EL ARTE SÁDICO DEL RÉGIMEN: “La Falsa Conciencia” Por Vecnar Cordero

DolarToday / May 27, 2014 @ 7:00 pm

EL ARTE SÁDICO DEL RÉGIMEN: “La Falsa Conciencia” Por Vecnar Cordero

A menudo he pensado que la meditación sosegada y firme sobre cualquier tema de interés para el hombre y más aún cuando se trata  como el de las virtudes, vistas en su doble dimensión de moral y luces o de ética y conocimiento, es intensamente sublime para el espíritu humano y con mayor fuerza para aquellos que participan, estudian y practican los principios axiológicos de una democracia  real, no falsa ni manipulada. Precisamente el apotegma bolivariano de <<Moral y Luces son los polos de una República. Moral y Luces son nuestras primeras necesidades>>; o lo que es lo mismo, la educación con valores constituye una de las piedras angulares sobre la cual debe apoyarse todo proceso político  que se adelante en el mundo, e indudablemente en Venezuela, mi bello país.

 Moral y Luces son dos vetas de oro que se confunden en el horizonte para conformar el eje central o núcleo vital que anuncia y moldea el rostro humano de todo sistema democrático con visión de futuro y de cambio.  No se trata de adoptar una actitud racionalista o de penetrar el conocimiento fenomenológico para alcanzar dichas virtudes, sino de ser capaces de distinguir en la teoría y en la praxis lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo honesto de lo deshonesto, la equidad de la iniquidad, la eficacia de la ineficacia, la eficiencia de la ineficiencia y la responsabilidad de la irresponsabilidad.
Razón suficiente para sostener, que el objeto de la locución de moral y luces debe caminar hacia la transformación  de todos los modelos políticos arcaicos, atrasados, dictatoriales y desfasados con los nuevos adelantos que atañen actualmente a la humanidad. Se trata que cada individuo, cimentado en las virtudes que encarna dicho apotegma, sea capaz de apreciar el daño social que origina la ignorancia del hombre y la falsa conciencia, así como cualquier vicio contrario a la moral.
¡Qué bello sería que cada uno de los venezolanos se profundizara en una educación sin vicios, donde los principios y valores de una verdadera democracia fueran su norte y que el valor del conocimiento fuere evaluado por su grandeza moral, más que por su contenido material!. No omitamos que lo realmente importante, a mi juicio, de un gobierno eminentemente democrático, es la materialización auténtica de los valores éticos: su praxis. No se trata de una expectativa de derechos, sino de su consumación y vigencia en el tiempo y espacio.
Debe tratarse de una concepción capaz de impulsar y vitalizar el apotegma de moral y luces en su doble dimensión, como nutrientes de nuestras primeras necesidades. Por una parte, porque considero que la dimensión ética constituye la magnitud que mide o define nuestra personalidad o comportamiento frente a la sociedad o al prójimo, trátase de una dimensión iluminada por la inteligencia, precedida por formas de conducta o reglas con arreglo al bien público temporal; y por otra parte, porque frente a la dimensión ética tenemos la dimensión de las luces, como recurso indispensable para rescatar de las ideologías dominantes una verdadera conciencia  democrática y un nuevo modo de pensar irreversible y necesario.
De manera, que constituye un imperativo categórico por no decir forzoso, superar nuestra condición de sujeto-objeto de la dominación del chavismo o socialismo arcaico,  como un modo de rebelarnos o sublevarnos contra la interiorización socio-cultural de un sistema político rechazado actualmente por la mayoría de los ciudadanos. En tal sentido, es parte de nuestra lucha dejar de ser ese híbrido antropológico que el sistema socialista retrógrado y el capitalismo salvaje nos han impuesto: en primer lugar, el de ser un sujeto alienado, convertido compulsivamente en un individuo sumiso y dócil, que acata y obedece, y que simultáneamente copia, imita y calca sus mismas costumbres, vicios y extravagancias; y en segundo lugar, el de ser un objeto manipulable, convertido ilusoriamente, como por encanto, en víctima  de engaños, mentiras, arbitrariedades y de toda clase de argucias y artificios.
De aquí que pueda aseverarse que la lucha en Venezuela es por un sistema social de derecho y de justicia – autóctono, propio y original – que  empezó formalmente el mismo día que se promulgó nuestra Carta Política bolivariana, contempla una nueva visión de cambio y transformación, cuyo objeto cardinal no es interpretar a Venezuela sino transformarla en una nación más democrática, más solidaria, más humana y más participativa. No este Estado autocrático, de exclusión y si se quiere de rasgos profusamente delincuenciales, transgresor lato sensu de nuestra Constitución, la cual interpretan y hacen de ella lo que le da la gana. Obviamente, la lucha ideológica debe y tiene que centrarse contra la falsa conciencia, sin disfraces ni fantasías.
Es así, como por convicción y por vía de consecuencia, en el proceso de consolidación de nuestra democracia no podemos aceptar nada que se parezca al sectarismo, a la multivocidad filosófica, a la autocracia, a la burocracia, al delirio de grandeza, a la ambición de poder, ni menos aún a una dictadura cívico-militar.  En otras palabras, la filosofía de nuestro sistema de gobierno, debe ser de naturaleza eidéticamente popular, científica y práctica; y además, por fundamentar, como dice nuestra Carta Magna,  “su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional y en la doctrina de Simón Bolívar>>, no debe ser jamás el arma de una pequeña élite de políticos y militares ambiciosos de poder, corruptos, farsantes, manipuladores y quienes diariamente se jactan de ser dueños absolutos de la razón y si se quiere de Venezuela, toda vez que han hecho de ésta una especie de botín, administrando sus recursos a su libre arbitrio.
Su método: el arte sádico e inhumano de la sumisión a través de la falsa conciencia en las clases más populares y humildes. A cada campaña política le sigue una cesta de mentiras y a cada cesta de mentiras se suman ofertas y proyectos cuya única verdad es la ineficiencia e ineficacia, cuyo camino real es fortalecer la falsa conciencia, la obediencia y subordinación. ¿Es éste el Gobierno que usted desea?. No se quede en silencio, el conformismo es sinónimo de sumisión y consecuencialmente de derrota. Sea sincero consigo mismo. ¿Cree usted que al gobierno le asiste la verdad?. Cada día se incrementan más y más los problemas sociales y económicos – la pobreza crece día día – alimento irreversible de las protestas y por ende de una violencia que nuestra nación no desea.
“Puede usted estar satisfecho en un país donde reina la escasés de alimentos, la inseguridad, una inflación incontrolable, el encarcelamiento de un Leopoldo López y de algunos alcaldes y dirigentes políticos conocidos, la exclusión de trabajadores en la administración pública, la violación excesiva de los derechos humanos y la persecución, la represión excesiva de las manifestaciones públicas, la prisión de estudiantes,  el allanamiento de hogares y la protección de algunos colectivos utilizados para agredir y asesinar en nombre y apoyo a “la revolución bolivariana”.
¡Basta de represión, persecución política, allanamientos de hogares y violación de los derechos humanos!. Es de derecho recordarle al gobierno venezolano que los delitos de lesa humanidad “laesae humanitatis” no prescriben, son crímenes de Estado.
Vecnar Cordero
 

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