara el 50%. En 2015, en Venezuela, la participación fue de 74%, altìsima; una cifra, además, que al CNE no le interesaba inflar, a diferencia de la de anoche.

Elija la participación que guste

El CNE, con todo y la mano de Socorro Hernández simulando un degollamiento, ganó credibilidad en 2015. Reconoció, sin cuestionamientos de la oposición, una manifestación del voto.

No se puede decir, por supuesto, lo mismo de las “elecciones” de la ANC en 2017 (muy parecidas a estas, por cierto, en términos de reglas sobrevenidas y de falta de participación de la oposiciòn real, y ya volveremos sobre ese tema), y de las presidenciales de 2018.

Cualquier análisis que parta de las cifras de las presidenciales de 2018 está errado desde el arranque.

“Todos sabemos, todos, aunque algunos se hagan los locos, que las cifras dadas y por dar son absolutamente inauditables”, señala Andrés Caleca, el último presidente del Consejo Nacional Electoral de la democracia, sobre los resultados de las parlamentarias de este domingo.

Es así. Por eso, como desde 2018, cualquier debate que arranque desde la participación está viciado por falaz.

Pero, además, a ese 31%, si uno quiere darle visos de certidumbre, hay que mirarlo con varias lupas: la primera, la del esfuerzo ciclópeo que hizo el chavismo para movilizarlo, incluyendo, al principio, puntos rojos y promesas de bono; y al final, la abierta extorsión a empleados públicos, residentes de la Misión Vivienda y clientela varia del régimen, como es público, notorio y comunicacional.

Agréguese a todo eso la entrega de resultados a la 1:35 am, con la muy escueta celebración de Maduro y Diosdado Cabello, y cuando ya se le habían acabado los fuegos artificiales que durante dos noches atormentaron, al menos, a los caraqueños, y tendrá el nivel de instasfacción del régimen con sus propios resultados.

Al proceso de este domingo no lo ilegitima una mayor o menor participación; es ilegítimo desde su origen, es decir, desde el momento en que el chavismo decide lanzarse, nuevamente, por la calle del autoritarismo y designa desde el Tribunal Supremo de Justicia un nuevo CNE.

En el tarjetón no hay oposición

Mención aparte en la lectura preliminar de los resultados de este domingo hay que hacerla con eso que José Luis Rodríguez Zapatero muestra como “expresiones de pluralismo”.

Según el primer boletín, AD sacó 4,17% de los votos (sin duda, porque es el partido opositor en ese tarjetón con mayor capacidad de movilización); Avanzada Progresista y El Cambio (el partido de Javier Bertucci) que pretendieron mostrarse, desde 2018, como la “nueva oposición”, sacaron 2,08% de los escaños cada uno. Los partidos de tarjetas usurpadas (Primero Venezuela, VP, Copei, etc.) otro 2% del electorado.

Es decir, si estos partidos pretenden ser la nueva oposición, la gente tiene muy claro que no lo son. Compárese con el sólido 58% de los votos que la MUD sacó en 2015.

Por eso, en unas elecciones sin oposición, 30% no termina siendo ni poco ni mucho, sino la suma de los convencidos y los clientes. Ojo, es posible que el Estado venezolano aún logre movilizar, con todos sus recursos, al 30% del electorado, pero esa cifra es tan buena como el 22% que da el Comité Antifraude de la Asamblea Nacional y hasta el 10% que dan algunos observadores espontáneos por ahí.

Como dice Andrés Caleca, todas esas cifras son inauditables.

Y ni siquiera pueden compararse con las que arroje la Consulta Popular.

 

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