“Es una idiotez irrealizable”: Yo no fui comunista… (Por Orlando Viera Blanco)

@DolarToday / Feb 11, 2015 @ 6:00 am

“Es una idiotez irrealizable”: Yo no fui comunista… (Por Orlando Viera Blanco)

Es común la frase “quien no fue comunista en la juventud no tiene corazón y quien no es capitalista en la adultez  o no tiene cabeza o carece de razón”. El tema va más allá.  La juventud no aborrece el capital o lo “resiste” reflexivamente. Simplemente ignora su origen y poder. Ese amor por lo igualitario; por una sociedad de permuta, paz y revolución al decir de Popper, “es una idiotez irrealizable”. De entrada las revoluciones no son pacíficas. Lo que ha demostrado la experiencia, madre de todas las ciencias (Cervantes), es una profunda ansiedad de poder del “líder” de fusil para inducir reflujos (Dixit Ruth Capriles/El Libro rojo del resentimiento). Y de esa angustia de “redimir a los pobres” a convertirse en un degustador de caviar, hay menos de un paso.

La historia va de personajes que en su juventud padecieron la pobreza, leían a Marx (entre páginas) y soñaban con un mundo comunitario, ajeno a la “explotación del patrono”. Hombres como Khrushchev, Castro u Ortega, más toda una estela de revolucionarios en lo cual Venezuela no es excepción (de la IV a la V), que instalados en el poder, se trajearon de  paltó levita y se sentaron a comer con cubiertos de oro y plata…Muy pocos guardan las apariencias. Pero esto no es fenómeno sólo de Presidentes o autócratas. Ya lo alertaba Malula, aquel memorable personaje de Radio Rochela: “Yo nací en el barrio, me crié en el barrio, ¡pero con qué ganas me iría vivir pal’ Country Club”. Esencia “aspiracional” del venezolano, con el detalle que llegar al Country, no se concibe con la variable trabajo…Ya lo advertía Max Webber en su tratado sobre el espíritu del capitalismo: “Para que una forma de vida bien adaptada a las peculiaridades del capitalismo pueda superar a otras, debe originarse no sólo en individuos aislados, sino como una forma de vida común a grupos enteros de personas”.  Indudablemente el primer promotor de esa forma de vida-capitalista-debe ser el Estado, sin tabú.

El propio contractualista Jean-Jack Rousseau, pensador de la ilustración, cabalgó sobre una ficción igualitaria llamada colectivo, a quien le sugería delegar en el gobernante, su representación y mando para organizar la polis. Ello daría base a La República.  Los tiempos demostraron que lo que olvidó Rousseau (también Platón) y sus colegas Montesquieu o Diderot, fue un pequeño detalle: ¿Qué justifica tal endoso? ¿Qué recibo a cambio? ¿Ciudadanía y nada más? Aristóteles estaba claro: ”Los bienes comunes reciben menos cuidado que los propios”. Y a diferencia de Platón, defendió la propiedad privada, base del capitalismo. La República igualitaria, fraterna y solidaria de la Revolución Francesa pronto tuvo que responder a una pregunta de pronto muy humana, muy terrenal y muy sencilla: ¿Cómo se costea esto? Es muy lírico escuchar consignas censitarias y pobrecitistas.  Pero cuando se trata de resolver la pobreza quitándole a los ricos para dárselo a los pobres, todos terminan pobres menos sus mentores. Francia y su asistencialismo, lo llevan muy mal. España y sus pensionados quebraron el sistema. Italia aún no tiene claro cómo salir de su letargo. A Grecia se la tragó la deuda social y EEUU en su momento (y aún lo padece), ha pagado un elevadísimo precio de wealfare. El asistencialismo, socialismo, comunismo, igualitarismo, centralismo o colectivismo, es un fenómeno que poco estimula una dinámica creativa, evolutiva y productiva propia de la razón humana. Pocos como Locke o JS-Mill, supieron anticipar las perversiones hipócritas del discurso comunista. Así lo resume la Teoría sobre la Propiedad-Trabajo del pensador Ingles (Locke), según la cual la tierra y las cosas pertenecen a quien las crea y trabaja. O la Ética utilitarista de John Stuart Mill que habla del egoísmo particular, orientado hacia el bienestar general, esto es,  el bienestar colectivo que postula el utilitarismo. “Un cuchillo es bueno no para cortar un trozo de pan sino por favorecer a toda una comunidad como beneficio colectivo”. Un movimiento grupal inventivo en la cual evolucionamos todos.

La expropiación de derechos y posesiones del hombre, no es justicia, es confiscación. Acto de resentimiento que exorciza el esfuerzo. La revancha atiborra los bajos instintos humanos a costo de la modestia. Y en ese modelaje todos quedamos empobrecidos, moral, material y espiritualmente. En Latam el discursillo de la lucha de clases, trajo dictaduras (como alternativa y como desquite). Y sólo un pensamiento liberal respetuoso de la propiedad privada y del mercado, condujo a la resiliencia (capacidad de reponerse de situaciones adversas). En Chile el socialismo comprendió que las empresas públicas, quiebran. En Perú el turismo desplazó al latifundio. En Brasil los industriales comprendieron la corresponsabilidad social, pero la sociedad  entendió que prosperidad con socialismo no dura. Y en Venezuela aún no hemos entendido nada de nada y todos quieren ser Social-Demócratas… Jamás fui comunista. Desde chico lavé carros para ganarme la vida. Tenía cabeza, tenía razón.

vierablanco@gmail.com

@ovierablanco

El Universal

 

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