Yusnaby Pérez: Venezolano, vea su futuro aquí: “LA LIBRETA DE RACIONAMIENTO” contado por sobrevivientes

DolarToday / Aug 23, 2014 @ 11:00 am

Los cubanos están preocupados por el anuncio, el pasado miércoles, de la próxima implementación en Venezuela de un sistema biométrico para la compra de alimentos y productos básicos. El anuncio ha revivido las peores pesadillas de los consumidores de la Isla y disparado las comparaciones entre ambos países. Más de medio siglo después de la instauración de la llamada libreta de racionamiento, la población cubana reacciona con pesimismo a las nuevas disposiciones de Nicolás Maduro sobre el comercio minorista en su país. 14 Y Medio 

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El mandatario venezolano ha decidido crear un sistema para regular las compras en los comercios estatales y privados a través de huellas dactilares. La medida ha causado molestias en la población del país sudamericano, pero también ha tenido un eco negativo en Cuba.

Muchos cubanos perciben que Venezuela recorre a pasos cada vez más rápidos un camino de excesivos controles y estatización que ha resultado desastroso para la Isla. “Están inventado el agua tibia, porque algo parecido hemos tenido aquí y no ha servido para solucionar el desabastecimiento”, aseguraba esta mañana Josefina Bermúdez, quien adquiere su pan del racionamiento en la unidad La Candeal, en la esquina habanera de San Lázaro y Hospital.

La picaresca popular ya ha encontrado algunos motivos para burlarse de la última decisión de Maduro. “Van a tener que cuidarse mucho los dedos en Caracas, porque ahora el negocio va a ser cómo conseguir un dedo de otra persona para poder comprar más…”, se burlaba Miquito, un pescador que pasa sus mañanas y sus tardes en el muro del malecón.

No todos lo ven con tanta picardía. Los hijos de Nemecia están alarmados ante la posibilidad de que su madre ya no pueda traerles desde Venezuela los regalos prometidos. “Lleva casi dos años trabajando como técnica de la salud cerca de Barinas y ahora con estas noticias no sé si podrá comprar las cosas que quería traer”, dice el mayor. La “fuente” comercial en que se había convertido Venezuela para quienes realizan misiones médicas en ese país, pende ahora de la punta de un hilo.

El temor proviene de un mal demasiado conocido y experimentado por estos lares. Los más viejos recuerdan aquellos momentos en los que se implementó las cuotas para cada persona “de manera transitoria y hasta que el país se estabilice”. Con el tiempo los productos que en un inicio estaban regulados comenzaron a escasear y vieron menguada su calidad. Hoy, cada persona recibe mensualmente un poco de arroz, azúcar, unas onzas de pésimo café y algo de pollo y huevos.

En la familia de Rodobaldo Acuña tres generaciones han nacido bajo el sistema del mercado racionado y saben de sobra cómo deben de sentirse los venezolanos. “Yo nací en 1965 con libreta de racionamiento, mi hija llegó en medio del Período Especial y también tiene que comprar en la bodega, y ahora viene en camino mi segundo nieto y habrá que inscribirlo también. Solo espero que no lo sufran tanto tiempo como nosotros”.

Venezuela vive hoy la mayor inflación de toda la región, con una tasa anual por encima del 60%. El Gobierno ha intentado paliar el asunto con controles de precios y de cambios, pero el costo de la vida se ha disparado. Las importaciones de productos básicos siguen creciendo y los anaqueles vacíos ya forman parte inseparable del paisaje comercial del país.

“Después dicen que los cubanos o no llegamos o nos pasamos… pero en esto los venezolanos se nos han ido por delante”, dice Manolo, un jubilado que compra en una bodega de la calle Teniente Rey de La Habana Vieja. El hombre considera que, “cuando en un país se establece un racionamiento de este tipo, después es muy difícil erradicarlo y además esto fomenta el conformismo, el paternalismo y la falta de deseos de esforzarse en la gente”.

El sistema de racionamiento entró en vigor en Cuba en 1962 y, aunque hay fuertes rumores populares sobre su próxima eliminación, las Oficinas de Registro de Consumidores (OFICODA) de todo el país están preparando la entrega de la libreta de 2015. “Bueno, a diferencia de lo que me ha pasado a mí con la libreta, a ningún venezolano se le perderá ni tampoco se le olvidará el dedo en la casa”, exclama con sorna Manolo antes de pedirle al bodeguero que le despache el azúcar del mes de agosto.

Yusnaby Pérez: La libreta de racionamiento en Cuba

Cada familia cubana tiene una. Nadie se escapa. Fue creada por Fidel Castro el 12 de julio de 1963 en medio de la crisis por el desabastecimiento de los primeros años del “socialismo” en Cuba. Desde entonces, ha regulado la venta de alimentos a precios subsidiados en las llamadas “bodegas” (almacenes destinados únicamente a la comercialización de productos racionados).

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En sus inicios, la libreta de racionamiento era bastante extensa. Alcanzaba para comer sin grandes apuros. En ella se incluían leche fresca, embutidos, turrones de Navidad, “carne de res”, refrescos, cerveza para bodas y cumpleaños, pescado, café… Contaba además con una tarjeta gemela que racionaba la ropa y los productos no comestibles.

Todo duró mientras la Unión Soviética existió. La economía cubana dependía de las “generosidades” del bloque socialista, y no había incentivos para el desarrollo de la industria nacional.

En la década del 90, con la caída del muro de Berlín, Cuba vivió lo que se conoce como “opción cero”. No había comida, combustible, la generación de electricidad era extremadamente irregular, las fábricas paralizadas, la producción nacional insuficiente…; y como consecuencia, el racionamiento fue más severo.

Hoy, a un precio acorde al salario medio (20 dólares al mes), la libreta de racionamiento le permite comprar una vez al mes a cada persona:

- 5 huevos
- 5 libras de arroz
- ½ libra de aceite
- 1 paquete de café mezclado con chícharo tostado (1/4 de libra)
- 3 libras de azúcar blanca
- 1 libra de azúcar morena
- ½ libra de frijoles
- 1 Kg de sal cada 6 meses
- 1 caja de fósforos (cerillos)
- 1 libra de pollo al mes
- ¾ de libra de “pollo por pescado” (se eliminó el pescado y lo sustituyen con pollo)

“Ahorrando bastante comida, lo que compro con la libreta me dura como máximo 10 días”- Comentaba Jesús García, pensionado de 75 años sin otro ingreso económico.

El pan también es racionado y a cada persona le corresponde un pan diario de 80 gramos. Las mujeres de 10 a 55 años deben cada año inscribirse en el “censo de íntimas” para poder comprar 10 toallas sanitarias al mes. Los padres con niños sólo pueden comprar leche mientras los pequeños sean menores de 7 años.

La libreta se regula por zona. A cada cubano, en dependencia de su localidad, le corresponde una bodega única donde comprar. Si lleva la libreta a otra bodega simplemente no le despachan ninguna mercancía. En ella se anota con tinta cuando se recibe un determinado producto y se deberá esperar al mes siguiente para volverlo a recibir.

Paralelamente, el Estado cuenta con supermercados TRD (Tiendas de Recaudación de Divisas). Aquí se pueden encontrar generalmente casi todos los productos mencionados y muchos más, pero su venta es en pesos convertibles (moneda que se obtiene al cambiar dólares, euros, libras esterlinas, etc; equivalente aproximadamente a 1 USD). El precio de venta al público de cada producto tiene adicionado un240% de impuesto sobre el valor de importación. La realidad es que en estas tiendas “no racionadas” solamente pueden comprar los extranjeros o los cubanos que reciben dinero desde el exterior. El cubano asalariado tendría que reunir 2 salarios íntegros mensuales para comprarse 800 gramos de queso o casi 3 salarios para comprar 1Kg de carne de res.

El Estado cubano es un monopolio de importaciones. Todas las bodegas, supermercados y almacenes de productos alimenticios son 100% estatales. En 1968 expropiaron absolutamente todos los negocios de este contexto. Ellos regulan el precio, la distribución y la cantidad.
Productos básicos como el agua, la leche, la carne, el papel higiénico, el cepillo dental… son de venta exclusiva en TRD, por lo que el acceso a ellos es bastante limitado debido a los precios elevados, los bajos salarios y la devaluación del peso cubano al cambiarlo en divisa para poder comprar.

Como alternativa, existe el gran mercado negro: es un mercado que se abastece del “robo al Estado” y de importaciones ilegales y que se extiende de casa en casa, de bolsa en bolsa…

“Mi esposo trabaja en un hotel. Todos los días él trae filetes de carne y al día siguiente los vendo en la calle a 2 dólares cada uno”-Me explicaba Teresa.

Sin embargo, el mercado negro, de manera similar a las tiendas en divisa, sólo está a la mano de cubanos que tengan una entrada de dinero no oficial.

Hoy, muchos cubanos recuerdan el dilema que tenían hace 50 años, debían decidir si comprar un calzoncillo, un grifo de agua o una batería para linterna; de elegir uno no podían comprarse el otro. Hoy el dilema consiste en cómo conseguir que 5 huevos alcancen para todo un mes.

La libreta de racionamiento permite que no exista la desnutrición, pues algo de comida se puede comprar a un precio asequible; pero está muy lejos de ser una herramienta eficaz para garantizar la buena alimentación. Por eso el cubano lleva siempre consigo una bolsa vacía, y no pierde la oportunidad cuando encuentra algo para echarle. Esta situación “conviene”. Cuando el día entero se está pensando en qué comerán tus hijos por noche, difícilmente habrá tiempo para pensar en derechos, democracia y libertades.

 

 

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