¡HIJOS DE LA PATRIA NUEVA! Niños en edad escolar “juegan y quieren” ser como “El Picure” (reportaje de impacto)

DolarToday / May 13, 2016 @ 8:00 pm

¡HIJOS DE LA PATRIA NUEVA!  Niños en edad escolar “juegan y quieren” ser como “El Picure” (reportaje de impacto)

“Yo quiero ser como José Antonio”, “Yo quiero tener una AR15 como José Antonio, “Yo quiero una pistola de oro como José Antonio”. Estas frases son parte del día a día en las escuelas y liceos de El Sombrero, población del estado Guárico, y también son realidades que los docentes deben afrontar en las aulas de clases.

Vanessa Moreno Losada/ Reynaldo Mozo / Efecto Cocuyo

“José Antonio”, como le decían los pobladores a José Antonio Tovar Colina antes de su muerte, era uno de los delincuentes más buscados por las autoridades venezolanas desde 2012. Él nació en El Sombrero y estudió en el liceo Alberto Isaac Padra del barrio Bicentenario. Allí su desempeño fue promedio y era tildado por los docentes como despistado, pero a los 17 años su conducta se tornó violenta y delictiva.

Se inició con robos de vehículos, extorsiones en el sindicato de la construcción ferroviaria y llegó a secuestrar y asesinar a comerciantes, ganaderos, niños, jóvenes y adultos. Hasta el 3 de mayo de 2016, cuando falleció al enfrentarse a cuerpos policiales y militares, su prontuario criminal archivaba 18 solicitudes y una alerta roja de Interpol.

“Nosotros estamos sorprendidos de la maldad que tenía ese muchacho. Jamás imaginamos que había tanta maldad en él”, reflexionó un docente de El Sombrero, a quien se le resguardará su identidad, por el temor que tiene la comunidad a los delincuentes de la banda.

Él y otros profesores con los que conversó Efecto Cocuyo en la localidad, mostraron la preocupación y frustración con las que viven en las aulas, al ver cómo algunos alumnos quieren seguir el ejemplo del “El Picure”, pese al dominio armado que este hombre ejercía en la población y otros estados del país.

“Uno escucha a los niños que juegan a ser ‘El Picure’, ‘El Morroco’, ‘El Duindi’ (apodos de otros delincuentes de la banda). Uno los ve usando palos como si fuesen fusiles y oye a las niñas decir que son las novias de ellos y por eso van a garitear la zona (vigilar). ¡Es horroroso! Los regañamos, pero en sus casas ¿quién les dice que eso está mal?”, dijo el docente.

De acuerdo a los testimonios recogidos, la banda de “El Picure” logró llevar al mundo de la delincuencia a jóvenes de la comunidad y de otras localidades cercanas. Les ofrecían dinero, drogas, armas y motos. Les enseñaban a escoltar a sus secuaces, a disparar las armas y manejar las motocicletas. Incluso aseveraron que la iniciación era el asesinato de un contrario.

“Si estos muchachos no tenían padres que los vigilara, caía en las manos de ellos (delincuentes). Porque a veces en locuras de juventud se puede caer en errores graves”, manifestaron.

El líder negativo empieza por las aulas

Fernando Pereira, educador con especialización en derechos humanos de niños, niñas y adolescentes y director de Cecodap, señaló que la admiración de algunos niños y jóvenes de El Sombrero hacia “El Picure” podría deberse a que los infantes ven al líder negativo como una figura de poder. “Tovar Colina disfrutaba de bienes que la gente común y corriente no tiene. Si un niño crece en una comunidad donde el crecimiento económico y social con el trabajo honesto es difícil, probablemente la figura delictiva se vuelve una alternativa para él”, explicó el experto.

La violencia escolar en 2015 aumentó 38% en el país, según el balance anual que publica Cecodap. Esta categoría engloba las protestas de estudiantes, docentes y padres, las fallas en la estructura escolar e insalubridad, fallos en el pago de matrículas, irregularidades en el Programa de Alimentación Escolar y la falta de docentes.

En El Sombrero, la violencia escolar no se contabiliza sistemáticamente, pero se graba en la memoria de los alumnos, profesores y representantes. “¡Qué pobreza hay en nuestras escuelas! Aquí el niño le cae a patadas a la niña y la niña de primer año invita al niño a tener sexo, por ejemplo. Esto es salvaje totalmente”, exclamó Orlando Martínez, sacerdote de la parroquia Inmaculada Concepción desde hace cuatro años y orientador de una de las 20 instituciones educativas que existen en la población.

Riñas, amenazas y tiroteos son algunos de los episodios que se suscitan en los espacios educativos de El Sombrero. Los profesores con los que conversó Efecto Cocuyo no recordaron que alguno de estos eventos haya generado una muerte dentro de las instituciones, pero aseguraron que son una razón para la deserción escolar.

“Sí, hay faltas de algunos alumnos por pelear con otro o por temor a que uno de la banda le haga daño. El común de las faltas viene por la poca distribución de comida del Programa de Alimentación Escolar, cuando hay la matrícula se regula, sino la ausencia de los estudiantes aumenta”, manifestó una maestra.

Puntualizó que para los niños y adolescentes de El Sombrero convivir con delincuentes los coloca en una posición difícil: “Los alumnos te dicen que los tienen que saludar (a los delincuentes), hablarles si ellos les hablan. Tienen miedo de que sus propios compañeros, que son conflictivos, les den un tiro en cualquier momento. También vivimos temerosos de que si ellos creen que los estás delatando, van a buscarte y pa’, pa’, pa’. Ese es el gran problema que tenemos aquí”.

Los niños de El Sombrero no necesitan prender la televisión para ver escenas del lejano oeste. Los habitantes indicaron que los miembros de la banda de “El Picure” circulaban con sus pistolas, escopetas y fusiles por el pueblo. Lucían sus motos y Four Runner y camionetas tipo machitos.

“Una vez mataron a un muchacho y desde que salieron de Bicentenario, era moto y moto. ¡Cómo sonaban esas motos! También disparaban hacia arriba, a todos lados. Pusieron la urna en la redoma de Tamarindo (una de las vías más transitadas). Las motos le daban vuelta a la urna, lo bailaban. Eso fue horrible. Primera vez que veía eso y todo fue a la vista de niños y adultos”, narró uno de los habitantes del sector.

“Es necesario hablar con los niños, no nos queda de otra que hablar con ellos y escucharlos. Hay que hacerles entender que esta situación no es normal ni natural”, aconsejó el director de Cecodap.

Docentes de manos atadas

Uno de los maestros con los que se conversó, recordó que en una ocasión un niño de tercer grado de educación primaria llevó al aula de clases 10 balas. Los profesores citaron a su representante. La madre defendió al estudiante y pidió que no tomaran represalias contra él. Prefirió retirarlo de el colegio, antes de que preguntarle a su hijo de dónde provenían las municiones.

En El Sombrero hay cerca de 800 profesores que están expuestos a este tipo de situaciones. Algunos han decidido mudarse de la ciudad, por la violencia y los bajos sueldos, que rondan el salario mínimo. Hasta la fecha se conocen cuatro confirmados casos de migración docente.

“En momentos de crisis institucional se dificulta la respuesta porque los docentes se siente con las manos atadas. El Ministerio de Educación debería tomar medidas, al igual que la Defensoría del Pueblo y la Zona Educativa. No pueden dejar todo el peso al educador de El Sombrero”, indicó Pereira, el especialista en derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Aconsejó que los docentes creen una red de información para no quedarse aislados y debatan acciones para afrontar la violencia escolar, sumando a los representantes. Precisió que no todas las familias están involucradas en situaciones de violencia. “Los profesores deberían tener ayuda profesional donde los ayuden a manejar el miedo”, agregó.

El 3 de mayo hubo tres tiroteos en el sector La Charneca y Juan Ángel Bravo de El Sombrero, estado Guárico, donde murieron ocho personas, entre ellos “El Picure”. Los vecinos de la zona vivieron más de 19 horas de zozobra y temor al escuchar los consecuentes disparos entre las fuerzas de seguridad del Estado y el delincuente.

Una fuente indicó que esta semana los profesores están generando un plan de trabajo para abordar la situación en la que sus alumnos se ven afectados, por las consecuencias que dejó el líder negativo y su guerra contra la autoridad.

Los esfuerzos serán enfocados en los barrios más cercanos al sector Bicentenario, aseguró la fuente. Allí fue donde presuntamente se originó el círculo más cercano a Tovar Colina, impartirán talleres de valores a los jóvenes. “No queremos abandonar a los muchachos conflictivos, queremos enamorarlos para sacarlos de ese mundo”, dijo.

El director de Cecodap advirtió que de no tomar medidas para atacar esto, la comunidad juvenil seguirá “soñando con ser como “El Picure”, o ser parte de sus herederos. Esta es una generación en la que tenemos que erradicar la violencia. Hay que enseñarles que honestamente se pueden lograr muchas cosas”.

 

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