¡ENTÉRATE! Así se vive en Caracas, donde conseguir efectivo es una odisea y comprar un refresco, un lujo

Dolar Today / Jan 5, 2018 @ 8:00 pm

¡ENTÉRATE! Así se vive en Caracas, donde conseguir efectivo es una odisea y comprar un refresco, un lujo

Cada mañana comienza una pelea desigual, la que enfrenta al venezolano con su realidad. Una realidad que lo golpea con fuerza todos los días y a todas horas. Lo hace incluso con el lenguaje, que adapta los cambios que suceden en sus calles al mismo ritmo que suben los precios: el país criollo cerró 2017 con una inflación de 2735%, según Ecoanalítica, tras un mes de diciembre con aumentos constantes que obligó a Nicolás Maduro a decretar la sexta suba del salario mínimo y de los bonos alimenticios 12 horas antes de que acabara el año, publica La Nación de Argentina.

Por Daniel Lozano

El nuevo aumento decretado por Maduro ha estirado a 248.510 bolívares el salario mínimo más 549.000 los llamados cesta tickets . La suma de ambos supone 797.510 bolívares, cuyo cambio en el mercado paralelo, casi el único que funciona en el país porque el gobierno lleva meses sin aportar divisas a las subastas públicas, suma 7 dólares

El alza estratosférica de los precios ha canibalizado tres ceros. “El café son 10 bolívares”, resume Jonny, quien a primera hora de la mañana vende café junto a los William, padre e hijo, en un quiosco de la caraqueña Santa Mónica. No se trata por supuesto de sólo 10 bolos (como los venezolanos llaman a su moneda), porque todo el mundo sabe que lo más barato no es un caramelo de mil bolívares o un cigarrillo de 1200, sino de 10.000. La gran paradoja es que a unos pocos metros un litro de gasolina de 95 octanos cuesta 6 bolívares. Con el dinero de un solo cigarrillo un venezolano puede comprar 166 litros de la gasolina cara, porque de la barata (91 octanos, a un bolívar el litro) llenaría un depósito de mil litros.

El vía crucis de los venezolanos es en revolución tan vertiginoso como el de los cubanos durante la crisis del “período especial”: que no se corte la luz y que haya agua, encontrar transporte, saltar de farmacia en farmacia buscando unas medicinas invisibles, conseguir dinero en efectivo en los bancos, tras aguantar la cola y disponer de ánimo, para buscar y pagar los alimentos imprescindibles, subidos al ascensor de los precios. Hasta las gaseosas cotizaron a 100.000 bolívares en las compras compulsivas de fin de año tras semanas de desaparición en las góndolas. El 12% de un salario mínimo (de los nuevos, contando los cesta tickets) dedicados a una botella de bebida.

 

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