“¡Eran, aproximadamente 21 sillas de ruedas!”: La “viveza criolla” la llevamos a Miami

@DolarToday / Feb 22, 2015 @ 1:00 pm

“¡Eran, aproximadamente 21 sillas de ruedas!”: La “viveza criolla” la llevamos a Miami
Foto de Archivo

El otro día, en un vuelo que hice a Miami por American Airlines, me llamó la atención que al salir del avión había toda una hilera de sillas de ruedas esperando a los pasajeros, las cuales ocupaban todo el corredor de salida. ¡Eran, aproximadamente 21 sillas de ruedas!

De camino hacia la aduana, me iba preguntando: ¿por qué en un mismo vuelo hay tantas personas con problemas físicos? Antes de llegar, y aún faltando un largo pasillo para acceder a la puerta de entrada, me encuentro con una larga cola. ¿Esta es la cola para Inmigración? Le pregunté al señor delante de mí. “Sí señor, y dijeron que desde este punto tardaremos aproximadamente tres horas, ¡Si todo va bien!”.

¿Si todo va bien? En eso observo, el desfile de sillas de ruedas que pasan a mi lado, con sus acompañantes incluidos, avanzando hacia la entrada. “es que los que están en sillas de ruedas pasan directo”, me comentó la misma persona.

¡Típica viveza criolla! me dije. ¡No es posible que en un vuelo comercial casi el 20% de los pasajeros tenga problemas físicos que ameriten una silla de ruedas! ¿Por qué será que los venezolanos siempre queremos ser más vivos que todos, pensando que somos más inteligentes, o quizás que los otros son más tontos? Pienso en lo que me solía decir mi madre: “Carlos, la inteligencia es útil para muchas cosas, la viveza para muy pocas”. ¡Todavía no lo hemos entendido como país!

“Welcome to Miami” indicaban unos televisores colocados en el recinto de la aduana, mientras repetían un video promocional de Miami. ¡Me pregunto si el “Bienvenido” es sincero o es de burla! Un poco más adelante en la fila, una persona estaba hablando por teléfono, seguramente para decirle al que lo esperaba afuera que tuviese paciencia, ya que esto iba para rato. De repente, le apareció una de las señoras que ordenan las filas, que supuestamente las hacen más eficientes, y con cara de pocos amigos, y en forma bien desafiante, le dijo (mejor dicho le gritó): ”Sir, Not phone”. El pobre hombre sólo atinó a decir: ”¡sorry, sorry!”.

Después de 3 horas y 18 minutos, finalmente uno se encuentra delante de un funcionario que en un modo intimidante, y a pesar de que uno trata de ponerle la mejor de las sonrisas, apelando a toda la amabilidad y simpatía del mundo; te pregunta, o mejor dicho te interroga: “¿A qué viene usted a Miami? “, mientras alza el pasaporte a la altura de la cara de uno; me imagino que tratando de entender si el de la foto del pasaporte y el que está delante es el mismo.

¿A qué vengo? Quizás si le respondo con todo lo que siento en ese momento, me mandaría de regreso a mi país, bajo el argumento de que: “si no le gusta, para qué viene”. Por un momento pienso: “La mejor actitud respecto a las palabras es no usarlas, ya que muchas veces (como ésta) tienes todo el derecho a decir de forma libre y únicamente lo que te permiten que digas”.

Dicen que un cambio de actitud lo cambia todo, y suele haber una pequeña diferencia entre la gente, cuando esa pequeña diferencia hace una gran diferencia. ¡La pequeña diferencia es la actitud! La gran diferencia está en si es positiva o negativa. La mía sigue siendo de simpatía y amabilidad. La del agente; desafiante e intimidadora.

¡Sin embargo, su actitud no me sorprende!, es como cuando uno es sorprendido por una repentina tormenta, se puede correr o caminar; pero siempre terminarás empapado. Si uno está preparado mentalmente a la idea de estar mojado, se estará muy poco contrariado con la llegada de la lluvia. Continuará la próxima semana…

cdoradof@hotmail.com

El Universal

 

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