¡EXILIO FORZADO! Así se ganan la vida los músicos venezolanos en el Metro de Madrid

DolarToday / Mar 14, 2017 @ 5:00 pm

Ganan de veinte a treinta y cinco euros diarios, no es mucho, pero les alcanza para cubrir los gastos más urgentes que son los de la comida y el hospedaje.

Noé Pernía – Caraota Digital

Son trabajadores informales, tocan su música en una atmósfera de clandestinidad que tolera el personal del Metro de Madrid, eso sí, son desalojados de inmediato cuando los sorprenden en los vagones.

Por eso ejecutan los números entre estación y estación, siempre alertas en cada parada por si entra algún vigilante de los que trabajan para el transporte público subterráneo.

Se llaman Rafael Villán (percusión), Enrique Parra Bracho (flauta) e Ibrahím Rivero (bongós), tres venezolanos que han emigrado a España con la última oleada de personas que huyen de la violencia, el hambre y la represión en su país.

El flautista maracucho

Tomás Enrique Parra Bracho es de Maracaibo, tiene cuarenta y seis años y ha estudiado la flauta desde los once.

Llegó a España en 2016 con su familia, cuenta que su hija tiene un empleo como profesora y su esposa trabaja como asistente en un bufete de abogados.

En el Metro de Madrid se ha cruzado con músicos que él califica de muy buenos: españoles, colombianos, dominicanos, ecuatorianos y argentinos entre otras nacionalidades.

“Aquí hay de todo” le comenta Tomás a Noé Pernía, nuestro corresponsal en España para Caraota Digital.

–¿Y cómo llegaste a conocer a otros músicos como tú en el Metro?

–Estuve buscando por Internet y realmente por allí he contactado poco a poco, también hablando con los propios músicos que me encontraba en los andenes.

La marca característica de Tomás es la sonrisa de optimismo, “yo toco lo que le gusta a la gente acá”.
“Me alcanza para vivir”

Rafael Villán tiene treinta y dos años, hijo de músicos y viene de Vargas en el litoral central de Venezuela.

Ha llegado a Madrid en 2016, solo, con la esperanza de traerse a su familia lo más pronto posible.

–¿Cuándo comenzaste a aprender la música en Venezuela?

–Desde muy pequeño he sido miembro de las corales y las bandas secas en mi escuela, después me fui a la escuela de música a estudiar teoría y solfeo con percusión, allí crecí aprendiendo hasta que comencé a trabajar con distintas agrupaciones en Vargas.

Rafael le cuenta a Caraota Digital que existen dos horarios flexibles para trabajar en los vagones.

El primero, desde las diez de la mañana hasta las dos de la tarde, y el segundo desde las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche, “y cada quien que va llegando, va esperando el turno para agarrar los vagones”.

–¿Tocando en el Metro te puedes ganar la vida?

–Todo es relativo, a veces te llega y a veces no, y bueno, uno después va a la calle y hace otras cosas para poder completar, yo por ejemplo limpio en restaurantes y toco en varios locales.

Todo lo que aspira Rafael Villán es lograr un buen trabajo y poder vivir con tranquilidad en España.

“La música es una bendición”

Ibrahím Rivero tiene treinta y dos años y al igual que su amigo, Rafael Villán, también viene del estado Vargas. Llegó en 2016 a Madrid, dos meses luego que su esposa quien también es músico y se gana la vida cantando en distintos locales y discotecas.

Su esposa es la entusiasta del hogar y tiene un proyecto conjunto con Ibrahím para llevar a cabo unos arreglos musicales y posiblemente grabarlos para alguna aplicación o soporte digital. Para ambos, “la música es una bendición”.

Estos tres músicos venezolanos han sido empujados por la fuerza de las circunstancias a romper con la trayectoria profesional que cada uno tenía en Venezuela y perseguir un futuro incierto en España.
El Metro de Madrid es una ciudad bajo tierra con doscientos noventa y cuatro kilómetros de longitud, trescientas treinta estaciones, doce líneas y dos mil trescientos diez vagones.

 

¡COMPARTE EN TUS REDES SOCIALES!

arrow
 

Enviar por WhatsApp

 
 
 

 
¿Cuál es tu opinión?
 
 
*