El régimen de Daniel Ortega convirtió a Nicaragua en el único país del mundo sin periódicos impresos

@DolarToday / Aug 13, 2021 @ 6:00 pm

El régimen de Daniel Ortega convirtió a Nicaragua en el único país del mundo sin periódicos impresos

La Prensa, el más antiguo de los diarios del país y el último que seguía imprimiéndose, dejo de hacerlo este viernes por la retención de papel por parte de las autoridades sandinistas

Por Fabián Medina Sánchez / Infobae

“La república de papel”, como se le ha llamado históricamente al diario La Prensa de Nicaragua, se ha quedado sin papel. La noche del jueves la gigantesca rotativa Goss Urbanite ya no se encendió como siempre, y este viernes el diario impreso no salió más a las calles.

Igual suerte corrió el diario Hoy, de corte popular y de la misma empresa. Eran los dos últimos impresos que circulaban en el país. De esta forma, Nicaragua se convirtió, por ahora, en el único país del mundo sin un periódico impreso.

“Una vez más, la dictadura Ortega Murillo nos ha retenido el papel. Mientras no liberen nuestros insumos no podremos circular en nuestra versión impresa, pero no nos callaran”, denunció el diario en su última portada de papel. En la misma edición, el periódico explica que la Dirección General de Aduanas (DGA) mantiene retenido sin explicación alguna el papel y resto de insumos que necesita para su elaboración.

No es esta la primera vez que el régimen de Daniel Ortega intenta un estrangulamiento de esta forma. Entre 2018 y 2019 este mismo diario sufrió un bloqueo de 500 días de todos sus insumos. Cerca de 100 toneladas de papel y tinta que empezaron a descomponerse por el paso del tiempo en bodega. La rotativa se detuvo, el periódico se fue enflaqueciendo a ojos vista hasta llegar a un cuadernillo suelto, y muchos periodistas, obreros y voceadores perdieron sus empleos.

El seis de febrero de 2020, gracias a una gestión del nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag con la vicepresidente Rosario Murillo, el papel fue liberado y La Prensa volvió con sus ediciones regulares a la calle. “La Prensa va a llegar a los 100 años”, sentenció en ese entonces el recientemente fallecido director del diario, Jaime Chamorro Cardenal.

La Prensa es el más antiguo diario de Nicaragua. El pasado 2 de marzo cumplió 95 años y carga una tradición de enfrentamiento con las dictaduras que han gobernado Nicaragua, que le ha llevado a sufrir censuras, cierres manu militari, cárcel de sus directivos y periodistas, el asesinato de su director, bombardeo de sus edificios, asedio policial y de turbas de fanáticos y, últimamente, bloqueo de sus materias primas con el propósito de estrangularla.

Tan importante ha sido en la historia de Nicaragua, que el poeta Pablo Antonio Cuadra la bautizó como “La República de Papel” porque, según su criterio, en un país donde los poderes formales del Estado no funcionan, La Prensa era poder legislativo pues el pueblo tenía su curul, su voz, ahí, y era poder judicial al hacer justicia recogiendo las denuncias de los abusados. “Aun censurada, La Prensa es la que expresa en la conciencia del país, como una bandera a media asta, lo que Nicaragua ha perdido y tiene que recuperar”, dijo Cuadra cuando el diario cumplió 50 años.

“La Prensa ha sido una piedra en el zapato de todas las dictaduras que hemos tenido”, dice Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), organismo que denunció el bloqueo a los insumos del diario como “otra violación de derechos humanos del régimen”.

“Ellos (el régimen) violan el derecho a libertad expresión y el derecho a estar informados. Esto no es un problema burocrático, esto es intencional”, dice la veterana defensora de derechos humanos para quien esta acción se inscribe en la ola represiva que ha emprendido el régimen de Daniel Ortega. “Ya ni el periódico quieren que leamos. Es parte de apagón informativo que quieren provocar”.

Dos directivos de La Prensa –los hermanos Cristiana y Pedro Joaquín Chamorro Barrios— fueron apresados en distintos momentos, poco después de manifestar su intención de competir contra Daniel Ortega por la presidencia del país en las elecciones de noviembre próximo, bajo cargos de “lavado de dinero” y “traición a la patria”.

El gerente general de La Prensa, Juan Lorenzo Holmann Chamorro, dice que hasta antes de 2018 los insumos de La Prensa llegaban al diario sin contratiempos, en plazos menores a los 10 días límites que la ley da a la Dirección General de Aduanas (DGA) para que apruebe las exoneraciones correspondientes. El artículo 68 de la Constitución Política de Nicaragua establece que “la importación de papel, maquinaria y equipo y refacciones para los medios de comunicación social” está exenta de “toda clase” de impuestos.

En el 2018, cuando en Nicaragua se produjeron multitudinarias protestas contra el régimen de Daniel Ortega, comenzaron las trabas sin explicación alguna. Así fue como mantuvieron un embarque de papel retenido por 500 días y el diario sobrevivió comprando papel más caro y no apropiado para periódicos en el mercado local.

Esta vez son 23 las toneladas de papel retenidas y temen que otras 84 toneladas de materia prima que vienen en camino corran la misma suerte. El plazo de aduanas ya fue sobrepasado sin que haya respuesta de las autoridades, a pesar de las reiteradas gestiones que ha hecho Holmann Chamorro ante el director de Aduana, Eddy Medrano, para que liberen los insumos importados por La Prensa.

“Esto no es un cierre”, señala, sin embargo, Holmann. “Esto es un impasse que nosotros creemos que de alguna forma en la parte impresa se va a solucionar y si no se soluciona seguiremos haciendo nuestro trabajo a través de las plataformas digitales”.

Recordó la historia de atropellos que ha vivido La Prensa. “A pesar de todo, estamos mejor que en los años 80 cuando llegaba un militar y decía: Esto se cierra. Ahora tenemos una plataforma digital robusta, y vamos a fortalecerla aún más para seguir informando”.

Dice que seguirán insistiendo hasta que la Dirección General de Aduanas (DGA) autorice la exoneración de la materia prima retenida y La Prensa vuelva a las calles como lo ha hecho durante más de 95 años. “El dejar de imprimir no significa que vamos a dejar de insistir en que nuestro papel sea liberado, porque es un derecho”.

 

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