¡REALIDAD DESGARRADORA! Niños de la calle en Venezuela , entre la prostitución y la indigencia

DolarToday / Sep 9, 2014 @ 5:00 pm

Al caer la noche en Caracas la realidad de la infancia en Venezuela se pone en evidencia.

En el año 1998 el Presidente dijo “no permitiré que en Venezuela haya un sólo niño de la calle, y si no, dejo de llamarme Hugo Chávez”.

El Gobierno Nacional quiere tapar a través de campañas y mensajes que difunden sin tan siquiera acercarse a la verdad de las calles. Niños, niñas y adolescentes salen de sus casas para trabajar. Solo basta un recorrido para verlo. Venden rosas, dulces y hasta su cuerpo. Algunos no tienen vivienda, conformándose con dormir en la calle sin correr la misma suerte de otros que murieron en la indigencia y las drogas.

El equipo de NTN24 se acercó a la vida de estos pequeños. Desde las 10 de la noche hasta casi la 1 de la mañana al menos 6 historias rompieron con las promesas incumplidas del Ejecutivo.

Jóvenes de hasta 18 años prostituyéndose en las calles, bajo la mirada complaciente de las autoridades, pierden su vida entre vehículos que se detienen a pedirles el precio. Grabando a uno de ellos, se observó un carro de la Policía Nacional Bolivariana con dos funcionarios que se detuvieron a hablar con un joven travesti. La persona que estaba siendo entrevistada aseguró que esos funcionarios montaban a muchos de los que se vendían en esa esquina.

Mientras ellos arriesgan su vida por mil bolívares “el servicio completo”, 4 hermanitos pasean por el municipio Chacao, vendiendo rosas.

El menor tiene 8 años. Trabajan “para comer” y ayudar a su abuela, que fue quien los rescató después de que su propia madre los dejara. Sin haber comido aceparon una invitación para cenar, relatando la vida desde una mirada de inocencia que aún conservan. Y sin buscar, otro niño de la calle se sentó justo delante de ellos, accediendo a hablar.

Este último tiene 15 años y vive en la calle. Consume desde temprana edad, ha robado, pero ahora pide dinero en autobuses. Su deseo es “ser alguien en la vida”, pero para llegar hasta ahí asegura no necesitar ayuda de un Gobierno que antes no quiso tenderle la mano.

Cada historia es diferente pero se entrecruza en la verdad de lo que viven los niños de Venezuela que salen a las calles mientras el Gobierno y gran parte de la sociedad se tapa los ojos. Estos 15 minutos de video muestran solo una parte, que puede servir para despertar conciencias.

Calles de Caracas continúan llenas de niñas y niños en situación de calle:

Las calles de Caracas siguen minadas de personas en situación de abandono. Problemas de alcohol, drogadicción y familiares son las principales causas que llevan a estos ciudadanos a la indigencia.

Sólo en los alrededores de Parque Carabobo y la Candelaria hay alrededor de 200 personas de distintas edades durmiendo debajo de cartones y sábanas viejas,según se pudo constatar durante un recorrido realizado ayer.

También ocupan los bancos de las plazas y los techos de los kioscos y de las paradas lumínicas para refugiarse. Debajo de los puentes, de los elevados, en los edificios abandonados, en las entradas de las entidades financieras, de los centros comerciales e, incluso de los hospitales, se les observa acampando con su perolera.

Por donde se les ve, los transeúntes prefieren no caminar pues a veces son agresivos y además por el bagaje maloliente que cargan a cuestas.

Muchos dicen tener enfermedades como sida y cáncer para llamar la atención de los peatones y conductores. Se colocan por las cercanías de San Bernardino. Otros -principalmente mujeres- cargan niños para pedir comida. Abundan por las av Andrés Bello y Bellas Artes. Se mezclan con grupos de indígenas que de nuevo están viviendo de la indigencia.

En fin, en esta época ya son muchas las artimañas que usan las personas en situación de calle para sobrevivir y ganarle la carrera a la Misión Negra Hipólita, creada en enero de 2006 por el Gobierno nacional, precisamente para rescatar a las niñas, niños y adultos en situación de abandono.

En sus primeros años esta misión era temida, aun cuando los educadores de calle (ciudadanos que se encargaban de hacer el abordaje de los menesterosos) no usaban la fuerza ni obligaban a estas personas a subirse a las unidades que los llevarían a un refugio o casa de abrigo.

Era temida por cuanto las personas se rehusaban a estar sometidas bajos unas reglas o régimen de recuperación. Y al cabo de un día regresaban a la intemperie. Por ello las cifras oficiales casi nunca eran las más cercanas a la realidad. Pero se conoció que esos primeros años esta institución atendió a cerca de cinco mil 200 menesterosos.

De esos, más de la mitad están de vuelta en las calles, mezclándose entre sí tanto las madres solteras, los indigentes de la diversidad sexual, ancianos e incluso personas con antecedentes penales.

“Todo porque la efectividad se vio afectada por la poca disponibilidad de recursos, equipos y ambulancias y porque las casas de abrigo estaban hasta el tope. Se calcula que hoy en día en seis centros que hay en el área metropolitana hay alrededor de dos mil ciudadanos”, según datos aportados por voceros de la línea 0800-Hipólita.

La situación actual de Parque Carabobo es un reflejo de todo lo descrito anteriormente. En las narices del Ministerio Público y del Cicpc, esta zona es un nido reproductivo de indigencia. De hecho, los vecinos reportan mucha basura, robos y peleas callejeras protagonizadas por estos individuos, quienes aseguran que la Negra Hipólita “no sirve” y que “para allá no voy más”.

Ante ello, prefieren el rebusque, hurgar en la basura y andar de pedigüeños.

La calle como casa y escuela:

Los que el Presidente bautizó en 1998 como “niños de la patria”, son hoy, “un remanente de niños que van y vienen” y que están en la calle porque huyen de las casas de paso.

Contraria es la opinión de los que dirigen instituciones privadas que abordan este problema social para quienes el más emblemático de los fracasos de la actual gestión está asociado a la más emblemática de sus promesas: la de resolver el problema de los “niños de la calle”, so pena de cambiarse el nombre si no alcanzaba este objetivo en tres meses.

Quince años después, y sin estadísticas ni estudios confiables que retraten la problemática, hay consenso en señalar que el escenario de estos pequeños cambió, pero no para mejor.

“Aunque pueda haber disminuido el número de niños que duermen en la calle ha aumentado el de los menores explotados laboralmente, la prostitución infantil, los niños no escolarizados y los adolescentes en conflicto con la ley. Estos problemas son menos visibles, pero más graves”, diagnostica Deanna Albano, quien dirige desde hace 16 años la Asociación Muchachos de la Calle.

Leonardo Rodríguez, coordinador del programa de la Red de Casas Don Bosco, que en el 2008 atendió a 142 niños y adolescentes, respalda la opinión de Albano. “70% de los jóvenes que recibimos en el patio abierto en Sarría no duermen en la calle, pero tampoco asisten a la escuela, son buhoneros, caleteros, carretilleros, vendedores de flores o de estampitas en las camionetas, fuman, beben y sufren de hernias, problemas respiratorios y de la piel”.

Según los especialistas, aunque no duerman sobre el asfalto, los niños están expuestos al riesgo que representa estar en la calle, apartados del sistema educativo formal y en su mayoría carentes de cédula de identidad y partida de nacimiento. Legalmente inexistentes.

Lo primero que impide hablar con propiedad del tema es la ausencia de estadísticas confiables. “Nadie sabe cuántos son”, dice Albano.

El otro gran vacío es la falta de un plan nacional de infancia que determine directrices a seguir. “Los programas para niños de la calle han sido siempre por ensayo y error, cada organización trabaja aisladamente. Abrir casas de abrigo no es la solución sino trazar un plan con las familias de estos jóvenes”, advierte Albano.

Para Rodríguez, el plan nacional de infancia permitiría coordinar acciones coherentes y efectivas entre las instituciones gubernamentales y las ONG.

“La política tiene que ir orientada a no separar a los niños de su familia y garantizar que éstos no sean usados para labores de alto riesgo como sucede hoy”.

Por: Ana Vanessa Herrero/R24
Jesús Medina/Horacio Siciliano

 

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