¡REÍR PARA NO LLORAR! Joker, el hombre detrás del maquillaje y la nariz roja, récord histórico de taquilla

DolarToday / Oct 14, 2019 @ 6:00 am

¡REÍR PARA NO LLORAR! Joker, el hombre detrás del maquillaje y la nariz roja, récord histórico de taquilla

El humor es subjetivo, el dolor es universal. Del dolor se gestó la compleja arquitectura del Joker, figura a la que aborda la autora de este texto desde su condición de dramaturga y escritora: ¿cómo entender a un personaje así? ¿Es empatía eso que sentimos?

Joker es una oscura maravilla. Es una clase magistral de actuación de Joaquin Phoenix, con una impecable estética -el departamento de arte, la paleta de colores, la fotografía-y un guión para estremecer a cualquiera. Es una película con la que hay que reír para no llorar. El guión lo que tiene de ficción es el contexto de un universo de comics. No es una historia que “podría” pasar, es que ya pasa.

“Pensé que mi vida era una tragedia, ahora veo que es una comedia”.

Para mí, el drama siempre ha sido más fácil de escribir que la comedia. Primero, porque es difícil hacer reír a la gente -Arthur Fleck, el personaje de Joaquin Phoenix, me entenderá con esto-. Y segundo, porque resulta más fácil generar empatía a través del dolor ajeno. El humor, dice Arthur, es subjetivo. El dolor es universal. Los griegos, como casi todas las cosas, descubrieron esto y lo usaron a su favor.

El teatro nace en Grecia con dos géneros, las dos máscaras que todos conocemos: tragedia y comedia. La tragedia era utilizada para contar historias de héroes que no pueden escapar de su destino. Edipo es tan incapaz de huir de la profecía de su vida como Arthur Fleck de convertirse en el Guasón. (Nos lo dicen desde el título, ya sabemos cómo termina esto). Mientras que la comedia era utilizada para generar críticas sociales. Joker critica de la A hasta la Z todo lo que puede llamarse “el sistema”.

No es casualidad que la película comience con un Arthur haciendo las muecas de estas máscaras. La sonrisa amplia de la comedia y luego los labios torcidos hacia abajo como la tragedia. Como dramaturga, veo a Joker como una tragicomedia. No como una comedia de humor negro donde los protagonistas mueren al final. Sino como el viaje trágico de un héroe -en este caso villano- que no puede escapar de su destino y que, con su historia, critica a la sociedad en la que vive. Casualmente, la película funciona como un espejo donde nos vemos reflejados.

“Un villano es una víctima cuya historia no ha sido contada”. Este era uno de los aspectos más atractivos del Guasón. Nadie sabía quién era él antes de ser el payaso malvado. Pero Todd Phillips, director de Joker y Hangover, nos presenta a Arthur Fleck y hay que preguntarnos… ¿Es el Guasón una víctima? Si es así, ¿de quién?

¿De la sociedad?
Hobbes decía que “el hombre es el lobo del hombre”. Rousseau argumentaba que el hombre era naturalmente bueno, pero al insertarlo en la sociedad se vuelve malo y se corrompe. ¿El punto en común de estos teóricos del Individualismo? La falta de empatía en la sociedad.

Como escritora, desde mis obras hasta mis posts de Instagram, me he esforzado en transmitir mensajes de empatía. Ponerse en los zapatos del otro (por más que sean de payaso), por la necesidad humana de sentirse amado. Más aun viviendo en sociedades tan hostiles como Caracas o Gotham.

Se nos hace fácil criticar al otro pero cómo nos cuesta ayudarlo. ¿A cuántos estudiantes de Comunicación Social nos han dicho que “las buenas noticias no venden”? ¿O que hay que alimentar el morbo? Es fácil encontrar a personas que quieren ir a ver Joker solo para ver “qué tan violenta es”.

Por eso es delicado escribir sobre el dolor ajeno. Pero por eso lo prefiero. Cuando la intención es señalar un problema para solucionarlo, no es morbo, es un grito de auxilio. ¿Pero ridiculizar al otro para entretenernos? Uno no piensa en que los memes son personas reales hasta que conoces al que sale en la foto. Mucho menos pensamos: “¿estoy compartiendo un contenido que podría estar humillando a otro?” Aquí ustedes dicen: ¡No seas moralista! “¡Así es la vida, por curioso que parezca! Algunas personas se divierten pateando sueños…” (Gracias a Frank Sinatra por la canción).

 

Es probable que uno no lo haga conscientemente. Pero hay personas que están educadas para saber qué decir, qué no y cómo decirlo. Sí, colegas Comunicadores Sociales, es con ustedes. Desde el día uno nos enseñan a pensar sobre los mensajes que, verbalmente o no, estamos transmitiendo.

Marshall McLuhan dijo que aquel que tocaba el tambor de la tribu tenía el control de ella. Es como quien grita “Ahí viene el lobo” y los demás se ponen alerta. ¿Estamos preparados para ser los que tienen esta tarea? ¿Sabemos, realmente, el daño que podemos hacer si no lo estamos?

O peor. ¿Nos hemos preguntado qué pasa cuando ponemos la luz del reflector sobre temas o personajes que no deberían ser “viralizados”? Habrá que preguntarle a Murray Franklin (Robert De Niro) qué opina al respecto. “Stop making stupid people famous” es una postura con la que estoy de acuerdo. Y no solo yo, los griegos me apoyan en esto.

Eurípides dijo que “es dañino para los hombres el que un villano alcance prestigio, alguien que antes no era nadie”. Ya verán cómo se hará famosa la frase: “Cuando me presentes, ¿podrías llamarme Guasón?”.

Arthur Fleck dice en la película, “llegué a pensar que yo no existía, pero ahora la gente me ve”. Y vaya que prestarle atención a alguien que jamás ha sido tomado en cuenta puede resultar muy bien… o muy mal.

“¿Tu maquillaje es para dar un mensaje político?”, le pregunta Franklin a Fleck y él contesta: “No, soy apolítico. ¿Parezco la clase de payaso que podría empezar un movimiento?” Quizás no era la intención de Arthur, pero Gotham sí se vio afectada por los actos de un simple hombre vestido de payaso.

¿Víctima de su familia?
La familia es -si no la más importante- la primera “institución” con la cual una persona se enfrenta al llegar al mundo. La educación familiar moldea nuestros esquemas mentales para distinguir entre el bien y el mal. Pero cuando quienes educan no saben qué están haciendo, más que educar, están haciendo daño.

Hay una escena en la película donde se borró completamente la línea que separaba a Arthur Fleck de Joaquin Phoenix. Conociendo la historia de la terrible infancia que tuvo Phoenix -casualmente en Caracas-, las similitudes fueron demasiadas como para ignorarlas.

La familia de Joaquin -antes Bottom, luego Phoenix- eran miembros del culto hippie cristiano Children of God. La creencia de este grupo sostenía que el sexo es la manera de acercarse a Dios. Por lo tanto, los miembros lo promovían entre ellos, sin importar las edades o el parentesco.

Desde Criminal Minds, Mindhunter de Netflix, hasta Joker, el psicoanálisis nos recuerda que los abusos en la infancia son heridas profundas que pueden trastocar el desarrollo de una persona. ¿Pero hasta qué punto la determina? Sería pesimista decir que por haber sido víctima de un acto tan atroz no vas a poder superarlo por mucho que luches contra ello.

Joaquín, quién creció y vivió en un ambiente así, terminó alcanzando un reconocido puesto en Hollywood. Compartió pantalla con actores como Robert De Niro y Rusell Crowe. Decidió no dejarse consumir por los fantasmas de su pasado. A diferencia de Arthur Fleck, quien decidió convertirse en el Guasón.

Entonces, ¿es víctima de sus actos?
Sí y no. El instinto puede distinguirse de la conducta con una palabra: premeditación. Si una acción es un acto reflejo se podría considerar -legalmente hablando- menos grave que algo premeditado. Golpear a alguien porque me tomó por sorpresa, no es lo mismo que golpearlo porque tengo días planeándolo.

¿Qué pasa cuando la sociedad nos enseña a “reaccionar” de cierta manera? Que eso no se enseña, dirán algunos. ¿A cuántos -sobre todo a los varones de nuestra sociedad- no les han dicho “si un niño te pega, se lo devuelves”? No quiero ser implacable, creo en la defensa personal, pero también en las instituciones a las cuales recurrir para denunciar.

Sí, algunos desconfiarán de las autoridades, pero eso no significa que todas sean deficientes. Por más terrible que fuera Gotham, existía un departamento de policías que estaba pendiente -saludos al detective James Gordon-. Y sí, es cierto, una cosa es reaccionar espontáneamente de manera errónea, y otra es repetir esa acción porque nos causa satisfacción, tanta que terminamos bailando.

¿Pero el ser víctima de otros -bullying-, el vivir en una sociedad hostil -Gotham-, el tener una familia disfuncional, justifica la violencia? ¿Alguna víctima tiene derecho a convertirse en victimario? ¿Cómo debemos abordar la violencia? ¿Con más violencia? Creo que las respuestas cambiarían si quien enfrenta al Joker no fuera Batman sino Superman, u otro héroe con una escala de valores diferente.

Hablando de eso, la manera que ha tenido el cine para aproximarse a los héroes ha cambiado. Al comienzo el debate era ¿team Superman o team Batman? Ahora la gente prefiere a Loki sobre Thor o al Guasón frente al mismo Batman. ¿Qué está pasando? ¿Está el cine intentando humanizar y acercar a los villanos para así conquistar más audiencias? ¿Como público preferimos al moralmente cuestionable que al niño bueno? Con solo ver a Deapool entenderán a qué me refiero.

Cabe destacar que yo soy team héroes, siempre. Soy más fan de Marvel, pero en DC Supergirl y Mujer Maravilla son mis ídolos. ¿Cuáles serán los ídolos de esta nueva generación? ¿Este nuevo Guasón? Luego de tantos que han pasado -Jack Nicholson, Heath Ledger, Jared Leto- ¿por qué este causa sensación? Yo solo sé que ya tenemos disfraz de Halloween este año: la Harley Quinn de Margot Robbie y el Joker de Joaquin Phoenix. (No me hagan hablar de Pennywise, por favor).

¡Auxilio!
No entendía por qué Joaquín Phoenix tardó cuatro meses en dar con la risa del Guasón hasta que vi la película. El gesto de que parece llorar cuando se está riendo es un claro indicativo de su sufrimiento. Reír para no llorar. El Guasón quiere salir pero Arthur intenta detenerlo.

Definitivamente Joker muestra al hombre detrás del maquillaje y la nariz roja. Comencé sintiendo empatía por Arthur Fleck y al final rogaba porque alguien lo detuviera. Estuve tensa los 122 minutos de película. Y en el cine solo podía pensar: ¿Cuántos otros Arthur -potenciales “guasones”- hay allá afuera?

TEXTO: ISABELLA GARCÍA-RAMOS HERRERA @ISAGARAH FOTOS: AFP Y ARCHIVO UB

 

Fuente : El Estímulo

 

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