¡EL CONOCIMIENTO SE MARCHA! Rector de USB: Las universidades solo podemos dar una educación mediocre

DolarToday / Feb 26, 2018 @ 4:00 pm

¡EL CONOCIMIENTO SE MARCHA! Rector de USB: Las universidades solo podemos dar una educación mediocre

En las casas de estudio “estamos sobreviviendo” debido a la falta de recursos, la hiperinflación y el éxodo de cerebros, afirma el rector de la Universidad Simón Bolívar. Entre 2017 y lo que va de 2018, se han marchado más de 100 profesores de la USB

VANESSA DAVIES / Contrapunto

Enrique Planchart es la muestra palpable de que no es necesario gritar para hacerse escuchar, y de que probablemente el problema está en los oídos que no quieren oír y no en una voz de altos decibeles. El rector de la Universidad Simón Bolívar (USB) se enfrenta a la escasez de recursos, un presupuesto que se vuelve sal y agua y el deslave de cerebros en uno de los centros académicos emblemáticos de Venezuela. La crisis, lejos de mejorar en 2018, ha empeorado con la hiperinflación como un caballito sin freno. Por eso, Planchart es matemático de profesión pero se ha convertido en boxeador por la crisis: está en un perenne pugilato con el Gobierno porque el dinero no alcanza y la investigación se paralizó.

Por si fuera poco, la USB se ha convertido en objeto de robos insólitos. Esta semana, el carro asignado al rector quedó sobre los rines, porque se robaron los cuatro cauchos.

Así dejaron los ladrones el carro asignado al rector de la USB. Foto: Rafael Briceño / Contrapunto

Rafael Briceño Sierralta

Pero la del vehículo azul oscuro –o el hurto de piezas para baño, por ejemplo– no es la única escena insólita que se observa en el campus universitario en Sartenejas. Sus espacios, otrora llenos de estudiantes, hoy son áreas solitarias. Se han marchado profesores, y también, estudiantes. Tal vez ahora no se ve, pero este abandono de una universidad dedicada en buena parte a las ciencias básicas le pasará factura al país en los años próximos.

“Desde el punto de vista presupuestario la situación de la universidad es casi la misma que la de años anteriores”, aseguró Planchart en entrevista con Contrapunto. “Se nos otorga un presupuesto que ya se sabe que solo será suficiente por unos pocos meses”, o lo que es lo mismo, de enero a marzo o hasta parte de abril. “A partir de ese momento la universidad –y todas las demás universidades– dependen de créditos y ayudas que ofrezca el Ministerio (de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología) y la OPSU (Oficina de Planificación del Sector Universitario)”.

“Cero” recursos para investigación

El ministerio “siempre otorga los recursos para cubrir esos sueldos paupérrimos que nos dan y lo que ellos consideran que es justo para los comedores, que generalmente no alcanza”, afirma. Pero “lo que nunca llega es la parte para los laboratorios, para la investigación, para el desarrollo académico”, y por eso “lo que está sucediendo es que las universidades del país nos estamos descapitalizando en el aspecto académico”.

Para Planchart, “la universidad se ha convertido en una institución que paga sueldos y providencias estudiantiles, y no se hace investigación”, por lo que “el tipo de educación que se puede ofrecer es una educación mediocre, en la cual no existe experiencia investigativa. Eso es generalizado en todas las universidades”.

—¿Desde cuándo? ¿Desde el año pasado?

—Claro, porque la inflación hace que todo sea más cuesta arriba. El año pasado, cuando el Presidente de la República otorgó los aumentos de sueldos, lo que nos dijo el Ministerio fue “tomen esos aumentos de lo que tenían presupuestado”. De manera que lo que nos habían dado, que podía durar hasta el mes de abril o mayo, no duró sino hasta febrero. De ahí en adelante dependemos del criterio de unos funcionarios burócratas en el Ministerio y en la OPSU, que no entienden qué es una universidad, que no entienden por qué una universidad debe hacer investigación, que no entienden que una universidad no es un colegio. Esos funcionarios burócratas son los que deciden, finalmente, qué es lo que la universidad puede tener y en qué lo puede gastar, porque los créditos adicionales vienen etiquetados, y si uno no los usa en eso, incurre en un problema que puede ser penado.

—¿En esos créditos hay dinero para la investigación?

—Ninguno. Cero. Nada.

—¿Desde cuándo?

—Desde toda la vida. Desde que yo estoy de rector nunca ha habido dinero para investigar, o había cantidades irrisorias. Toda la investigación que actualmente hace la universidad se financia con ingresos propios. Nosotros hacemos asesorías a empresas privadas y del Estado. Nosotros hacemos asesorías a Corpoelec, por ejemplo; asesorías técnicas e, incluso, investigación para la empresa eléctrica y para Corpoelec.

Fondos de Fonacit no alcanzaron

En todo caso, los ingresos propios cubren un porcentaje mínimo de los gastos de la casa de estudios, indicó Planchart. En consecuencia, al no haber recursos suficientes, hay proyectos de investigación parados “o que no han podido comenzar”.

El rector cita el caso de los más de 100 proyectos financiados por el Fonacit: “Muchos de esos proyectos ni siquiera arrancaron” porque “el proyecto implicaba comprar computadoras o algún equipo de laboratorio y nunca nos otorgaron las divisas para eso. De manera que el dinero quedó allí y lo que estamos haciendo es devolviendo el dinero a Fonacit, porque no se pudo usar”.

Según sus estimaciones, “lo que nos dieron el año pasado para un equipo de laboratorio hoy día cuesta tres veces más, así que aunque nos dieran la posibilidad de traer ese equipo de laboratorio, ese dinero no va a alcanzar. Y esta es la realidad de todos los proyectos pequeños o grandes: no se realizaron”. Hay insumos para la investigación que no se fabrican en Venezuela. Reactivos, balanzas “no se hacen en el país, y hay que comprarlas fuera”, precisó.

Pero no solo es que no pudieron adquirir insumos en el exterior; es que tampoco los consiguieron de empresas del Estado, como es el caso de las computadoras de la empresa Venezolana de Industria Tecnológica (VIT). “Durante cuatro años nosotros colocamos órdenes de compra a la VIT, y no recibimos ninguna”, aunque ahora “acabamos de recibir 90 computadoras”.

El financiamiento del sector privado ha permitido que la USB pueda tapar los huecos presupuestarios. Planchart agradece un aporte de Empresas Polar “que tuvimos que utilizar a la velocidad del rayo”, porque “era en bolívares, y si no lo utilizábamos en pocos meses no iba a alcanzar para nada”.

—¿Usted ha hecho un plan para trabajar con hiperinflación? ¿Cómo va a trabajar la universidad?

—Vamos a seguir igual que el año pasado: buscando el dinero y el financiamiento fuera de la universidad, fuera del gobierno, con empresas privadas. Buscando también cosas que nosotros podamos hacer que sean útiles para las empresas; no solo por contratos con una determinada empresa, sino hacer algo en lo que una empresa determinada esté interesada. Por ejemplo, hay empresas interesadas en el mantenimiento del ambiente, y nosotros tenemos un proyecto de conservación de los bosques. El mantenimiento de los bosques de la universidad, son más de 5 mil hectáreas, tiene un costo, y muchas empresas privadas están dispuestas a dar donaciones para mantenerlos. Así sobrevivimos. Estamos sobreviviendo.

El conocimiento se marcha

La soledad se observa en los pasillos, en los salones, en las áreas comunes. El año pasado se marcharon 100 profesores de la USB, calcula el rector. En lo que va de año otros 15 hicieron lo mismo. Esto parece no tener fin.

—¿Cuáles son las áreas en las que usted ve más grave la marcha de los profesores?

—En las ingenierías y en las áreas de ciencia. En el Departamento de Matemática queda muy poca gente. Hay profesores contratados, jubilados de otras universidades, pero son profesores que solo tienen la actividad docente y no la de investigación.

—¿Y el de física?

—El Departamento de Física comienza a ser golpeado. Grupos enteros de investigación, grupos estrellas de la universidad, grupos que producían mucho, se desaparecieron. Cuando se fue el principal del grupo, detrás de él se fueron los demás. En la Universidad de Antofagasta, en Chile, el grupo de físicos que trabajaba en altas energías está allá. Todo el grupo de investigación que estaba aquí se fue, porque allá les pagan mejor, hay mejores condiciones, hay mejor calidad de vida. Uno de los problemas por el que los profesores se van no es solo el de los bajos sueldos, sino la calidad de vida.

Esa calidad de vida es vivienda, escuela para sus hijos, tiempo para la familia, transporte seguro, alimentación. Un sueldo que permita algo más que subsistir.

—¿Usted ve cómo parar ese éxodo de profesores?

—No es un problema de la universidad; es un problema del país. Hay que cambiar el modelo que estamos siguiendo en Venezuela. Este modelo ha sido un fracaso en todos los lugares donde se ha implementado. En la Encuesta Encovi, que hemos hecho por cuatro años, se puede ahora comparar y se ve que el deterioro ha sido brutal.

A “la mayoría de los profesores, empleados y obreros no les alcanza el dinero” ni para comer, advierte. “Y lo de la guerra económica es una tremenda mentira que se ha inventado esta gente. Es mentira. No hay ninguna guerra económica. Primero, que el modelo no funciona; y segundo, que en ese modelo hay incapacidad” y corrupción.

—¿El petro puede ayudar en algo a las universidades?

—El petro es una estafa. Primero, el petro no es una criptomoneda; las criptomonedas son otra cosa. El petro es una especie de bono que el Gobierno financia con petróleo. Para empezar, eso es inconstitucional. El petróleo venezolano, que está en el subsuelo, no se puede hipotecar. Pero aún así el petro tendría que funcionar con base en la confianza de la gente, ¿y qué confianza se puede tener en un Estado que está quebrado? Un Estado que está quebrado no puede generar confianza económica ninguna.

 

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