¡HUMILLANTE! Líderes del PSUV dirigen batallones de la Milicia

Dolar Today / Jul 17, 2016 @ 1:00 pm

¡HUMILLANTE! Líderes del PSUV dirigen batallones de la Milicia

En la avenida Lecuna, entre Nuevo Circo y Parque Central, muchos saben que hay un polideportivo con un campo de beisbol, una cancha de básquet y otra de futbolito. Lo que pocos conocen es que en ese mismo lugar se ubica el batallón de Milicia Parroquia San Agustín, una de las 499 unidades de este tipo que existen en toda Venezuela según cifras oficiales.

“Ni idea”, responde un muchacho que vende dulces en un toldo negro cuando se le pregunta sobre la estructura militar a escasos metros de su posición. El despiste es entendible. El batallón está muy alejado de la idea preconcebida de lo que es una estructura castrense: no cuenta con avisos especiales de identificación y se oculta dentro de una casa blanca que en sus paredes tiene pintas alusivas al PSUV, Hugo Chávez y la paloma de la paz.

“Esto lo mantiene la Vicepresidencia y también hay oficinas de la Misión Evangélica, de Protección Civil y Barrio Adentro”, comenta Héctor José Herrera, comandante del batallón y el único miliciano presente en ese momento a pesar de que en la unidad están inscritos 350 hombres y mujeres.

Herrera tampoco es el prototipo de la idea generalizada que existe sobre un comandante de batallón. Tiene 60 años, usa bastón y lentes, y ese día vestía un pantalón holgado con una chemise.

“La Milicia no tiene edad. Todos servimos, aunque sea para llevar comida a una trinchera en medio de la guerra. Aquí no se denigra ni se desecha a nadie”, agrega el comandante, que en su juventud fue parte de la tropa profesional y la reserva activa.

El hombre pasa todos los días de la semana en ese lugar recibiendo solicitudes de ingreso a la Milicia, un cuerpo politizado dentro de la Fuerza Armada que ha venido creciendo calladamente desde su creación oficial en 2008 y que se ha convertido en la piedra angular del objetivo chavista de armar a la ciudadanía para defender el proceso revolucionario de cualquier ataque interno o externo.

El avance no se detuvo con la muerte de Hugo Chávez y llegada a la presidencia de Nicolás Maduro. Más bien se aceleró.

En 2014 se modificó la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana para colocar a la Milicia bajo el mando y conducción de las Áreas de Defensa Integral (ADI) cuando se movilice, lo que la insertó en la estructura de la FANB, compuesta también por 7 Regiones de Defensa Integral y 24 Zonas de Defensa Integral (una por entidad). En octubre de 2015 el jefe del Estado activó 99 ADI en todo el país y designó a sus comandantes.

“Ha habido una línea de continuidad entre Chávez y Maduro. Primero fue un proceso de creación y ahora es de fortalecimiento”, advierte Luis Alberto Buttó, historiador y especialista en el tema militar.

“Con Chávez la Milicia estaba más en un terreno declarativo y había pocos hechos. Ahora ha habido pasos concretos: se creó una estructura, se designaron recursos y se distribuyeron armas”, agrega Rocío San Miguel, presidente de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, Defensa y la Fuerza Armada Nacional.

Pero buena parte de la estructura de la Milicia es clandestina. El Ministerio de la Defensa no anunció los nombres de los 99 jefes de las ADI y tampoco entregó la lista de los 499 batallones y su ubicación. Se conocen solo datos dispersos y a cuentagotas gracias a redes sociales de los propios milicianos, documentos oficiales disponibles en la red pero difíciles de encontrar, blogs y algunos reportes de prensa, lo que genera incertidumbre sobre la verdadera capacidad operativa de este cuerpo y sus intenciones.

Pueblo en armas. La llegada del chavismo al poder cambió por completo la noción de las relaciones civiles y militares que existía en Venezuela. De un modelo de Estado Liberal, caracterizado por el control civil sobre la Fuerza Armada, la cual se concentraba en labores de defensa, se pasó a una “filosofía de unión o indiferenciación”, tal como escribe la historiadora Rosaura Guerra en un artículo publicado este año en el libro El Estado Cuartel en Venezuela: Radiografía de un proyecto autoritario.

Por un lado, esto dio paso al fenómeno varias veces destacado de la participación de militares en política. Por otro, involucró a los civiles en labores de defensa que no les eran propias, lo que para el oficialismo termina de concretar la llamada “unión cívico militar” (sic).

Guerra añade en su escrito que la participación civil en defensa se materializó con la configuración de la milicia bolivariana, inicialmente planteada como un cuerpo de reserva, y la implementación del programa de instrucción premilitar en el sistema educativo nacional.

El primer intento del chavismo de armar, entrenar y movilizar a la población civil en labores de defensa se dio en el año 2001 con la aparición de los círculos bolivarianos, grupos que se mantuvieron alejados formalmente de la Fuerza Armada, aunque varios militares retirados fueron los encargados de organizarlos.

Nelly Arenas y Luis Gómez escribieron en 2004 un artículo en el que sostenían que Hugo Chávez necesitó de estos grupos debido que la FAN estaba sometida en ese tiempo a importantes fluctuaciones y su “conversión” en un cuerpo sólidamente revolucionario no era posible a corto plazo. Por esto le era “necesario reforzar su capacidad de coerción con fuerzas organizadas e incondicionalmente leales”.

Los círculos bolivarianos tenían una estructura piramidal con una línea de mando que llegaba hasta Miraflores. Sumado a sus funciones de defensa y el entrenamiento recibido por sus miembros, estos grupos desarrollaron un parecido con los llamados partidos de milicia, descritos por el académico Maurice Duverger en 1957 y típicos de modelos fascistas.

Los círculos bolivarianos se desgastaron luego de los sucesos de abril de 2002 y empezaron a perder importancia. Pero la ONG Control Ciudadano advierte, en un estudio publicado el mes pasado, que fue en ese mismo año que el oficialismo comenzó a darle forma a un cuerpo armado dentro de la propia Fuerza Armada integrado por civiles “afectos a su llamado proceso revolucionario”.

En 2005 Chávez asumió el mando directo sobre la reserva y creó el Comando General de la Reserva Militar y Movilización Nacional, el cual se convirtió en el primer antecedente formal de la Milicia Bolivariana, indica Control Ciudadano.

Tres años después fue formado oficialmente el nuevo cuerpo a través de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana promulgada en 2008 y a pesar de que los venezolanos rechazaron en 2007 la reforma constitucional que, entre otras cosas, incluía a la Milicia como un quinto componente de la FANB.

Unión con el partido. El pasado 17 de mayo, Luis Reyes Reyes, vicepresidente de Seguridad y Defensa del PSUV, anunció que el partido se trazó el objetivo de que al menos 80.000 de sus militantes se unan a la Milicia, para lo cual 6 integrantes de cada una de las 13.682 UBCH que tienen en el país deben enrolarse en el cuerpo militar.

Si se cumpliera esa meta, más de la mitad de los miembros que componen la llamada “vanguardia” del partido (delegados al Congreso y jefes de Círculos de Lucha Popular, UBCH y patrullas) pasarían a ser milicianos.

El planteamiento no es del todo novedoso, pues militantes de la organización ya están inscritos en este cuerpo nacional de la Fuerza Armada e incluso comandan unidades.

Tal es el caso del Batallón de San Agustín, donde Herrera admite que es a la vez “jefe de seguridad y defensa” del PSUV en la parroquia.

Esa situación no es aislada. Entre los pocos batallones identificables está también el de Empleo General Padre Ramón Ignacio Méndez, ubicado en Guasdalito, Apure. Su comandante es Yorliz Fernández, un miliciano que fue candidato a concejal del PSUV en las elecciones municipales de 2013.

“La Constitución establece que los integrantes de la FANB no deben tener militancia política. Siendo el miliciano un integrante de la FANB, tiene un impedimento constitucional para militar en un partido. Esa situación sería una violación flagrante de la Constitución”, advierte Buttó.

Más información en El Nacional.

 

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