EN BUSCA DE UN SUEÑO: Ser venezolano fue su sentencia de muerte

@DolarToday / May 31, 2019 @ 3:00 pm

EN BUSCA DE UN SUEÑO: Ser venezolano fue su sentencia de muerte

Sueños y unas ganas de luchar enormes que fueron mandados a una sepultura, solo por ser venezolano. Alirio Alejandro Rodríguez Véliz, expolilara, fue herido de muerte el 15 de mayo y murió el 16 en manos de la banda delictiva “Los Joaquinillos”, en el barrio Capilla de Belén Rincón en Medellín, Colombia, publica La Prensa de Lara.

Alirio nació el 25 de septiembre de 1992 en Barquisimeto. Se graduó de bachiller en el liceo Mario Briceño Iragorry y sus padres le dieron la bendición para cumplir su sueño más grande: ser un funcionario policial, egresando de la Escupol, y entrando las filas del Cuerpo de Policía del estado Lara.

Laboró 5 años, desde el 2013 al 2018, como un “azul”, en la comisaría de Andrés Eloy Blanco, al oeste de Barquisimeto. Muy unido a sus familiares, siempre luchó por no mudarse de su tierra. Sus “cursos” polilaras dicen que a diario Alirio enviaba mensajes de texto con chistes o con el popular “chalequeo“, lo cual le dejó muy buenos amigos dentro del cuerpo policial.

Pero en el 2018 comenzó su pesar. Estaba pasando trabajo con un bajo salario en Polilara. Se fue de baja con pesar en su alma, pero arrancó varios proyectos para ayudar a su familia. No pudo concretar ninguno por falta de dinero, por lo que en marzo de 2019 tomó la decisión de irse con unos amigos hasta Medellín, donde lo esperaban otros panas de Barquisimeto.

Llegando tuvo trabajo en construcción y residencia con sus amigos en el barrio Capilla de Belén Rincón, conocido por los enfrentamientos fuertes entre bandas delictivas que dejan un saldo promedio de 45 crímenes mensuales. Alirio no se preocupó, pues decía que el solo iba a trabajar con la meta de volver a los 2 años a Barquisimeto y montar un negocio familiar.

Pero los primeros días del mes de mayo un chamo venezolano “se comió la luz” en el barrio. Supuestamente ese venezolano, del cual se desconoce el nombre, se metió con uno de los miembros de la banda “Los Joaquinillos”. El líder de la organización delictiva le dio un ultimátum a los venezolanos, todos debían irse del barrio en el lapso de un mes, pues si no prometía una masacre.

Alirio vendió casi todas las cosas que había comprado y estaba esperando la respuesta en una residencia para mudarse y estaba tranquilo, pues el problema no era con el.

Pero el mes no se había cumplido cuando llegó el día fatal para Alirio. El 15 de mayo llegaron dos tipos fuertemente armados a la casa donde vivía él con una familia. Javier Suárez, otro venezolano que vivía allí, tenia a su hijo de 15 días de nacido en los brazos. Uno de “Los Joaquinillos” le dijo a Suárez que le entregara el bebe a su mamá, el lo hizo y no había terminado de soltarlo cuando el colombiano le propinó dos tiros mortales en la espalda, a traición.

Luego de herir a Suarez, ambos hampones colombianos se metieron a la casa y comenzaron a saquearla, pero vieron que Alirio estaba en su cuarto con los audífonos puestos escuchando música. El barquisimetano ni se enteró que los delincuentes estaban allí, solo sintió el frío disparo en el pecho.

Ambos venezolanos, Alirio y Suárez, fueron trasladados a una clínica en Medellín. Al siguiente día ambos murieron, siendo la hora de partida de Alirio a las 8:45 de la mañana. Sus amigos en Colombia llamaron a Venezuela y dieron la terrible noticia a sus familiares.

Su primo, el periodista Ramón Véliz y su hermana María Gabriela viajaron a Medellín para despedir a Alirio, pasando una travesía inmensa que incluyó trochas y un largo recorrido de 28 horas en autobús. El trato por ser venezolanos no fue muy bueno, aunque aseguran que encontraron apoyo en la alcaldía de Medellín y en la Casa Hogar Ser Feliz, quienes tienden a los migrantes venezolanos en situaciones difíciles.

El cuerpo de Alirio quedó en Medellín, pues por ser una muerte violenta no podían trasladarlo, pero sus recuerdos quedaron aquí con su familia, quienes aseguran que para ellos solo esta en un largo viaje, donde no tiene como comunicarse, pero que esperan verlo de nuevo tarde o temprano

 

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