¡EL MAGO QUE DESAPARECIÓ LOS HUEVOS! Jorge, cabeza é ñema, por Gregorio Salazar

DolarToday / Nov 30, 2015 @ 6:00 pm

¡EL MAGO QUE DESAPARECIÓ LOS HUEVOS! Jorge, cabeza é ñema, por Gregorio Salazar

El vicepresidente Arreaza viene a bajar el precio de los huevos como si fuera un acto de magia. Se nos presenta de capa negra y chistera como la que usaba el Gran Henry en la televisión venezolana por allá por los años 60

GREGORIO SALAZAR / @goyosalazar / TalCual

¿Cómo haría el mago David Copperfield para desaparecer en un tris la Estatua de la Libertad con sus 92,9 metros de altura y sus 225 toneladas de cobre? No lo sabemos, pero es sin lugar a dudas una de las grandes proezas de la historia de la prestidigitación.

¿Cómo hizo el vicepresidente Arreaza para desaparecer en instantes un número incalculable de toneladas de huevos de gallina de todo el territorio nacional? Eso sí lo sabemos. Dijo que 30 huevos debían venderse obligatoriamente por 420 bolívares, que es nada más lo que vale el cartón que les sirve de empaque.

Decidir que usted compre el cartón y le regalen los huevos es sin duda una de las grandes barrabasadas de nuestra historia reciente (y mire que las ha habido monumentales en estos tiempos revolucionarios) desde el mismo momento en que privó de una importante fuente de proteínas a más de 30 millones de grandes y chicos en toda Venezuela, que ya se habían quedado sin leche, sin carne y sin pollo.

A la desaparición de los huevos siguió la de las gallinas, que están siendo llevadas por millares a mataderos y frigoríficos para venderlas al consumo, visto que ya no es rentable alimentarlas para que produzcan sus nutritivas ñemas. Son varios los estados escenarios de esta degollina.

Pero he aquí que exactamente a los doce días se nos vuelve a aparecer el vice Arreaza y nos dice que tiene preparado un subsidio para evitar las pérdidas a los productores de huevos que, como hemos dicho, ya habían despescuezado a miles de sus animales.

Lo de Arreaza es más insólito e increíble que cualquier truco de Copperfield, quien ya levitó sobre el Cañón del Colorado y atravesó, (a lo ancho, que a lo largo tiene menos gracia), la Gran Muralla China. ¿Será que él cree que puede resucitar las gallinas como Copperfield hacer reaparecer a Lady Libertad en la desembocadura del Hudson? A ver, recapitulemos para tratar de entender este pasticho. El vicepresidente Arreaza viene a bajar el precio de los huevos como si fuera un acto de magia. Se nos presenta de capa negra y chistera como la que usaba el Gran Henry en la televisión venezolana por allá por los años 60. Qué bien le sentaba el atuendo al mago criollo de nuestra infancia, mientras que Arreaza, ayudado por la vocecita y su cara de motolito, luce como agente de pompas fúnebres.

Arreaza dice que viene a poner alto a la especulación. Los huevos que ya pasaron de mil el cartón deben costar 420. Imaginémoslo, para reforzar su autoridad, en un gesto enérgico da un martillazo en la mesa con tan mala suerte que despaturra el huevo que había traído para la demostración.

Clara y yema salpican los espejuelos y dejan la capa hecha un desastre. Eco.

Pero misión cumplida.

Pasan los días, desaparecen huevos, gallina y granjas, y nuestro prestidigitador viene ahora a corregir el entuerto mediante la promesa de un subsidio. Eso es igualito que si armado con cello-tape, tirro o pega loca tratara de reconstruir la cáscara del huevo despaturrado, mientras con una cucharita le va colocando dentro la clara y la amarilla.

Jorge, mijo querido, ¿por qué no aprobaste primero el subsidio y después anunciaste la regulación? ¿Tú no sabes lo frágil que es el asunto de los precios? Tanto como los huevos.

Será que Jorge olvidó aquella adivinanza de la primaria: “Una cajita muy chiquitita. Todos la saben abrir nadie la puede cerrar. ¿Qué será?” ¿Qué más va ser, Jorge? ¡El huevo, coño, el huevo! ¡Y tú has venido a destapar semejante caja de Pandora! Otra hipótesis es que como Jorge es científico creyó que jugar con los precios no tiene ciencia.

O pudiera ser una de esas típicas distracciones de los hombres de ciencia. No, dejémonos de pendejadas, que por más que lo ponderara el supremo no es ni Einstein ni Von Braun, ni le llega por las chancletas a Fernández Morán.

No, qué va, Jorge no es mago. Si acaso burócrata metido a brujo y con muy malas yerbas en su recetario.

 

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