“LO MÍO ES ROBAR Y VOLARLE EL COCO AL QUE SE VUELVA LOCO” Cinco confesiones de criminales venezolanos que te helaran la sangre

@DolarToday / Nov 27, 2016 @ 7:00 am

“LO MÍO ES ROBAR Y VOLARLE EL COCO AL QUE SE VUELVA LOCO” Cinco confesiones de criminales venezolanos que te helaran la sangre
Foto de Archivo

Estar frente a frente con el mal que corrompe al país fue tan difícil como sostenerle la mirada. La sensación de indefensión fue extrema ante la compañía de asesinos confesos, protagonistas de la furia delincuencial que castiga diariamente a los habitantes de Caracas, la ciudad capital.

Cinco criminales contaron sus historias. Todas tienen particularidades y un punto en común: no hay arrepentimientos.

A las 11:30 am ya estaba lista para dirigirme a Caño Amarillo. Luego de encontrarme con mi compañero, lo siguiente era subir a lo profundo del 23 de Enero.

Emprender el ascenso hacia la cuna del “malandreo” y ver a niños en el apogeo de su jornada de juego nos concedió la tranquilidad que necesitábamos para armar nuestro cuestionario y “reglas de supervivencia”.

En la misma bodega que me habían esperado en una visita nocturna anterior, aguardaba la mujer que nos llevaría a una vieja casa que serviría de sitio de reunión. Tenía la fachada destruida y el interior tan deteriorado que podría pasar por una vivienda abandonada.

Pronto hicieron acto de presencia dos de los entrevistados: Chamín y Jesús. El primero maneja la venta de droga en parte del sector, todo lo sabe y todo lo controla; el segundo, un ex presidiario de apenas 18 años de edad.

***

Jesús, con una mirada felina, tenía permanentemente el esbozo de una sonrisa. Tomó algunos sorbos de agua para luego relatar cómo decidió mudarse para evitar caer nuevamente en prisión. Ya cumplida su mayoría de edad sería condenado como adulto.

Fue encarcelado por balear a una persona para robarle su vehículo. Jesús se trasladaba en un carro que se quedó sin gasolina a medio camino de su destino, y optó por detener a un conductor.

“Fue tan fácil como pelar una mandarina”, aseguró.

El chofer no se resistió a la orden del antisocial. Se bajó rápidamente junto con su familia y fue allí cuando recibió el tiro que le causó la muerte. La bala lo impactó mientras esperaba sentado en una acera. Jesús cuenta la historia casi inmutable, indiferente.

El conductor víctima del asalto de Jesús resultó ser un policía. El antisocial asegura que los funcionarios compañeros de la víctima lo “sembraron” en un operativo de asalto para vengar su muerte. Fue enviado a la cárcel por poco más de un año.

El próximo en hablar fue Chamín. Con casi 30 años de edad, asegura que mantiene a su mamá. El hombre de tez canela trabaja de lunes a viernes, pero es su actividad ilícita la que le permite darse lujos. “¿Quiero comprarme algo rápido y trabajando no puedo? Invierto los reales en droga y hago la plata en un mes”, afirmó.

“Lo que uno hace en un trabajo, matándose una quincena… un mocho de sueldo no me alcanza para nada, entonces yo lo giro por otro lado y sale más rápido el billete”, aseguró con tono pausado, casi pedagógico.

Chamín mantenía la mirada fija en el movimiento nervioso de mis pies, pero cuando abordamos el tema de la policía, reaccionó de manera iracunda.

Narró cómo lo emboscaron cuando jugaba dominó y lo aprehendieron frente a su mamá. “La apuntaron en la cara y no pude hacer nada”, dijo.

Aseguró que cuando llegaron a la central policial, cada uno de los detenidos tenía dosis de cocaína “asignadas”, suficientes para ser privados de libertad. La droga estaba empaquetada en minúsculas bolsas, cuenta el hombre. Solo pagando lograron salir en libertad.

Chamín nunca ha matado, porque “no le ha tocado”. Pero asegura que eso no impide que el respeto hacia él sea un tratado tácito, que ayuda a mantener protegidos “a los suyos” y a quienes integran su vecindario.

***

Concluida la faena en aquella casa nos hicieron una propuesta para hacer más fructífero el viaje: una conversación con peligrosos criminales, pero bajo sus términos.

“Tú eres la que decide”, me dijeron. El miedo hay que reconocerlo sin vergüenza, es parte inherente de nuestra humanidad. Sí, estaba asustada, pero ya estábamos allí.

Nuevos pasajeros subieron entonces al carro en el que llegamos.

Pasamos un tumulto de personas y nos adentramos más en la parroquia. Las calles estaban desiertas. A la lenta velocidad en la que nos trasladábamos por el peso en el vehículo, pudimos apreciar a los vecinos cercanos al Cuartel de la Montaña, en donde reposan los restos del presidente Hugo Chávez. Desde las ventanas de sus casas veían pasar a los visitantes.

Finalmente, llegamos a una calle donde tres jóvenes fumaban: Cara e’ Iguana, Winder y Yheferson. Los nuevos invitados tenían una segunda propuesta: bajar al río Guaire y hablar en su “point”.

Con pasos largos intentamos bajar los muros de cemento del cauce del Guaire. Allí hubo un primer impasse con los entrevistados. A mi compañero le falló la agilidad y uno de los criminales quiso ayudarlo. Ignorar el ofrecimiento fue más que una grosería para los antisociales, que no todos los días revelan sus secretos.

-¡Dame tu bolso! Para que bajes relajado.

-No, hermano. Déjalo así.

-¡Pana, no te voy a robar! Si quisiera ya lo hubiese hecho, ¿’tas cagao?

-Tranquilo, hermano. Toma el bolso.

Cualquiera hubiese pensado que la reacción del ladrón era un presagio de lo que pasaría más adelante, acorralados en aquel lugar. Pero la misión era seguir y salir ilesos.

En medio de la bajada un olor nauseabundo llegó hasta mi garganta e impregnó mi cabello revuelto. Recorrimos la orilla del río, estrecha y limitada por las “camas” de cartón en las que descansaban mendigos y drogadictos. Algunos parecían leer plácidamente.

Instalados ya, había que bajar la tensión por el desencuentro inicial. Un trago directo de la botella de anís que compartían los delincuentes ayudó a transmitir confianza.

La historia que encabezó la serie de relatos de aquella tarde fue la de Cara e’ Iguana, ávido de atención y visiblemente drogado. Con el equipo preparado para captar el audio y las fotografías, el joven comenzó: “Lo mío es robar y volarle el coco al que se vuelva loco”.

***

El objetivo principal de Cara e’ Iguana era demostrar su capacidad de infundir temor, fijar su imagen de “matón”.

Aseguró que la crisis en la que se encuentra sumida Venezuela y la corrupción de las instituciones del Estado son sus preocupaciones máximas.

“¿Cómo alguien va a hacer una cola para meterse un plato de comida y además tener que esperar el día de cédula para poder comer? Eso no cuadra, eso no es vida”, lamentó. Sostuvo que se niega a depender de un trabajo con un sueldo irrisorio: “¿Para qué voy a matarme por cobrar un sueldo el 15 y último si robándome dos teléfonos tengo más que eso?”.

La cárcel no se la recomienda ni a su “peor enemigo”; sin embargo, considera que la población penitenciaria seguirá en aumento porque por la crisis cada vez más personas optan por los actos ilícitos.

Paradójicamente, Cara e’ Iguana dice que continuará con su vida delictiva, pero insta a los niños a estudiar para que tengan un futuro mejor: “Es lo que el país necesita, hoy más que nunca”.

El siguiente en subir al “estrado” improvisado, como si de una corte sin juzgado se tratara, no había llegado al llamado de sus compañeros. Su nombre era Joseíto, catalogado como “el más peligroso”.

En los minutos de espera Winder, tan intimidante como la cicatriz que ocupa su cuello, fue el encargado de examinar el equipo de grabación. No quería ser entrevistado, pero sí quería estar detrás del micrófono.

El hampón atraído por el periodismo de calle cuestionó a su “compañero de andanzas”, Yheferson, con preguntas que de vez en cuando le susurré al oído.

***

-¿Has matado?

-Sí, he matado.

-¿Qué te ha llevado a matar a otra persona? ¿A no apreciar la vida?

-Coño, sencillamente porque cuando uno anda en este mundo del malandreo uno tiene que matar o si no te matan.

-Lo que tú haces se lo pueden hacer a tu mamá, ¿qué opinas de eso?

-Puede pasar, por eso le recomiendo que no ande botada, que se cuide en la calle. El hampa está fuerte, el país está crítico y todo el mundo anda robando y matando. Ahora tú vas a los tribunales y hasta hay viejos presos porque no se van a morir de hambre.

-¿Piensas que la plata es la felicidad?

-No es la felicidad, pero casi. No es todo en la vida, pero prácticamente es todo en el mundo.

-Un consejo a aquellos que viven su vida honradamente.

-Les deseo felicidad. Unos nacieron para limpiar el piso, otros para ser ingenieros. Otros para delinquir, matar, robar. Un mundo de pecadores.

***

La alarma de mi celular sonó. Ya son las 3:00 pm y finalmente bajó al Guaire el hombre que esperábamos: Joseíto.

Con una sonrisa, llegó dispuesto a contarlo todo. No parecía peligroso, como nos advirtieron. Es que si él podía ser el más temido de los asesinos, entonces “cualquiera” en la calle podría serlo.

Joseíto se sentó para ser fotografiado con una pañoleta que escondía parte su rostro. En la mano derecha, lucía joyas de plata. En la izquierda, un reloj robado.

Pronto sacó de su diminuto bolso una granada y un facsímil. Explicó que el artefacto era de tipo incendiario con un alcance de 20 metros. La compró a un precio económico para el momento: 30.000 bolívares.

“Ahorita me estoy dedicando, para serte claro, al robo y al hurto de vehículos. Cualquier tipo: carro, moto, lo que se bote. Tú me entiendes, estamos en la pista”, manifestó el criminal, quien tiene motivos que lo impulsan: “La necesidad del dinero, el hambre”.

Relató cómo puede actuar durante un robo: “Tú tienes un carro de 700 millones, yo vengo con un arma y no me lo das, ¿por qué no me lo vas dar si yo tengo la pólvora? Puedes perder la vida”.

La frase de Joseíto ejemplifica lo dicho por la autoridad mundial en pensamiento criminal, el psicólogo Stanton Samenow, quien explica que el sentimiento de poder sobre otros hace hipersensible al maleante en situaciones que dañen esa imagen autoritaria. Si alguien se dirige hacia un malhechor con cierta arrogancia o no cumple sus órdenes significa que lo está confrontando.

La serenidad regresa al joven de 23 años al asegurar que el crimen es el único camino en la vida. “El que no es astuto no sobrevive, es la ley del más vivo”.

“A lo bueno, bueno, y a lo malo, malo. No pienso dejarme agarrar pa’ que me metan 15 años, prefiero matarme a plomo con esos locos”, agregó.

El maleante confesó vivir entre dos amores: su mamá y la obsesión por el poder total, a través del dinero.

Al hablar de quien le dio la vida, se muestra melancólico. “A diario, cada vez que robo, cada vez que estoy en una velocidad, me acuerdo es de ella cuando me dice `no estés inventando´ (…) Si no tuviese a mi madre no sé qué sería de mí. Para serte claro, esa es la única que me apoya y bueno, pa’ lante es pa’ allá”.

***

Antes de retirarnos, Winder fue el encargado de despedirse con una advertencia, que se convirtió rápidamente en amenaza.

No debíamos publicar fotografías que no fueran las aprobadas ni indagar más allá en sus identidades. Para ellos, encontrarnos en una ciudad como Caracas sería tarea fácil. “Las brujas no tienen beneficios”, me dijo con un apretón de manos y un beso en la mejilla.

*Las verdaderas identidades se reservan por motivo de seguridad.

El Nacional

 

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