LA AGONÍA DE PADECER UNA ENFERMEDAD EN VENEZUELA: “Mis hijos están pequeños y yo quiero seguir viviendo”

DolarToday / Sep 7, 2015 @ 6:00 am

LA AGONÍA DE PADECER UNA ENFERMEDAD EN VENEZUELA: “Mis hijos están pequeños y yo quiero seguir viviendo”

Yolimar Ferrer es uno de los centenares de pacientes que padece la carestía de medicamentos en centros de salud públicos. Anticonceptivos, antihipertensivos están desaparecidos

Dalila Itriago / El Tiempo

El lunes 24 de agosto, Yolimar Ferrer parecía contenta. Sentada en una de las sillas plásticas de la Farmacia de Alto Costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss) de Los Ruices, Caracas, esperaba con paciecia la entrega de la dosis mensual de Herceptin y Tamoxifeno, medicamentos imprescindibles para mantener a raya al cáncer de mama que la llevó a un quirófano en septiembre de 2013.

El mes pasado, Yolimar regresó a El Vigía, donde vive con su esposo y sus tres niños, Anderson, Germaín y Scarlett, de 6, 9 y 15 años de edad, respectivamente. Llegó sin nada en las manos, pero con una angustia que le devora su salud: “Sin quimioterapia mi cuerpo resiste hasta dos meses. Después de eso puedo recaer en la enfermedad si no me coloco los medicamentos”, explica.

Es una de las 42.017 personas en el país con tumores sólidos, y debe viajar cada tres semanas, durante 12 horas en autobús, desde El Vigía a Caracas, para poder mantener las esperanzas de vida.

Con aparente serenidad, cuenta que a diario piensa mucho en su situación: no puede tomar sol, nadie le da trabajo porque tiene que ir a la capital del país cada 21 días a retirar su medicamento, no cuenta con los recursos para trasladarse (el único ingreso del hogar es el de su esposo, quien se gana la vida como chofer de camionetica) y ni hablar de comprar por su cuenta el tratamiento.

“Pienso mucho y me digo, ¡cónchale! cómo haré. No tengo cómo comprar las medicinas. Me da miedo recaer. Mis hijos están pequeños y yo quiero seguir viviendo”, revela.

Como ella, cientos de pacientes acuden a diario con una pequeña cava a este centro de expendio público de fármacos, una de las 73 Farmacias de Alto Costo del Ivss que distribuyen gratuitamente medicamentos para tratar 260 tipos de cáncer en 47.134 pacientes de todo el país, y otras enfermedades.

Son tratamientos imposibles de sufragar incluso para gente con recursos, pero que a veces deben ser interrumpidos porque cada vez es más difícil conseguirlos en las farmacias.

“Este no hay”, se escuchaba decir a uno de los trabajadores de la institución que chequeaba el récipe de Yolimar antes de permitirle el ingreso a la sala donde se retiran los medicinas.

Pero la paciencia de los afectados tiene sus límites. El jueves 27 de agosto pasado se registró una protesta frente a esta farmacia. Pacientes crónicos reclamaban la entrega oportuna de su tratamiento. Por suerte, Yolimar pudo obtener el lunes sus medicinas, pero no siempre es así.

Se juega con la salud

La lista de los fármacos escasos es casi infinita. Resulta más sencillo enumerar los que se consiguen en las farmacias, que los desaparecidas. Una realidad que para muchos se dibujó en Venezuela hace ya algunos años: el volumen de divisas asignado al sector farmacéutico se redujo entre 2012 y 2014.

“Soy trasplantado renal y debo usar de por vida medicamentos inmunosupresores. El mes pasado no me dieron Micofenolato (utilizado para suprimir la actividad inmune del organismo y evitar el rechazo al nuevo órgano). Tuve que pedirle prestada la medicina a otro trasplantado” Francisco Valencia Codevida

Las importaciones de 2012 fueron por 3.410 millones de dólares. Un año después se destinaron 3.207 millones de dólares a la misma área.

Durante 2014 el gobierno no ofreció datos completos sobre el monto de las importaciones y solo se conoce que para el primer trimestre consignó 1.242 millones de dólares.

Este año la exministra Nancy Pérez declaró en febrero que el Gobierno había otorgado casi 372 millones de dólares para comprar medicamentos y materias primas para fabricarlos.

Más allá de los números, la realidad de la escasez se comprende y se sufre con cada “no hay” escuchado en las farmacias. Además de denunciar la falta de medicinas antineoplásicas en las 73 Farmacias de Alto Costo del Ivss, Francisco Valencia, de Codevida (Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida), vive en carne propia las restricciones al derecho a la salud y a la vida, establecido en los artículos 83, 84 y 85 de la Constitución.

“Soy trasplantado renal y debo usar de por vida medicamentos inmunosupresores. El mes pasado no me dieron Micofenolato (utilizado para suprimir la actividad inmune del organismo y evitar el rechazo al nuevo órgano). Tuve que pedirle prestada la medicina a otro trasplantado”, revela Valencia, al detallar que esta situación afecta al menos a 106.000 pacientes crónicos inscritos en esta organización sin fines de lucro, que recopila información sobre la crisis de salud en el país y denuncia sus secuelas.

A pesar de solicitar audiencia con el ministro de Salud, Henry Ventura, la asociación no ha tenido respuesta a sus reclamos en la defensa de los pacientes: “Nos preocupa que el Gobierno no asuma el problema como una prioridad y juegue con la salud de las personas”.

Valencia enumera a los trasplantados como los segundos más afectados por la falta de medicina en el país. “Hace tres meses faltaba Aprenixona, luego Micofenolato, ahora no se consigue el inmunosupresor Rapamune. Son medicamentos que se deben de tomar de por vida y que al fallar, pudieran incidir en la pérdida del órgano”.

Los pacientes con hemofilia, alrededor de 3.500, según Valencia, no cuentan con dosis profilácticas ni factores de coagulación VIII y IX que les evite las hemorragias internas. También escasean antihipertensivos, medicamentos complementarios para tratar su enfermedad.

Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, considera que la situación de escasez se ha agudizado.

“En los productos anticonceptivos el déficit es mayor al 85%. Hay problemas con los productos para el asma (Salbutan, Ventide), los corticosteroides, como la prednisona; y los utilizados para las patologías que afectan al sistema nervioso central, como la esquizofrenia, trastornos de bipolaridad, depresión, psicosis o epilepsia (fenobarbital, haloperidol, aldol, tegretol). Tampoco contamos con antiparasitarios, cremas para quemaduras y antigripales”.

Ya en julio de este año, la Fundación Unidos por la Esclerosis Múltiple había denunciado dificultades para adquirir analgésicos para aliviar dolores musculares, así como los fármacos carbido-levodopa (Sinemet, Modopar o Stalevo, por sus nombres comerciales) indicados para tratar el mal de Parkinson. En cuanto a los pacientes con leucemia, reportó que se necesitan medicamentos para las quimioterapias, así como de pegaspargasa y mercaptopurina.

“Es hora de que el dolor muestre su rostro”

El miedo ganó. A inicios de año, el 15 de enero de 2015, varios gremios de salud acordaron crear un registro con los pacientes fallecidos debido a la escasez de insumos o materiales médico- quirúrgicos.

Así lo informó en ese entonces el director ejecutivo de la Asociación Venezolana de Clínica y Hospitales (Avch), Cristino García, luego de que este gremio (que reúne a 236 instituciones privadas de salud) se reuniera con la Asociación Venezolana de Distribuidores de Equipos Médicos, Odontológicos, de Laboratorios y Afines; la Federación Farmacéutica de Venezuela, el Centro de Estudios del Desarrollo, Senosayuda, la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida y Provea.

Más de siete meses después, el vocero de la Avch, Jackson Ochoa, explica que el uso amañado de la justicia abortó la iniciativa.

“Nadie quiere ir con sus huesos a la cárcel. La verdad es que hubo como una especie de retirada a manifestar este tipo de sucesos. Creemos que dijimos todo lo que había que decir y que ya era hora de que el dolor mostrara su rostro. Ya era hora de que los pacientes con hemofilia, con VIH, con cáncer -entre otros- deben hablar públicamente, contar cuáles son los problemas que padecen por la falta de tratamiento”, añadió Ochoa.

Aseguró que los afiliados a la Avch reciben inspecciones sorpresivas por parte de organismos gubernamentales, como el Ministerio del Trabajo, la Superintendencia de Precios Justos y el Seniat.

Una fuente del gremio añadió que los centros privados afiliados a la Avch nunca enviaron la lista de pacientes fallecidos por falta de medicinas, mientras que de los centros que dependen del gobierno los datos recibidos no eran clasificados ni contaban con soportes.

La línea del Siamed no responde

Nadie atiende en el 0-800-Siamed-0. Repica 12 veces y luego se anula la llamada. La línea telefónica, tal y como lo anunció el Gobierno, permitiría registrar a las 7.449 farmacias que funcionan en el país al Sistema Integral de Acceso a Medicamentos, para facilitarles a los pacientes la adquisición de las medicinas para enfermedades cardiovasculares, endocrinometabólicas y neurológicas.

Con apenas cinco semanas como ministro de Salud, Henry Ventura, exdiputado del Psuv, notificó el lanzamiento del mecanismo el 24 de abril de este año.

Aseguró que en principio las farmacias registrarían a los enfermos crónicos, quienes luego recibirían sus medicamentos “con nombre y apellido” y “sin andar deambulando de farmacia en farmacia”.

Los pacientes sólo tenían que presentar su cédula laminada, un informe médico y el respectivo récipe, con menos de seis meses de admitido.

Para junio se habían inscrito 265.794 personas. A la fecha, Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, desconoce datos actualizados del registro.

Ventura subrayó que el Siamed era parte de la “lucha contra la guerra económica”, que serviría para defender el dólar a 6,30 (asignado a medicamentos y alimentos), y que ayudaría a precisar la demanda real de las medicinas.

Para el sector farmacéutico la verdad es otra. Ceballos insiste que la solución de la escasez no está en manos del Siamed, pues el problema no radica en la distribución de las medicinas sino en su producción.

“El Estado no comprende que el problema es de abastecimiento. Hace falta que el Cencoex libere divisas a los laboratorios y permita que pueda producirse aquí, al adquirir la materia prima en el exterior. El año pasado se requería 1 millón de dólares para comprar insumos y solo liquidaron 25% de ese monto. Se está acabando con la producción del país”.

Sin incentivos, seguirá la escasez

El médico venezolano Marino González, profesor en políticas públicas de la Universidad Simón Bolívar, es tajante al explicar cómo se podría superar el problema de la escasez: “Esto ha pasado en todas las economías del mundo cuando hay control. Si una economía no tiene los incentivos para producir, escaseará”.

González añade que en 1998 por cada 100 dólares recibidos proveniente de nuestras exportaciones, 70 correspondían al petróleo y 30 por distintas manufacturas. En el año 2014, la Opep señaló que de cada 100 dólares que Venezuela obtiene por exportación 96 provienen del crudo y solo 4 por otros conceptos.

“Nuestra economía no agrega valor y esto significa que no somos atractivos en el mercado. Nosotros podríamos exportar medicamentos a toda América, si desarrolláramos investigaciones; pero el enfoque de una economía estatizada, que mantiene el control de cambio, es una economía improductiva”, sentencia.

La inflación ayudaría a explicar la escasez a juicio del profesor. Por tercer año consecutivo Venezuela mantiene la inflación más alta del mundo y por segundo año su economía decrecerá.

“Lo poco que hay aumenta de precio y esto genera un círculo vicioso: al haber menos oferta de productos sus precios ascenderán y, al incrementarse, costará producir mucho más. Si el Gobierno insiste con estas políticas, la producción en general caerá. El Fondo Monetario Internacional ha dicho que el país tiene el peor escenario económico hasta el año 2020. Debe entenderse que el Estado no puede producirlo todo. Necesita de un sector productivo: con capital y recurso humano. Esa es la enseñanza del mundo moderno”, concluyó.

 

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