Venezuela: escenarios posibles de un país inviable ¿cuánto puede aguantar Maduro al frente del gobierno?

DolarToday / Jan 19, 2015 @ 3:00 pm

Venezuela: escenarios posibles de un país inviable ¿cuánto puede aguantar Maduro al frente del gobierno?

El petróleo venezolano cerró la semana con un barril por debajo de 40 dólares, una señal que enciende casi todas las alarmas en este país tan dependiente de los hidrocarburos. Pero nos equivocaríamos si creyéramos que ésta es la causa de todos los problemas o que todos los males se originaron con la llegada de Nicolás Maduro al gobierno y su peculiar. Por CARLOS MALAMUD / Infolatam

La mayoría de los problemas que enfrenta hoy Venezuela comenzaron a gestarse durante la presidencia de Hugo Chávez. Su gobierno ultrapersonalista, el minado progresivo de las instituciones y del imperio de la ley, convertir a Petróleos de Venezuela (PDVSA) en la principal y casi única fuente del gasto público, son hechos incontestables que explican buena parte de lo que ocurre. La inflación, el déficit creciente, los subsidios a la gasolina o el desabastecimiento también estaban presentes antes de 2013.

Nicolás Maduro carece del carisma y liderazgo de Chávez. Su control del gobierno es incompleto y el chavismo se enfrenta a una bicefalia formal, donde Maduro comparte el poder con Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional. Para peor, dentro del partido gobernante, el PSUV, coexisten múltiples líneas de fractura entre los diversos grupos que pugnan por imponer su agenda y promocionar a sus dirigentes.

El restablecimiento de relaciones entre Cuba y EEUU complicó aún más la situación. El acercamiento de Barack Obama y Raúl Castro vació de contenido el discurso antiimperialista y victimista del chavismo. Aquí podría plantearse el contrafactual de qué pasaría si Chávez siguiera vivo. Lo más probable es que el resultado fuera similar, ya que los incentivos cubanos para acercarse a EEUU seguirían siendo los mismos dado el progresivo declive de Petrocaribe y la menor influencia del ALBA.

Coincidiendo con la gira de Maduro por diversos países (China, Arabia Saudita, Qatar, Irán, Argelia y Rusia), la empresa estadounidense de inteligencia Stratfor, especuló con un posible golpe militar para desplazarlo del poder. Según su interpretación, mientras los militares profesionales apoyan a Cabello, las milicias bolivarianas y los colectivos mantienen una cierta lealtad a Maduro.

Asumiendo la gravedad de la situación venezolana, espoleada por los bajos precios del petróleo y la falta de liderazgo, cabe preguntarse por las salidas a la crisis, o lo que es lo mismo, ¿cuánto puede aguantar Nicolás Maduro al frente del gobierno? La respuesta no es sencilla dadas las múltiples variables que condicionan la capacidad de resistencia del chavismo.

En algún momento de este año, una vez agotadas las líneas de crédito teóricamente obtenidas en su gira, Maduro debería impulsar duras medidas de ajuste. Y si no lo hace él la impopular tarea le tocará a quien gobierne, sea quien sea: fuerte devaluación, recorte del gasto público y de las políticas clientelísticas y asistencialistas, fin del subsidio a la gasolina y otros productos básicos. En definitiva, las temidas medidas “neoliberales” que pueden promover protestas violentas, ya no de la oposición política sino de sectores próximos al chavismo. De proseguir las dificultades actuales no sería descartable la suspensión de las elecciones parlamentarias, algo que afectaría aún más la imagen exterior del país, pero que también aumentaría la movilización opositora.

Un golpe militar o un desplazamiento forzado de Maduro ahondaría las divisiones en el chavismo. De ahí la cautela de los distintos actores, ya que el deseo de conservar el poder es la amalgama que mantiene la unidad bolivariana. Si el deterioro y la ingobernabilidad aumentan, sectores chavistas alineados con Diosdado Cabello podrían forzar la renuncia de Maduro antes de que la situación sea totalmente insostenible. En este escenario no hay que descartar la emergencia de otras figuras, como la del mayor general Miguel Rodríguez Torres, creador del todopoderoso SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) y ministro de Interior hasta octubre de 2014.

En esta coyuntura, el gobierno y la inteligencia cubanas podrían tener un papel esencial dada su presencia en enclaves estratégicos. Sin embargo, todo indica que podrían jugar un papel moderador evitando tensiones innecesarias. La mayor preocupación de Raúl Castro es garantizar que se mantenga el flujo de petróleo venezolano, aunque dado el descenso del precio del crudo su importancia es menor que en el pasado.

Resulta difícil saber lo que ocurre en la FANB (Fuerza Armada Nacional Bolivariana) y cómo se alinean sus jefes y oficiales. Si algún general con mando en tropa estuviera en condiciones de dar un paso al frente, lo más probable es que aguardara un momento propicio. Éste llegaría después del fracaso del hipotético sucesor de Maduro o si la tensión política y las movilizaciones callejeras alcanzaran un punto de no retorno.

En el caso de existir, dicho militar no querría ser responsable del duro sacrificio que habría que exigir a los venezolanos ni convertirse en el verdugo del chavismo. Será en los próximos meses cuando se juegue la capacidad del PSUV de mantenerse como una estructura organizada con respaldo popular o inmolarse en medio de su ineptitud para sacar el país adelante.

La oposición, con recursos mucho más limitados, debería hacerse preguntas similares para desarrollar su propia estrategia: ¿Quién sucedería a Maduro? ¿Cuándo se produciría el relevo? ¿Qué posibilidades tiene la oposición de llegar al poder y, de tenerlas, qué políticas debería impulsar? ¿Contaría con los recursos necesarios o debería enfrentar una complicada coyuntura marcada por la emergencia y las políticas de ajuste?

Un golpe de estado complicaría las cosas, pero si en los próximos meses el gobierno, cada vez más aislado internacionalmente y con menores recursos, no toma la iniciativa en materia económica y social, este escenario será cada vez más probable. Todo está en manos de Maduro, aunque temo que fracase en su intento. De momento sigue insistiendo en dividir y polarizar (“los burguesitos y sifrinitos (la gente de clase alta) nunca volverán al poder”) en vez de convocar a toda la sociedad venezolana, con independencia de su filiación política o ideológica, a converger en un gran pacto para salir de la crisis.

 

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