La estrategia del régimen de Nicolás Maduro va viento en popa

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1. Maduro y el chavismo gobernante están seguros de su victoria en las elecciones presidenciales. Hasta ahora, todo va según lo planeado. Tanto la división entre la oposición como la posibilidad de una abstención masiva son favorables para ellos.

2. Sin embargo, Maduro no se confía por completo. Han aprendido de la experiencia de Chávez en el referéndum de 2007, donde sobreestimó su liderazgo individual y perdió. Pensó en su reelección indefinida e ignoró a los gobernadores y alcaldes. Como resultado, más de 3 millones de chavistas no salieron a votar. Ahí fue cuando comprendieron que la verdadera capacidad de movilización reside en los poderes locales.

3. Por esta razón, Maduro, cuyo liderazgo es inferior al de Chávez, necesita convocar unas elecciones a gran escala para asegurar su hipotética victoria en 2024. No quiere correr el riesgo de que la oposición se una nuevamente como en 2015, construyendo una poderosa narrativa electoral, pisando tierra y buscando un candidato capaz de ganar, cobrar y gobernar. No es una tarea fácil, pero tampoco imposible.

4. Hasta ahora, la oposición está jugando justo como Maduro quiere. Los venezolanos que desean un cambio le exigen al liderazgo opositor máxima unidad, coherencia, desprendimiento y un compromiso real para solucionar los problemas del país. Sin embargo, parece que están haciendo todo lo contrario. No están unidos, no actúan coherentemente, no muestran desprendimiento personal y no están enfocados en las soluciones.

5. Cuando la oposición ha actuado de acuerdo a lo que los venezolanos demandan, estos últimos han salido masivamente a apoyarlos. Las elecciones parlamentarias de 2015 son el mejor ejemplo de ello.

6. En cuanto a la unidad opositora, será imposible lograrla mientras el factor que los une sea la elección de un candidato presidencial. Hay muchos factores humanos, más que políticos, que se interponen en el camino. Una vez más, están haciendo las cosas al revés.

7. Lo único que puede unir a la oposición, o a cualquier agrupación política, es tener un objetivo común. La unidad no es un fin en sí mismo, sino un recurso para alcanzar un objetivo específico.

8. Por lo tanto, lo importante es, en primer lugar, definir el objetivo que unifique políticamente a los opositores y luego pensar en el candidato presidencial unitario que mejor represente el logro de ese objetivo. El objetivo dicta la pauta, no un candidato en particular. En realidad, la multiplicidad de candidatos que se consideran salvadores de la patria es el mayor obstáculo.

9. Por lo tanto, el problema de la oposición es más político que electoral. Es urgente que definan su objetivo, es decir, qué quieren lograr, cómo, con quiénes y cuándo. Esta es la tarea crucial que debieron haber realizado ayer. Una vez que tengan claro su objetivo, todo lo demás fluirá fácilmente. Si no saben a dónde quieren llegar, nunca llegarán.