El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, recibió este viernes a su homólogo colombiano, Gustavo Petro, en una visita oficial en el Palacio de las Garzas, donde se abordarán temas clave que afectan a ambos países, como migración, narcotráfico, seguridad y la interconexión energética.
Tras el saludo, los himnos nacionales de Panamá y Colombia fueron interpretados por la Banda Republicana, que tiene una significativa historia en el país desde su fundación en 1867, época en la que Panamá aún formaba parte de Colombia.
La delegación colombiana que acompaña al presidente Petro incluye a varios ministros, entre ellos la ministra de Relaciones Exteriores, Laura Sarabia Torres, y la ministra de Minas y Energía, Edwin Palma Egea, quienes participarán en las discusiones relacionadas con los temas bilaterales de mayor interés.
Uno de los puntos críticos que será tratado es la crisis migratoria que afecta a ambos países. La peligrosa selva del Darién, que ambos comparten en su frontera, ha sido durante años un punto de tránsito clave para migrantes, especialmente venezolanos, que buscan llegar a Estados Unidos.
Sin embargo, los flujos migratorios cambiaron de dirección, debido a las nuevas políticas migratorias implementadas por el gobierno de Estados Unidos, lo que convierte a Panamá en un obstáculo para los migrantes que intentan regresar desde el Caribe panameño hacia Colombia, evitando el Darién.
En cuanto a los temas relacionados con la repatriación de migrantes venezolanos, ambos presidentes discutirán la posibilidad de establecer vuelos de repatriación, que permitirían a los migrantes regresar a Venezuela a través de Cúcuta, Colombia.
Esta medida se encuentra en estudio, ya que actualmente no existen vuelos directos entre Panamá y Venezuela debido a la suspensión de relaciones diplomáticas entre ambos países.
Otro asunto relevante es la interconexión energética entre Panamá y Colombia, un proyecto que ambos países intentan desarrollar desde 2009.
El presidente Mulino expresó su interés por retomar esta iniciativa de 800 millones de dólares, que busca establecer una línea eléctrica de aproximadamente 500 kilómetros de largo y con una capacidad de 400 megavatios.
Este proyecto sigue siendo una prioridad para ambas naciones, que desean fortalecer su cooperación energética regional.