EL QUE TENGA OJOS ¡LEA!: “El Gobierno De Maduro Y Su Juego De Brujas” Por Vecnar Cordero

DolarToday / Apr 30, 2014 @ 9:00 pm

EL QUE TENGA OJOS ¡LEA!: “El Gobierno De Maduro Y Su Juego De Brujas”  Por Vecnar Cordero

“Vivir es tratar con la cosmovisión, dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él”. Con esta visión Ortega y Gasset se coloca entre el idealismo y el realismo: ni prioridad del yo ni prioridad de las cosas; prioridad de la vida. En definitiva, ni las cosas solas ni el “yo” solo, sino el quehacer del “yo” con las cosa, o sea la vida”.

Análogo a este juicio de Ortega y Gasset, yo me permitiría afirmar, más allá de la proridad de la vida, está la prevalencia del amor y la felicidad por encima de todas las cosas, y del mismo modo no habría paz ni felicidad si el yo, el indidualismo o la razón de cada uno en particular priva sobre la razón del colectivo o de los pueblos, de ser así, tal como ha ocurrido a través de la toda la historia política, como antítesis o en contraposición a éste predominaría el ello en el concepto de Sigmund Freud, o sea la sin razón, y por ende la violencia y el odio. No hay vida fuera del amor. Obviamente la sumatoria de mi yo, tu yo y el yo de él o de ella constituyen en la praxis el pensamiento o manera de actuar del colectivo, con sus diferencias que les son ínsitas a cada yo, de aquí las diferencias individuales y forma de pensar de cada individuo, de aquí que cada individuo escoja su propio destino.

 Cada quien tiene su propia manera de pensar, hacer y actuar. Nadie es igual otro, todos somos diferentes y por ende en política todos no pueden ser sumisos ni pertenecer a un mismo partido político. Éste es el hombre en la diversidad de las ideas, de conductas y por ende en el camino político. Un camino constituido inevitablemente por las diversas maneras de ser y pensar del hombre. Sólo revisemos su historia desde antes de Cristo hasta hoy, ¡Cuántas formas de gobierno hemos tenido, o mejor dicho cuántas formas de pensar: Durante casi toda la historia de la humanidad, el gobierno de los pueblos ha sido ejercido por unos pocos que dominan, oprimen y controlan a la mayoría, lo único que ha cambiado es la forma de hacerlo. En su mayoría ha predominado el ello.

Ciertamente, las formas de gobierno han variado y son muy diversas en cuanto al cómo y a cuántas personas ejercen el poder. Entre las formas de gobierno más comunes se encuentran la monarquía, la aristocracia, la tiranía, la dictadura, el comunismo y la democracia. Como se observa, cada época ha tenido según las circunstancias y por la dinámica de los cambios, de la evolución y del progreso formas distintas de gobierno, en cada época diría que hemos tenido un hombre nuevo, ideas nuevas y culturas nuevas, lo que no significa que circunstancialmente no hayan existido o existan gobiernos o sistemas políticos que pretendan mantenerse en el pretérito, e intrínsecamente con la pretensión de retrotraer a los pueblos a sistemas políticos obsoletos, o gobiernos que en esas distintas épocas se hayan caracterizado por el engendro de odio, terror y sumisión, no acordes con las nuevas realidades culturales, científicas y de desarrollo del mundo, es ésta la razón que nos obliga a la formación de hombres nuevos, de demócratas o socialistas nuevos pletoricos de virtudes y de principios nobles, no para invocarlos en discursos adornados de metáforas, sino para aplicarlos en función y consecución de esa célebre sentencia de nuestro Libertador, Simón Bolívar: “El sistema de gobierno más perfecto es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

Hoy me atrevería a exhortar al gobierno venezolano: ¡Basta de manipular esa hermosa sentencia de Bolívar, y esas otras tantas frases que ha menudo ellos suelen repetir con el sólo objetivo de persuadir a través del angaño y la mentira al pueblo noble de nuestro Libertador!. Su objetivo: sumisión y poder.

Creo que jamás lograremos materializar ese sueño de Bolívar, mientras no tengamos un gobierno realmente sincero, que se aproxime por lo menos a la verdad trascendente, sin falsedades ni mentiras, que cumpla con los preceptos fundamentales de nuestra Constitución bolivariana, o por lo menos con esa tríada teleológica que implica un verdadero estado de derecho: seguridad jurídica, justicia y bien común. Sólo así podríamos hablar no de una mayor suma de felicidad posible, sino de una felicidad cierta e incontrovertible. En otras palabras, mientras existan gobiernos, que dicen ser socialistas (socialistas falsos) como el que tenemos actualmente en Venezuela no creo que podamos vivir en paz o en armonía como anhelaba nuestro Libertador.

 Sólo traigamos a colación algunas de las expresiones de ese lenguaje soez, violento y lleno de odio que sin reserva alguna manifiestan los líderes del chavismo, cada vez que se les presenta la oportunidad de hacerlo: “los borraremos del mapa”, “son unos apátridas”, “ oligarcas y burgueses enemigos del pueblo y de los pobres”, “les daremos en la madre”, “conspiradores e imperialistas”, “cobardes y explotadores de la clase trabajadora”. Empero, más allá de estas frases petulantes y arrogantes existe un sinnúmero de ellas que por su contenido acrimonioso y vulgar no me está permitido por la delicadeza de mi propio lenguaje reproducirlas en este momento. A esto se suma esa célebre sentencia del legado de Chávez dirigida a los funcionarios publicos del gobierno: “El que no está conmigo está contra mi”, con lo cual significaba que todo aquel que ocupaba o que ocupa un cargo publico, si es de la oposición estaría contra él, por ende no le sería permitido trabajar con el gobierno.

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En efecto, actualmente en Venezuela, los funcionarios públicos que no se identifiquen, critiquen o no cumplan con los lineamientos políticos que se le dicten son inmediatamente destituidos, salvo que se mantengan callados. Obviamente, un funcionario público no puede ser un instrumento dócil del gobierno alguno, ni menos aún vocero mercenario de los intereses y ambiciones de grupos, partidos políticos y gobernantes de turno. Esta es la triste realidad de hoy, muy parecida a los regímenes dictatoriales. Los funcionarios públicos por determinarlo así nuestra Carta Magna no pueden ser políticos eunucos, porque ello sería aceptar una sumisión comprada y un despiadado atropello a su dignidad. Un funcionario público no puede ser un castrado político, y ningún gobierno constitucional y democrático debe privarlo del goce de sus derechos civiles y políticos, producir en él una capite deminutio colocándole en un entredicho político.

Cualquier gobierno que adopte esta conducta frente a un funcionario público, o en general frente a cualquier trabajador o ciudadano o ciudadana del pueblo es un gobierno tiránico, transgresor de los derechos fundamentales del hombre y contrario a los principios y valores que deben orientar a un sistema de gobierno justo. Es obviamente un gobierno fascista. Considero que un demócrata de izquierda, que un socialista moderno, no puede tener un camino recto y virtuoso, sino se despoja de la careta de la hipocresía y se integra totalmente a la batalla por el desarrollo de un hombre nuevo, acorde con su medio y los avances científicos y culturales de la sociedad actual, lo que significa que – nuestra acción por la justicia, la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna, los valores éticos y dianoéticos, una justa distribución de las riquezas, la reducción de la pobreza a su grado ínfimo, el respeto a los derechos políticos y la pluralidad política, el derecho al trabajo, la garantía de los derechos humanos, la libertad de pensamiento y la libertad económica – debe ser su meta y su objetivo final, pero jamás podrá lograrse con alardes, diatribas, discursos fantaciosos y mentiras solapadas, sino con hechos reales y verdades inequívocas.

Insisto, dadas las características dictatoriales, absolutistas y autocráticas del Gobierno Nacional, creo que ese diálogo por la paz es una de las tantas argucias, artificios o juego de brujas para engañar al pueblo venezolano bajo la pretensión de una supuesta propuesta de concordia y tranquilidad. Levantan con una mano la rama de olivo y con la otra el hacha del odio y de la guerra. Indubitablemente, tal como el propio Presidente ha señalado, no hay materia sobre la cual convenir. No hay pacto ni nada que negociar. “El plan de la patria” se ejecutará pase lo que pase. Su revolución “socialista” o mejor dicho su régimen cívico-militar se radicalizará. Con relación a este plan, en una oportunidad, uno de esos chavistas ortodoxos, me expresó: “Este es el plan de la revolución de los patriotas. Los apátridas jamás lo aceptarán, aún a sabiendas de que gracias al Presidente Chávez tenemos patria”. Una advertencia a los líderes de la Unidad Democrática: No hagan el papel de payasos.

Por otra parte, ¿De cuál patria puede hablarse en Venezuela?. ¿Acaso podría hablarse de patria en una nación donde no exista libertad?. Jamás enterremos esa célebre frase de Juan Jacobo Rousseau: “El hombre que pierda su libertad pierde la mitad de su espítitu”. Acaso pueda hablarse de libertad en un país donde la mayor parte de su población no goza de la libertad de información, de expresión, ni de opinión, sin que sea excluida, y donde ese otro sector que dice ser chavista se caracteriza por adoptar una conducta de sumisión, subyugación y obediencia, cuál rebaño de esclavos, donde su opinión es la voluntad de los líderes del Gobierno o del prtido de éste. ¿Acaso es ésta la voluntad del pueblo venezolano?.

Obviamente, se trata de una voluntad mancillada y esclavizada por un régimen dictatorial, cuyas decisiones son de índole militar. Da pena y tristeza, oir esa frase ilusiva, tétrica, reiterativa y vilmente manipulada: “En Venezuela manda el pueblo”. En breve, ese es el juego de brujas que suele practicar el gobierno, cuyos pilares fundamentales son la sumisión y la represión.

Vecnar Cordero

 

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