¡EL 6D VENEZUELA ESCRIBE UNA NUEVA HISTORIA! Ramos Allup: “El gobierno no podrá desconocer los resultados ni que quiera”

DolarToday / Nov 18, 2015 @ 9:00 am

¡EL 6D VENEZUELA ESCRIBE UNA NUEVA HISTORIA! Ramos Allup: “El gobierno no podrá desconocer los resultados ni que quiera”

Henry Ramos Allup, Secretario General de Acción Democrática, asevera que no tiene ninguna duda de que la Mesa de la Unidad Democrática ganará las elecciones parlamentarias. Se apoya, como tantos otros dirigentes de la oposición, en la abultada ventaja que le atribuyen distintas encuestadoras a la alianza para afirmar que la brecha (que según Datanálisis llega hasta 35 puntos) es irreversible.

Por Álex Vásquez S. / Prodavinci

Asegura que en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana hay un debate muy serio sobre los comicios y descartó que se permita al gobierno desconocer los resultados, porque sólo la cúpula militar es chavista: “La FANB no va a poder imponer criterios que vulneren la Constitución ni el resultado de la elección”.

El candidato en el Circuito 3 de Caracas dice que en este momento no está en discusión la posibilidad de que lo elijan presidente de la nueva Asamblea Nacional, y aclara que será decisión de la bancada de la unidad. Pero algo sí asevera: que la MUD tiene clara su hoja de ruta y que “Diosdado Cabello será un diputado más”

Henrique Capriles mostró el último estudio de Datanálisis, que refleja la ventaja más abultada para la oposición que se haya hecho pública: 35 puntos de diferencia frente al chavismo. Con esos números, ¿es irreversible el triunfo?
La experiencia histórica de todos los encuestadores les hace afirmar que esos números son irreversibles. De hecho, lo que reflejaban las encuestas para finales de octubre ya eran números irreversibles. Y lo que disponemos de los primeros días de noviembre, confirma que la victoria de la unidad es irreversible. Siempre los encuestadores dicen que tendencia mata porcentaje: bueno, aquí coinciden a nuestro favor las tendencias y los porcentajes.

Pero una brecha nacional no necesariamente es igual en todos los espacios. El oficialismo aún tiene fuerza en zonas rurales.
La diferencia de más de 30 puntos ciertamente no es universal, pero en todos los circuitos que hemos medido la tendencia es muy favorable hacia nosotros y el porcentaje es sorprendente. Hay ventaja en circuitos claves de Guárico, Portuguesa y Yaracuy, estados tradicionalmente chavistas, por poner un ejemplo.

¿Está en capacidad el gobierno de reducir esa brecha? La reedición de El Dakazo parece ser el precio justo máximo y algunas ferias de comida.
Ellos no van a revertir nada, porque todas las medidas que toman les salen disparatadas. Mira por ejemplo lo que pasó con la decisión de bajarle el precio a los huevos: eso desapareció los huevos. Y están pretendiendo hacer lo mismo con artículos de alto consumo en Navidad y productos de la cesta básica. La gente se irrita más con estas medidas porque sabe que luego los productos desaparecen. Las importaciones masivas del gobierno han sido un fiasco y, aunque las usen para hacer demagogia, no va a ser posible que reduzcan la brecha. Ya la gente no les cree. Esas medidas son gotas de agua en un océano.

¿Cree que la detención de los sobrinos de Cilia Flores afectará los números del gobierno en la campaña?
¡Por supuesto! Tiene muchísima incidencia y repercusión mediática en Venezuela y en el mundo. Tendrá un impacto demoledor en la campaña. Además, ha habido una respuesta muy torpe por parte del gobierno, que se ha dedicado a negar un hecho notorio, público y comunicacional. El asunto se agrava más y las cosas que dicen son patéticas.

¿Diosdado Cabello aceptará bajarse de la silla de la presidencia de la Asamblea Nacional?
Tiene que entregar por varias razones. En primer lugar, el Reglamento de Interior y Debate de la Asamblea Nacional dice que quien dirige la comisión preparatoria no es el anterior presidente del Parlamento, sino el diputado de más edad. Evidentemente, él no dirigirá eso. Diosdado Cabello será un diputado más que presentará sus credenciales en enero.

Capriles insistió en que no hay forma de que el gobierno gane las elecciones, a menos que dé un golpe que, aseveró, no tienen con qué dar. Usted ha insistido en que el gobierno no tiene “ni músculos ni glándulas” para ese tipo de aventuras. ¿Por qué lo dice?
La Fuerza Armada Nacional tiene un debate muy serio en este momento, en el que las cúpulas están muy cuestionadas por la totalidad de los militares, de forma que la FANB no va a poder imponer criterios que vulneren la Constitución ni el resultado de la elección.

¿Pero el Ejecutivo no la controla?
Sólo la cúpula es chavista, no la totalidad. Lo puedo asegurar.

¿En qué se basa?
Me baso en contactos que tengo, en sondeos, en conversaciones con todas las partes. Los militares hablan. No crean que sólo hablan con sus superiores, porque quizás con quien menos hablan es con esos superiores. Lo cierto es que los militares tratan de desmarcarse porque los van a responsabilizar de este desastre.

Usted ha afirmado que no le preocupa que la oposición llegue, con mayoría, a la Asamblea Nacional, sino qué pasará con la oposición después de lograrlo. ¿Tienen clara la hoja de ruta? ¿O algunos gritarán revocatorio y otros preferirán esperar?
Afortunadamente, en la oposición se han acabado los ejercicios de dibujo libre. Todos hemos conversado y hemos aclarado que decidiremos lo que corresponda en el momento exacto. Ciertamente, algunos consideran que lo correcto será impulsar una constituyente, otros la enmienda, otros el revocatorio. Yo creo que lo menos cruento es que el presidente renuncie. De esa forma facilitaría el proceso para una elección presidencial a los 30 días. Lo cierto es que vendrá un debate terrible en el seno del gobierno por la derrota que sufrirán.

¿Y qué justificaría esa renuncia?
Varias cosas. En primer lugar, hablamos de gobierno con una base de respaldo pequeña, demasiado pequeña, la más pequeña en 17 años de chavismo. Además, hay un altísimo rechazo, que supera el 80%. Y si a eso le sumas que quedará en una situación muy frágil luego de las elecciones, pues el propio gobierno debería esperar e impulsar salidas democráticas y constitucionales.

Regímenes autoritarios de todo el mundo, como el de la Unión Soviética o el de Augusto Pinochet en Chile, han caído en silencio, con elecciones, sin que nadie lo imaginara. ¿Somos testigos de un proceso similar?
Así es. Y sí, ésa es la vía para poner fin a este tipo de régimen. Nosotros hemos venido insistiendo en eso tercamente. La solución es para nosotros constitucional, democrática, pacífica y electoral. Estamos a pocos días de la solución en la que nadie creía. Vivimos un momento en el que todos creen en las elecciones: hay una intención de participación de más de 80%, algo sumamente elevado para una parlamentaria. Eso te da una idea de lo que piensa y quiere la gente.

Pero es sólo la elección del Parlamento. No cambian otros poderes. ¿No hay riesgo de decepcionar a la gente con tantas promesas?
Está claro que no podemos generar falsas expectativas: en enero no se van a acabar el desabastecimiento ni la inflación, pero es una vía distinta la que empieza, la única forma de solucionar esta crisis.

Usted ha sido claro: luego del 6 de diciembre será necesario un diálogo con el gobierno, “no nariceado” por Miraflores.
Absolutamente, o dialogas o te matas. O recurres al intercambio de opiniones o vas a la guerra. La mayoría de los venezolanos quiere la paz y eso explica por qué no ha habido un estallido social en medio de semejante crisis. La gente no quiere guerra. Una vez que ganemos el gobierno reconocerá en nosotros al interlocutor válido. Así es en un sistema democrático, a pesar de las imperfecciones del nuestro. Ese diálogo pasa por tratar los problemas y salidas políticas a esta crisis.

¿Vamos a otro nuevo comienzo como país?
Absolutamente. La gente quiere cambio, que este gobierno cese. La gente, al cabo de 40 años de democracia, del llamado puntofijismo por Chávez, que fue la conciliación de partidos, se cansó y votó por Chávez, pero eso duró apenas 17 años. La gente se cansó de nuevo y quiere cambio.

Hay mucha incertidumbre sobre la posibilidad de que esta elección se desenvuelva en un ambiente de alta conflictividad. Nicolás Maduro afirmó que ganarán “como sea”.
Yo tengo la total seguridad, y para eso me apoyo en varios aspectos, de que va a haber elecciones el 6 de diciembre. Siempre nos lo preguntaban en las caminatas, en los conversatorios y en las asambleas. La gente duda de que el gobierno reconozca los resultados, pero los va a reconocer. El gobierno no podrá desconocer los resultados ni que quiera: es muy frágil y es ampliamente rechazado. El chavismo no puede rechazar la voluntad de la mayoría. Se pondría en serios aprietos en Venezuela y en el ámbito internacional.

¿En qué afecta que se rechazara la observación calificada que la Mesa de la Unidad Democrática pidió?
El CNE a regañadientes ha tenido que ir cediendo por la presión nacional e internacional. Ellos deberían estar interesados en el reconocimiento, en las garantías al proceso, pero lamentablemente son los que despiertan mayores sospechas. Es una actitud necia, pero vendrán invitados nuestros de gran respetabilidad, algunos que incluso tuvieron simpatías por el gobierno de Chávez y ahora ven la realidad.

¿Cómo quienes?
Muchos expresidentes de alta respetabilidad. No quisiera adelantarme.

Ya arrancó la campaña oficial: ¿cuál será la prioridad del Comando Venezuela Unidad?
En primer lugar, insistir en que la gente vaya a votar, que nadie se quede en su casa. Después, especial cuidado en la vigilancia del proceso, con testigos preparados. Y como oferta central de nuestro discurso, decir que vamos a recuperar la autonomía de la Asamblea Nacional y que apenas lo hagamos vamos a impulsar una ley de amnistía cuya vigencia no la podrá burlar el gobierno ni una decisión del Tribunal Supremo de Justicia.

¿Por qué no podría frenarla el TSJ?
No va a poder porque una decisión de la Sala Constitucional no puede estar por encima de la voluntad popular.

¿Vendrá entonces un choque de poderes?
No creo que vaya a haber choques: creo que van a acatar, porque un poder subordinado no se puede alzar contra un poder originario o superior.

 

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