¡ES LA HORA DEL DESPERTAR Y DE LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA! Por Vecnar Cordero

DolarToday / May 6, 2014 @ 9:00 pm

¡ES LA HORA DEL DESPERTAR Y DE LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA! Por Vecnar Cordero

Amigo lector o lectora, yo los invito a revisar la historia en cualesquiera de sus dimensiones, cualquiera que sea el área del conocimiento humano. ¿Podría usted afirmar que no ha habido cambios?. Definitivamente, el mundo actual, ya no es el de siglos pasados. Insisto en sostener, hoy ya no soy el hombre ni siquiera de hace diez años atrás. Mis circunstancias ya no son las mismas. Recuerdo haber vivido en este país, mi patria de siempre, diversas instancias que marcaron mi estado existencial, entre estas: una dictadura, como la de Marcos Pérez Jiménez durante la década de 1950 y las de unos gobiernos que fungieron de demócratas desde 1958 hasta el año 1999, todas estas instancias o circunstancias adversas a mis principios y formas de pensar, hasta el punto de haber estado dos veces preso dada mi condición de ser un hombre ubicado ideológicamente en la izquierda.

 La última de estas instancias políticas fue la del gobierno del presidente Hugo Rafael Chávez Frías, una coyuntura política con la cual me consustancié e identifiqué durante los primeros diez años de su gestión gubernamental, convencido como estaba de su acercamiento a las ideas socialistas que identificó como el socialismo del siglo XXI. Realmente las circunstancias y los discursos revolucionarios penetraron lo más profundo de mi alma. Esta fue mi penúltima circunstancia. Creía en que ésta era la vía para solucionar aquellos problemas que por años han venido azotando al país, especialmente la pobreza y la injusticia social. No podía evadir mi compromiso con aquellos principios que tanto defendí e invoqué en infinitas oportunidades. ¡Obviamente, estuve equivocado!. ¡Errare, humanum est, sed in errore persevare dementis!. Errar es humano, pero perseverar en el error es una locura.

Desde hace apximadamente tres años, comencé dadas las nuevas circunstancias a pensar no en el socialismo arcaico de Marx, Lenín o Federico Engels, ni mucho menos en ese Socialismo falso del siglo XXI, sino en una democracia avanzada, esto es, en un socialismo nuevo, ajustado a la nueva realidad mundial en un todo de acuerdo a sus avances en el orden social, científico, económico, humanístico y cutural, como el camino más loable para formar a un nuevo socialista o realmente demócrata, cuya meta no puede ser otra que llevar a la praxis cierta y verdadera todos y cada uno de los principios que invoca y sustenta la Carta Magana venezolana, amoldados a los cambios progresistas e innovaciones del mundo actual, donde no solamente se respeten los derechos humanos sino la propiedad privada con las regulaciones que sean necesarias.

 La última de tales circunstancias, aunada a la penúltima, dado el alto grado de injusticia y degradación de los derechos humanos, me ha obligado reestudiar y analizar cuidadosamente la Constitución, por dos razones básicas: la primera, porque no puede permitirse que la misma sea interpretada fuera de lo que significa realmente la ciencia de la hermenéutica. Su interpretación y aplicación no puede estar fuera de su marco jurídico, sujeta al capricho e intereses de del Gobierno de turno. Realmente, comprendí que no podía avalar las tantas y obscuras violaciones cometidas sobre la base de una falsa verdad en nombre de un socialismo fosilisado; y la segunda, por cuanto amante como soy del arte de la pedagogía, no puedo aceptar ni menos aún, promover su código de mentiras. Ciertamente se requiere de un demócrata nuevo e inteligente. No obviemos la regla de que la inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en un todo acorde con los valores humanos y con la verdad, quiero significar la verdad cierta, ontológica e inequívoca.

Es ésta la época del despertar del mundo, donde ni los grandes imperios, ni el capitalismo salvaje, ni el socialismo arcaico, ni las autocracias, ni las dictaduras, ni las monarquías, ni el gobierno de un sólo partido, ya no tienen cabida, salvo que no sea por el dominio de la fuerza, del miedo y de la violencia. Ya no es posible vendar a todo un pueblo y conducirlo como rebaño. Es el momento de la participación y protagonismo de los pueblos y donde ya la máscara de los promotores de la falsa y simulada verdad ha quedado descubierta, una máscara que por fuerza de los cambios culturales y avances de la ciencia y del conocimiento desaparecerá. Recordemos aquella sentencia de Rómulo Gallegos en su obra magna “Doña Bárbara”, en el Capítulo “Algún día será verdad”: << Algún día será verdad, el progreso penetrará en la llanura y la barbarie retrocederá vencida, tal vez nosotros no alcanzaremos a verlo, pero sangre nuestra palpitará en el corazón de quien lo vea>>. Una sentencia que hoy podríamos invocarla como un símil, pero ajustada a las nuevas circunstancias. Sería sano preguntarle a Usted, amigo lector – ¿Cuál es tu verdad?.

 En mi caso particular mi verdad es la de un un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, como reza la Constitución Bolivariana de Venezuela, donde exista una mejor garantía de vida, donde la delincuencia común y de cuello blanco desaparezcan, donde el desarrollo de una economía diversificada constituya la base fundamental para el crecimiento de una República en el orden productivo, donde el sector industrial y agrícola marquen las pautas de una economía fuerte, que le permita a los venezolanos la satisfacción de sus necesidades básicas. Más producción, más fuentes de trabajo, cero exclusión en la administración pública, cero persecución política, más igualdad, menos pobreza, menos delincuencia, respeto a los derechos humanos, más seguridad jurídica y más justicia social. Indefectiblemente el gobierno que los venezolanos requerimos, no puede ser otro que el establecido en nuestra Carta Magna: un ESTADO DEMOCRÁTICO Y SOCIAL, DE DERECHO Y DE JUSTICIA.

Insistir en un régimen socialista, como reiterativamente lo invoca el Gobierno Nacional, sus secuaces y adulantes, constituye la más grave violación de la Constitución Nacional, o mejor dicho no significa otra cosa que la profanación latu sensu y atropello de su espíritu, propósito y razón, y por ende de la voluntad popular consagrada en su Preámbulo. De aquí, que si se pretende como aspira al Gobierno Nacional dialogar con la oposición, el primer punto de la agenda, como conditio sine que non para conquistar la paz, debe ser: Eliminar la retórica de que Venezuela es un país socialista, que las instituciones del Estado son instituciones socialistas, y que los ministros y algunos oficiales de las Fuerzas Armadas se abstengan de llamarse socilistas.

Reitero, afirmar que nuestro Venezuela es un país socialista constituye una violación incontestable y aberrada de la Constitución venezolana. Sostener un diálogo sin que sea debatida esta primera condición es caer en la burla, maquinación y argucia del Gobierno Naional. No olviden que estamos frente a una dictadura cívico – militar, cuyo objetivo es mantenerse en el poder bajo su juego de brujas, apoyando su eneficiencia, persecuciones políticas, desabastecimiento y todas sus políticas erradas, en un mundo de fantasía, promovidos en discursos interminables para adormecer al pueblo venezolano, alegando permanentemente que todo lo que sufre Venezuela es producto de la guerra económica de la burquesía y de lo que ellos permanentemente llaman “el imperio”.

 Aduciendo gotescamente la existenia de un “Plan Nacional e Insurrecional contra Venezuela”. A mi juicio, el único Plan que existe es el de Cuba para que nuestro país radicalice cada vez más lo que ellos se jactan de llamar Revolución socialista”. ¡No más engaño y no más artificios!. ¡Luchemos contra su código de mentiras!. ¡Basta de persecuciones y presos políticos. ¡Libertad, libertad, libertad!. ¿Sobre qué base moral puede este Gobierno criticar al Gobierno de Marcos Pérez Jiménez y de la Cuarta República?. ¡Es la hora del despertar y de la lucha por la defensa de un verdadero ESTADO DEMOCRÁTICO Y SOCIAL, DE DERECHO Y DE JUSTICIA!.

Vecnar Cordero

 

 

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