¡Experiencia traumática! ¿Así tratan a los turistas en Venezuela?

Editor / Jul 9, 2013 @ 10:13 am

El articulo original lo puedes encontrar aqui

(Escrito por Isra García) - Hace unos días que llegué a España, dejando atrás 10 días de tour por El Salvador y Venezuela donde he conocido a gente fascinante, disfrutado trabajando y tratando de dar lo mejor de mi volviéndome vulnerable ante las audiencias y vivido experiencias que me han dejado sin respiración. Se podría decir que en estos 10 días he vuelto a comprobar la densidad de la vida. De nuevo.

Lo llaman intensidad

Dormir menos, trabajar más, mantener el ritmo de tu trabajo con 8:30h de diferencia mientras respondes a la exigente del momento exacto. Continuar con la preparación para IronmanUK y UltramanUK, frustrarte cuando hay días que no llegas a poder entrenar y no haces más que comer, el pensamiento asesino de que no lo voy a conseguir, no estoy preparado. Preparar el lanzamiento inminente de dos nuevos proyectos y la organización de un evento como #InternetCambiaTodo. No olvidarte de permanecer humano y aprovechar la más mínima oportunidad para tratar de hacer que algo suceda y crear cambio. Es intenso.

La historia

Llegué al último día y como tal, el mapa me tenía reservada una última vivencia que tardaré tiempo en olvidar. Ser retenido casi 6 horas por la guardia de la brigada antidroga Venezolana en el aeropuerto de Caracas, eso es algo que no se olvida fácilmente y por supuesto se convierte en una experiencia enriquecedora y única. Llego al aeropuerto de Caracas procedente de Isla Margarita donde celebramos el último evento con Sodexo. Jose, Rodrigo y Víctor me dejan en la entrada de la salidas internacionales y emprendo mi camino en solitario. Antes de facturar pienso que podría ser una buena idea envolver la maleta antes de salir para tener más resguardada, pago $5 y hecho. Marcho para la zona check-in de Iberia. Al llegar una cola descomunal y mucha presencia de guardia antidroga.

Al llegar mi turno uno de los guardias comienza a hacer el tipo de preguntas que suelen hacer en estos casos: de donde vienes, a donde vas, cual fue el motivo de tu viaje, etc. Poco a poco las preguntas se vuelven más impertinentes, hasta que al final me dejan pasar al siguiente escenario. Dónde habían unas mesas para registrare la maleta y el equipaje de mano, efectivamente me rompen el precinto de la maleta para revisarla y seguir haciendo preguntas, algunas incluso se solapaban con las que ya había respondido. Rebuscan en toda la maleta y en el trasfondo, me preguntan repetidamente que es lo que llevo en el trasfondo de la maleta, en ambas ocasiones respondo “nada”.

¿Coser y cantar?

2-e1373271296442[1]Finalmente me dejan marchar – o por lo menos eso es lo que pensaba – a facturar los equipajes y sacar la tarjeta de embarque. Cuando ya creía que había pasado lo peor y cuando me dirigía a la puerta de embarque, fui a recoger la tarjeta de inmigración y justamente ahí llegó un guardia de la brigada antidroga y sin preguntar tomó mi pasaporte y me dijo que tenía que ir con él. Esto me desorientó un poco. Fui junto a quien parecía el sargento y me tuvieron como una hora hasta que juntaron a 4 personas más: un francés, un senegalés, un puertorriqueño, un mejicano y servidor. Entonces nos tuvieron allí 30 minutos más mientras uno de ellos el senegalés, les acusaba de racistas y malos tratos. El francés, llevaba una borrachera de aúpa, menudo cuadro. Por sí fuera poco, al otro lado de donde estábamos había un español completamente indignado porque le habían roto el precinto de las maletas 4 veces. Es decir, embaló la maleta, le registraron y le rompieron el embalaje y fue de nuevo a repetir el proceso, volvió y le volvieron a registrar, así 4 veces. Increíble.

En este tiempo aproveché para rellenar la ficha de inmigración, comprobar el email, responder a asuntos de trabajo importante, whatsapp con la familia y amigos y responder a algunos tweets, en ningún momento perdí la calma ni m preocupé, lo vi más como un mero trámite y decidí sacar partido de la espera.

Empatía como moneda de cambio

Como vi que no avanzábamos, le pregunté al guardia que me había retenido que es lo que pasaba, lo hice muy empáticamente, muy de “buen rollo” y entendiendo lo mejor que podía el contexto y a la persona a la que me dirigía. El guardia era joven, sobre unos 25 años, así que imagine que podría hablarle de chicas y fiesta. En efecto, rápidamente me preguntó de donde era – no había visto ni siquiera el pasaporte – y al decir España le pude hablar de lo que podría interesarle, por supuesto también de fútbol y la derrota de España en la copa confederaciones. En no muy poco tiempo ya habíamos conectado y entonces me dijo que iban a registrarnos para saber si llevábamos droga y que no me preocupase que él se iba a encargar de meterme en el avión de vuelta a casa. Hasta ahí todo genial, pensé, unos cacheos, registrarnos  y para el avión. Estaba equivocado.

No había mapa

Cuando por fin nos movimos íbamos los 5 detrás del guardia hasta llegar al puesto de la brigada antidroga. Allí había un personaje muy singular comiendo sin parar, lo llamaban un “testigo”, rudo, maleducado y malhumorado, decía que nos nos íbamos hasta que acabar de comer. Nos tocó esperar otra hora más porque buscaban al “chofer”. No sabía de que iba esto, pero estaba a punto de descubrirlo. Mientras tanto, el senegalés perdía los nervios y el francés parecía que se iba quedar KO en el suelo. El guardia se fue y vino al rato. Entonces me dijo que nos iban a llevar a un lugar para hacernos una exploración y ese lugar estaba fuera del aeropuerto, ahora si que empecé a “acojonarme”.

Salimos fuera y allí había un pick-up de la policía antidroga esperando. Nos metieron a los 5. Como no cabíamos y el guardia no quería que hiciéramos dos viajes subí yo en la parte de atrás junto con el guardia y el testigo. Arrancamos. Hablando con ellos me daba cuenta como cada vez nos alejábamos más, estábamos ya por lo menos a 15 min del aeropuerto, empezamos a entrar por calles inhóspitas. Confieso que en esos momentos el miedo crecía desmesuradamente en mi, pero entonces me di cuenta que era en ese momento exacto donde más debía permanecer frío y pensar rápido sin dejarme llevar por la ansiedad del momento.

Lee las señales

1-e1373271266331[1]Mientras nos alejábamos del aeropuerto el guardia me explico que el testigo hacia de testigo en nuestro chequeo de forma voluntaria y sin cobrar y me insinuó, que si se negaba a ejercer de testigo podríamos estar allí todo el tiempo que el quisiera, lo hacia por voluntad propia,m e dejó caer que sería conveniente donar al testigo algo para que almorzara (lo que llaman comida) no lo pensé dos veces, pues estaba claro el mapa aquí. Respondí que sin problemas, quería que almorzara como es debido dije. Entonces le di $20. Este mismo se alegró mucho y me dijo “tu no vas a tener ningún problema”.

Al momento llegamos a un hospital dentro de un barrio que no tenía muy buena pinta. El hospital tampoco, lo único que se podía ver era una gran pancarta que decía “Gracias por tu generosidad General, siempre presente” y aparecía la foto de Hugo Chávez. Entramos al hospital y estuvimos como una hora y media. A todo esto pensaba que menos mal que llegué como con seis horas de antelación – algo poco usual para un fanático del “last call” – porque de lo contrario perdería el vuelo. Aún así tenía mis dudas, porque cada vez todo se volvía más enrevesado.

Impaciencia hace que suceda

Pasaron dos horas y permanecíamos allí, era desesperante, pero no podía perder la calma no ponerme nervioso. De otro modo, mi paciencia se había acabado, entonces pensé en utilizar mi impaciencia de modo que me sacase de allí de la manera más eficiente posible. Pues bien, tomé la iniciativa, nadie me dio permiso, me acerque al guardia y le dije “¿cuánto tiempo más vamos a estar aquí?” él, con voz rotunda respondió “no lo sé, depende de lo que tu estés dispuesto a hacer”. Entonces lo miré fijamente y lo llevé donde no nos veía nadie y le dije: “mira, he visto que tienes las botas un poco desgastadas, que te parece si aceptas esto para unas nuevas y asítienes un recuerdo mío”. El guardia sonrió, tomó los $100 y me llevo directamente a un cuarto para que me hicieran un radiografía. Por lo menos iba a saber si tenía algún hueso fracturado.

Permanece “cool”

Hicieron las placas y salí y tan pronto como salí me llevaron de vuelta en el pick-up de camino al aeropuerto, eran ya las 15h, hora en la que el avión empezaba a embarcar. En el transcurso del viaje el guardia me decía, mira de esta manera tienes algo que contar cuando llegues a casa y has tenido una visita turística guiada a un barrio inusual de Caracas. Yo reía mientras por dentro pensaba “cabronazo”. En fin, ahora no podía cagarla. Otro dato curioso es que sólo detenían a los pasajeros con vuelos de Iberia y a España.

Llegamos al aeropuerto, esperé un poco mientras rellenaban un parte, cuando me iba a marchar llegaron los otros. Al senegalés que había sido un poco más conflictivo le dijeron que no se marchara que tenía que defecar. Al mismo tiempo que escuchaba a un guardia decir: “eso por listo”. Ahora que ya lo tenía todo marché apresuradamente, primero hacia los controles de seguridad y luego hacia la puerta de embarque. Ya tenía ganas de volver a casa

Piensa rápido, actúa más rápido aún

Pero esto no había acabado aún… Al llegar al control de seguridad uno de los guardia me apartó y muy descaradamente empezó a lanzar preguntas. Le dije que estaba de trabajo, me dijo que le mostrara alguna prueba, le enseñé la agenda de las conferencias, me dijo que donde trabajaba, le dije que en España, me preguntó en qué, respondí que para mi, en mi propia agencia, preguntó cuanto ganaba. Ahí no quise decírselo, porque quizás se aprovecharían y más si teníamos en cuenta que tenía una importante suma de dinero en la mochila – afortunadamente todos los controles la habían pasado por alto. El agente dijo “¿trabajas y no sabes lo que ganas?” Le di una cifra vulgar y se quedó mirándome incrédulo. En ese momento, pensé en pasar a la acción y le enseñe los pulgares, entonces pudo ver como estaban llenos de tinta y dijo “te han registrado y pasado por el control antidroga, puedes continuar”. De no haberlo hecho probablemente me llevaría al punto de partida.

Aprovechando el tiempo “muerto”

Después de toda esta epopeya llegué a la puerta de embarque, el vuelo se retrasó aproximadamente dos horas. De vez en cuando escuchabas como desde el mostrador de la puerta de embarque se citaba el nombre del algún pasajero, Marilena, me explicó que los citan para que bajen a la puerta donde están los equipajes antes de subir al avión para que el pasajero busque el suyo y entonces lo abren por completo, mientras un perro antidroga lo rastrea. Por lo menos llamaron a 15 pasajeros, por lo menos esta vez no fui uno.

Todo este lío y la espera extra, me permitió poder contactar a través de Twitter, Facebook e Instagram con todos vosotros para decir que ya estaba a salvo y agradecer todo el apoyo e impuso mostrado. También calmar a mis amigos y familia a través de whatsapp. Lo cierto es que a pesar de estar retenido no hubo ni una sola mala palabra, gesto o maltrato, en ningún momento mi vida corrió peligro, lo que por momentos temí por que me quitaran todo el dinero o perdiera el vuelo. Un dato a considerar, el compañero senegalés supuestamente volaba en el mismo avión, pues bien subí el último y no lo vi en el avión.

Último escollo

Cuando felizmente entraba en el avión, dentro en el pasaje que conduce desde la puerta de embarque hasta el propio avión, me encontré con la última prueba. De nuevo estaba la brigada antidroga cacheando a todas las personas y registrando cada equipaje de mano que llegaba. Ahora si temí que detectaran el dinero que llevaba conmigo, hasta ahora había pasado inadvertido ya que no habían revisado a fondo el equipaje de mano, estaba depositado en sobres al final de la mochila. Temía que al encontrarlo se adueñaran de él, viendo lo visto no me extrañaba.

Bueno, tocaba plantarse delante del guardia de nuevo y abrir la mochila. Pensé que entretenerle podría ser una buena técnica. Empecé a hablarle del Barsa, resulta que en Venezuela mucha gente “va” con el F.C.Barcelona, no me equivoqué, este guardia era del Barcelona. Cuando estaba registrando el bolsillo grande le dije de manera cómplice que me habían registrado no sé cuantas veces, había ido a hacerme placas, e incluso me registraron en el control de seguridad de nuevo – no era verdad – y de nuevo le volví a enseñar los pulgares. Al mismo tiempo me daba cuenta como registraba más por encima que los que habían a su lado. Abrió el monedero, escarbó levemente los rincones y ojeo el interior de la mochila. Entonces me dejó pasar pudiendo por fin acceder al avión. Ahora sí.

Siempre te llevas algo más

Entre la llegada al aeropuerto y el acceso al interiór del avión pasaron casi 7:30h, de ese tiempo, 5h estuve retenido por la brigada antidroga. Un tiempo demasiado valioso como para no aprender algo positivo:

  • Ningún hueso roto o contusión – los rayos X así lo decían.
  • Nadie colocó un alijo de droga en mi barriga o en el trasfondo de mi maleta
  • Visité una zona de Caracas que no hubiera visitado habitualmente.
  • Me puse al día con el email.
  • Logré estar más calmado que nunca en una de las situaciones más críticas que había experimentado.
  • Utilicé mi impaciencia al mismo tiempo que empatía para lograr un resultado favorable.
  • Entendí y asimilé el contexto de la situación rápidamente y lo hice jugar a mi favor.
  • Nunca perdí el sentido del humor y el optimismo y eso me hizo ver las cosas de otra manera.
  • Observe a mi alrededor muy minuciosamente para comprender qué hacer luego – esto fue quizás lo más importante.
  • cada palabra que salía por mi boca era afilada, directa, clara y sin titubear, con decisión y confianza, eso me hizo ganar credibilidad y respeto en cada momento.
  • No siempre puede dibujar a tu antojo, pero siempre puedes re-dibujar.
  • Llevar tantos $$$ encima puede ser muy peligroso.
  • Nunca estás a salvo de lo que pueda pasar.

Volveré a Venezuela

La gente que allí he encontrado es increíble, Nelson, Marilena, Morelba, mi hermano moracho Rodrigo, Jose Paz, Carolina etc. Gente sensacional, fantástica que me ha hecho sentir como en casa, nunca me habían tratado mejor. Ellos no tienen la culpa que unos pobres diablos se tomen la justicia por la mano y se aprovechen de la situación caótica que vive un país en revolución.

Volveré a Venezuela, no lo pensaré dos veces, en absoluto. Las personas que allí viven lo merecen y yo por supuesto disfrutar de todo lo que este gran país tiene por entregar. Este post explica una situación, pero no es ni por asomo con lo que me quedo, sino con la gente tan fascinante que allí vive, las ganas de cambiarlo todo de sus ciudadanos y cómo están iniciando sus pequeñas revoluciones. Nos vemos en Octubre Venezuela. Seguimos, queda mucho por hacer.

El articulo original lo puedes encontrar aqui

 

¡COMPARTE EN TUS REDES SOCIALES!

arrow
 

Enviar por WhatsApp

 
 
 

 
¿Cuál es tu opinión?
 
 
*