Avi Loeb, astrofísico de Harvard: “Es nuestro deber cívico como científicos aportar claridad sobre los OVNIS”

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Las declaraciones recientes del ex astronauta y actual director de la NASA, Clarence W. «Bill» Nelson, han generado gran expectación en relación a la posible existencia de vida extraterrestre. Durante una visita a Argentina, Nelson anticipó que se publicará un documento final sobre este tema a finales de año.

La discusión sobre los OVNIs ha vuelto a tomar protagonismo en todo el mundo en los últimos días, despertando el interés de numerosos científicos que se dedican al estudio de la vida fuera de nuestro planeta. Uno de ellos es Abraham Loeb, profesor de astrofísica en la Universidad de Harvard, quien defiende la importancia de intensificar la búsqueda de seres inteligentes en otros mundos y continuar encontrando indicios de su existencia en el cosmos.

Loeb basa su perspectiva en datos recopilados hace seis años, cuando un telescopio detectó algo que, según él, podría ser una tecnología de origen extraterrestre. En su libro «Interstellar: La búsqueda de vida extraterrestre y nuestro futuro más allá de la Tierra», Loeb explora la importancia de este evento y cuestiona la actitud conservadora de muchos científicos en este campo.

El científico de Harvard ha manifestado en varias ocasiones su apertura a considerar la posibilidad de tecnologías no terrestres como explicación para ciertas observaciones astronómicas que desconciertan a la ciencia tradicional. Su proyecto, conocido como Proyecto Galileo, reúne a un grupo diverso de científicos de instituciones prestigiosas como Harvard, Princeton, Cambridge y Caltech, con el objetivo de descubrir pruebas de inteligencia tecnológica extraterrestre. A diferencia del proyecto SETI, que se enfoca en señales electromagnéticas, el Proyecto Galileo busca evidencias a través del estudio y análisis de objetos como Oumuamua.

Oumuamua, un objeto detectado en 2017 con una longitud cercana a los 300 metros, llamó la atención como el primer objeto interestelar de su tipo. Loeb sugiere que su forma inusual y su movimiento a alta velocidad podrían indicar un origen tecnológico. Esto ha llevado al científico a organizar expediciones para rastrear posibles artefactos tecnológicos extraterrestres, como la reciente búsqueda en el Océano Pacífico cerca de Papúa Nueva Guinea.

Durante esta expedición, Loeb y su equipo recogieron 500 esférulas, que son gotas fundidas de la superficie del objeto que explotó en la atmósfera inferior. Estas muestras están siendo analizadas para determinar su composición y averiguar si provienen de fuera del sistema solar y si tienen un origen tecnológico.

El enfoque de Loeb y su investigación han recibido críticas por parte de algunos colegas académicos, a lo que él responde que se trata de celos y envidias debido a la atención que está recibiendo. El científico defiende que la ciencia puede ser apasionante si resuena con el interés del público y que es responsabilidad de los científicos aportar claridad utilizando instrumentos y metodologías científicas.

En su libro, Loeb también plantea la necesidad de destinar una financiación extraordinaria a la búsqueda de vida extraterrestre, argumentando que si se invirtieran 2 billones de dólares al año en exploración espacial, podríamos enviar sondas a cada estrella de la Vía Láctea durante este siglo. Para él, se trata de una cuestión de prioridades que podría elevar nuestro nivel de inteligencia y atraer la atención de otras civilizaciones.

En definitiva, el debate sobre la existencia de vida extraterrestre continúa generando interés y animando a científicos como Loeb a intensificar la búsqueda de pruebas y evidencias que confirmen la presencia de seres inteligentes en otros mundos.