ESTUDIAR Y NO EMIGRAR: el drama de educarse en una universidad pública en Venezuela en tiempos de crisis

@DolarToday / Nov 5, 2019 @ 7:00 am

ESTUDIAR Y NO EMIGRAR: el drama de educarse en una universidad pública en Venezuela en tiempos de crisis

Abandonar la carrera es un pensamiento recurrente entre quienes han decidido quedarse en Venezuela a estudiar la universidad. Jóvenes conversaron con La República sobre cómo insisten en su lucha por hacerse de un título en un país que cada día se sumerge en la crisis.

María José Vargas / La Razón

La fundaron hace 60 años con el firme propósito de formar a hombres y mujeres en áreas de ciencia y tecnología, de esa forma fomentar el desarrollo de un país. Hoy la Universidad de Oriente (UDO), una de las más importantes en Venezuela, muestra su peor cara.

La UDO fue inaugurada en 1958 por el entonces presidente Rómulo Betancourt y en ese momento dijo: “… A la Universidad de Oriente deben venir de todas las capas sociales, porque en este país debemos hacer cierta la fórmula de que dentro de la democracia la única aristocracia que existe es la del esfuerzo tesonero, laborioso y creador”. Palabras que han calado en varias generaciones que se han formado y egresado de la “casa más alta del oriente venezolano”.

La crisis en Venezuela ha perjudicado a todos los sectores causando daños que hasta la fecha se creen irreparables. La educación es un tema que ha dado mucho de qué hablar en las últimas semanas ante las protestas masivas de docentes, quienes reclaman un salario digno.

En agosto de este año, la diputada por el estado Sucre, Milagros Paz, indicó que debido a la crisis que enfrenta el sector educativo, la deserción en las universidades venezolanas ronda el 60%, una cifra nunca antes vista.

En 20 años de gobierno chavista, cientos de protestas se han registrado en los diferentes núcleos de la UDO para exigir mejoras en la infraestructura, mayor presupuesto, seguridad, conflictos estudiantiles, mejores salarios y hasta la renuncia de Nicolás Maduro.

La sexta universidad autónoma de Venezuela, reconocida por formar a médicos, docentes e ingenieros y con cinco sedes en todo el país está al punto del colapso.

Alba Hidalgo, estudiante de Medicina de la UDO Anzoátegui, confesó a La República que educarse es un “milagro” en estos tiempos. “La calidad de vida en Venezuela no permite que trabajes y estudies al mismo tiempo, simplemente te pone a elegir, estudias o comes. Si decides estudiar en una universidad privada, la mensualidad está por las nubes y si estás en una pública es una tortura”, comentó.

Describió que para poder inscribir sus materias en cada semestre por la web resulta más engorroso en un sistema obsoleto y que no carga por las deficiencias en la conexión a Internet que existen en Venezuela.

Al pasar los años, la infraestructura se ha deteriorado por falta de mantenimiento o porque vándalos han destruido o robado ventanas, marcos, cableado, escusados, lavaderos e incluso tuberías. La inseguridad reina a cualquier hora del día y los más perjudicados son los estudiantes, quienes pueden ser víctimas de asaltos a mano armada, tanto dentro como fuera del campus.

Hidalgo entiende y explica con pesar que estudiar en una universidad autónoma en su país es de valientes, que decidieron prepararse como profesionales, ante un panorama que no ofrece garantías de que al salir se puede obtener un trabajo bien remunerado.

“Estudiar aquí es tener las ganas de hacerlo. Algunos profesores se aprovechan de la situación y los que son realmente honestos se retiran por las circunstancias en la que se encuentra la universidad. Los entes encargados no hacen nada y por más que se exijan los derechos no nos prestan atención. No hay presupuesto para un comedor y muchos menos para las unidades de transporte, los docentes no son bien pagados y los estudiantes becados no existen”, expresó la joven de 22 años.

Describió que hacer vida dentro del núcleo Anzoátegui es insostenible en muchos casos. La Escuela de Medicina no tiene energía eléctrica desde hace meses, los cables se los han robado y no hay organismo alguno que pueda solucionar el problema. En la UDO no pueden dirigirse a un baño porque es “pura urea y materia fecal”.

Los bajos ingresos imposibilitan estudiar en una universidad privada, pero Hidalgo admira a quien puede hacerlo. “Estudiar en una universidad pública es la peor desidia y el abandono que hay es una vaina de otro mundo”, precisó.

Andrea Castagnoli, presidenta del Centro de Estudiantes de Arquitectura (UDO), aseguró a La República que la crisis dentro de la universidad ha crecido exponencialmente. Solo quiere tener las condiciones necesarias para ver clases. “Luz y agua creo que es lo mínimo que se requiere, no tenemos estos servicios desde hace cuatro ciclos y sin embargo hemos sobrevivido”, comentó.

Cree que el deterioro y la tardanza en solucionar los problemas básicos se debe a una “apatía” entre quienes laboran y estudian. “La gente quiere ir, estudiar y salir (del país). Ya nadie tiene ganas de protestar por algo que no va a pasar”, comentó en tono de frustración.

Advierte que existen compañeros que no saben que profesores les tocará en el semestre, aunque aparezcan en un listado de asignación. Saben que muchos de ellos han abandonado sus cargos porque emigraron y no se enteran por notificaciones oficiales sino por fotos en redes sociales.

“Creo que los que estamos aquí sabemos lo que significa un título de una universidad venezolana porque nos han enseñado a trabajar con las uñas y en medio de las adversidades es algo que se rescata”, manifestó.

Pese a que Castagnoli ya ha cursado siete ciclos, ha pensado en reiteradas oportunidades en abandonar cada vez que regresa de unas vacaciones y se encuentra con un nuevo robo en la escuela de Arquitectura.

Un profesor universitario puede ganar entre 10 y 20 dólares
No solo los estudiantes padecen ante la crisis. Los profesores, personal administrativo y obrero también viven las penurias de trabajar en una institución que está en total abandono y sin presupuesto.

Tirso González, profesor y presidente de la Asociación de profesores de la UDO, dijo a La República que el personal docente vive en “pobreza extrema” porque devenga un salario que no se ajusta a la realidad de una Venezuela dolarizada.

“Un profesor gana 0.67 dólares diarios y según el Banco Mundial, la persona que gane menos de 1,90 dólares se puede considerar que está en pobreza extrema porque el gobierno de Maduro ha violado la Constitución y lo ha querido así”, expresó González.

En los últimos 10 años, el recorte presupuestario por parte del gobierno de turno ha traído como consecuencia el deterioro en las instalaciones y calidad académica de cada casa de estudio, pero el anhelo de obtener un título puede más en los más de dos millones 800 mil estudiantes que aún continúan asistiendo a las aulas universitarias de Venezuela, según datos del gobierno de Maduro. El preferir eso antes que emigrar, supone que la lucha no es solo de quienes salieron del país, sino de los que quedaron dentro.

 

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