VENEZUELA ¡PA’ ALLÁ VAMOS! Cuba de “POTENCIA MÉDICA” a país de curanderos milagrosos

DolarToday / Aug 21, 2014 @ 12:00 pm

VENEZUELA ¡PA’ ALLÁ VAMOS! Cuba de “POTENCIA MÉDICA” a país de curanderos milagrosos

Hay una industria donde abundan pillos y estafadores que venden pócimas con venenos de alacrán y supuestos remedios prodigiosos con semillas de mango

Una tarde del mes de julio, Víctor Martínez, 68 años, funcionario jubilado del otrora poderoso Ministerio del Azúcar, ante la incertidumbre de equipo médico que le atendía un fulminante cáncer de colon, llamó a un reconocido santero.

Tras 22 biopsias y una operación fallida que no lo logró extirparle el tumor, como muchos cubanos, Víctor puso su vida en manos de un curandero.

En la isla proliferan los sanadores sin ningún respaldo científico. Unos con más pedigrí que otros. Es una industria, donde abundan pillos y estafadores que venden pócimas con venenos de alacrán, supuestos remedios prodigiosos con semillas de mango y tipos semianalfabetos que “curan” clavando un cuchillo.

Curanderos como Lino Tomasén tienen su consulta abarrotada de gente. Profesionales, ministros y extranjeros lo visitan. Médico graduado, es un negro inmenso y gordo que sana con los dedos a sus pacientes.

Desde mucho antes del amanecer, decenas de personas hacen cola en su consulta, situada en un pasillo estrecho de una edificación destartalada en el barrio pobre y peligroso de San Leopoldo, en la parte vieja de La Habana.

Cobra 20 pesos por cada consulta y acepta regalos. Por toda la ciudad se habla de sus milagros. Desde paralíticos que salieron caminando después de una sesión a enfermos con cáncer terminal curados sin otra explicación lógica que el contacto con el “santo” Tomasén.

Tiene más pacientes que muchos doctores encumbrados. En la Cuba profunda abundan los sanadores. Hay de todo, pero abundan los inescrupulosos que a base de pócimas naturales aseguran curar desde un catarro hasta el más devastador cáncer.

La caída en picada de la salud pública hace que infinidad de cubanos apuesten por una solución mágica a sus enfermedades. Yadira, madre de una niña de 7 años que padece de trastornos cardiovasculares, desesperada por las imprecisiones médicas y un par de cirugías poco exitosas, abordó un ómnibus interprovincial hasta la provincia Ciego de Ávila, a 400 kilómetros al este de la capital, en busca de un milagro.

En un bolsillo de su cartera guardaba una estrujada hoja con la dirección del sanador. “Yo había visto en un video los milagros del curandero. Y me decidí a consultarlo”, señaló.

Lo que vio la espantó. Un hombre de aspecto lombrosiano con pinta de descuartizador de vacas, que interviene quirúrgicamente a sus pacientes con un rústico cuchillo de cocina.

Sin las más elementales condiciones sanitarias, el curandero avileño hace su labor. “Es aterrador ver cómo le clava el cuchillo a los pacientes. Utiliza anestésicos inventados por él mismo. Pero aseguran que ha curado a cientos de personas”, comentó Yadira, quien optó por desechar al curador.

El retroceso cualitativo de la medicina en la isla es una de las causas del florecimiento de un ejército de supuestos sanadores milagrosos que cuelgan videos en Youtube.

Todos muestran un curriculum impresionante con cientos de vidas salvadas y pócimas extraordinarias que, afirman, curan cualquier mal. Josué, cirujano, no tiene nada contra la medicina naturalista ni los curanderos.

“Pero debe están avalados por una comisión médica. Suelen ser vulgares estafadores que juegan con el desespero de los pacientes ante una enfermedad terminal. Si hubiese un remedio para todas las enfermedades, no existiría la muerte“, afirmó.

En el realismo mágico de América Latina la sanación milagrosa tiene una larga data. Se rumora que el exgobernante cubano Fidel Castro es un devoto furibundo de la magia negra.

Después de cruzar el Túnel de La Habana, a unos dos kilómetros se encuentra el reparto Bahía. Un barrio de edificios feos de cuatro y cinco pisos y algunos de 12 plantas construidos con tecnología yugoslava en los años 90.

Desde hace cinco años, en un parque del reparto, crece una ceiba que santeros oficialistas trasplantaron por la salud del líder de la revolución. Según una santera del lugar, la ceiba, que sobrevivió plagas y ciclones en un patio habanero, fue donada antes de morir por una anciana madrina que era famosa por sus poderes.

El 13 de agosto de 2009, coincidiendo con el cumpleaños de Castro, el barrio se llenó de paleros, santeros y curiosos. Con el mayor secreto y solemnidad, los babalaos sacrificaron para los santos, gallos negros y una jicotea “que recogía todo lo malo”. Luego rociaron el tronco con la sangre de los animales.

Cuando salió el sol, trasladaron la ceiba consagrada al parque y la plantaron entre toques de tambores y cantos a Olodumare. Cincuenta babalaos rogaron a los orishas para que el comandante viva tanto como el árbol y dieron 16 vueltas a la ceiba.

Es habitual entre los dictadores aferrarse a lo esotérico. Un día lluvioso de 1958, mientras las guerrillas capitaneadas por Castro bajaban del macizo montañoso de la Sierra Maestra, en el oriente de la isla, y comenzaban su avance hacia el centro del país para derrotar a Fulgencio Batista, los babalaos del entonces dictador organizaron un gigantesco ebbó en el estadio de Guanabacoa, villa relativamente cerca de la ceiba ofrendada a Castro.

En el Parque de La Fraternidad, en el corazón de La Habana, se yergue, majestuosa y siniestra otra ceiba. La mandó a sembrar el general Gerardo Machado, otro dictador, en 1928. Se cuenta que bajo sus raíces enterró el “daño” preparado a sus adversarios y una “prenda judía” que le permitiera vivir 100 años.

Ante un servicio médico donde falta equipamiento moderno para diagnósticos, los atormentados pacientes y sus familiares acuden a cualquier santero o se aferran a una cura milagrosa que les alargue la vida.

Víctor Martínez, funcionario jubilado, lo intentó. Pero ni las pócimas ni la santería le pudieron salvar. Murió el primer sábado del mes de agosto.

Fuente: Diario Las Amèricas

 

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