¡NOS CAYERON LAS 7 PLAGAS! La malaria acabó con el turismo en Puerto Cruz

Dolar Today / May 22, 2016 @ 2:00 pm

¡NOS CAYERON LAS 7 PLAGAS! La malaria acabó con el turismo en Puerto Cruz

Llegar a Puerto Cruz, en el estado Vargas, requiere de una travesía de más de dos horas en carro por vías en mal estado o de un viaje de una hora en lancha. Ese camino no fue complicado para la malaria, que se instaló en el pueblo y ha infectado a 26 habitantes, que sufrieron fiebre, temblores, malestar y su piel se tornó amarillenta por las afecciones hepáticas.  

Sin conocer quién llevó la enfermedad parasitaria a esa recóndita playa, sus habitantes señalan a quien hizo la primera denuncia en un medio de comunicación y a quien creen culpable de la soledad en la que se sumieron las pocas calles del pequeño pueblo. Puerto Cruz es hogar de 900 personas, según el cálculo del consejo comunal, y los lugareños parecen tener un botón de defensa de la reputación del pueblo que se activa apenas se habla de la enfermedad. Se manejan hipótesis de que en Carnaval de este año un turista proveniente de La Victoria, estado Aragua, o del estado Bolívar, pudiera haber sido el enlace entre la enfermedad y los mosquitos Anopheles aquasalis, que abundan en zonas costeras, y son capaces de transmitirla a humanos.

A los enfermos del pueblo sí los conocen. Un muchacho apodado “el Volao”, quien suele estar en la playa, fue el primero; y otro al que le dicen “Agú”, el segundo. “Mi primo Agú pasó por varios hospitales y no daban con lo que tenía. Fue al José María Vargas y al José Gregorio Hernández en Caracas y al final le diagnosticaron la malaria en Catia la Mar, donde también me hice la prueba yo”, dice la tercera diagnosticada Vilmania Liendo, directora de la escuela Tirso José Ortiz, el único plantel del pueblo.

Aunque no ha habido información oficial, entre los lugareños hablan de una víctima mortal de la malaria: un hombre que vive en el sector El Limón, carretera arriba, pero que frecuentaba mucho el pueblo. “Él murió en el Pérez Carreño. Según lo que yo sé, también tenía cáncer, pero ahora solo dicen que murió de malaria y eso es lo que asusta a la gente”, indica Liendo.

Esta no es la primera vez que la enfermedad sale de su área endémica habitual al sur de Venezuela. En Vargas se han reportado otros brotes: en 2007 hubo 3 casos; en 2004, 22; y en 2003, 19. El año pasado hubo otros focos de transmisión en Higuerote, estado Miranda, y en varias poblaciones de Portuguesa.

La malaria es causada por la picada de mosquitos infectados con los parásitos Plasmodium vivaxPlasmodium ovalPlasmodium malariaePlasmodium falciparum, el último es cada vez más resistente a los medicamentos.  Los pacientes de Puerto Cruz ignoran cuál fue el parásito que los afectó. Pero por la receta médica de la maestra en la que le indicaron primaquina y artesunato mefloquina, José Félix Oletta, ex ministro de Sanidad, infiere que pudiera tratarse de una forma mixta de la enfermedad. “O también es posible que se haya utilizado esa combinación por falta de cloroquina, un antimalárico que hemos denunciado escaso en varias oportunidades”.

Cerco a la enfermedad

Al entrar al pueblo, hay una acera con una seguidilla de cachivaches que da la impresión de que se trata un sitio casi abandonado. Al mediodía, la hora en la que salen los estudiantes de la escuela es el momento más movido del día.

El ambulatorio ahora es el centro de mando contra la enfermedad parasitaria. Pero desde hace dos meses no recibe agua y las enfermeras deben recoger de un chorro con un tobo. Tampoco tienen productos de limpieza. Un funcionario de la dirección de Salud Ambiental del estado Vargas está permanentemente en el lugar para realizar el despistaje de la malaria y asignar el tratamiento a los infectados. Sin embargo, dijo que le era imposible informar cuáles eran los medicamentos que estaban recetando.

Para deshacerse de los mosquitos enfermos, Salud Ambiental fumiga casi todos los días el pueblo y dentro de las casas si así lo piden. Lo hacen con las camionetas de dos vecinos que les facilitan la movilidad, porque la dirección no cuenta con vehículos.

El difícil acceso al pueblo encarece los bienes y alimentos a los propios habitantes. “Todo se compra bachaqueado en Catia la Mar. Una harina cuesta 1.000 bolívares, un arroz 1.300, un aceite 1.500, un azúcar 1.200. ¿Cómo lo pagamos si no estamos produciendo dinero?”, dice preocupada Carolina Oropeza, dueña de la posada Brisa del Mar, que desde 2014 cuando fue inaugurada no había pasado ni un fin de semana sin huéspedes hasta hace dos meses. “Aquí no hay ninguna malaria. No ha habido ningún perro muerto, no hay animales muertos. Mi hija tuvo fiebre y se le quitó, no tuvo nada de eso. Dejen de decirlo porque lo que hace es perjudicarnos”, dice una mujer dueña de uno de los negocios que están en la orilla de la playa y tienen dos meses cerrados.

Sin tratamiento, el parásito queda en el cuerpo aunque no haya síntomas. Siendo así, la persona sigue siendo portadora y es imposible la erradicación de la malaria.

Más información en El Nacional. 

 

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