Cofundador de OceanGate quiere enviar 1.000 personas a la atmósfera de Venus para 2050

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El reciente accidente del sumergible Titán, perteneciente a la empresa OceanGate, que se saldó con la trágica pérdida de cuatro personas incluyendo a su exsocio Stockton Rush, no ha mermado la incesante ambición de su equipo por traspasar las fronteras de la innovación. El visionario Söhnlein sostiene que su meta futurista «es menos audaz que la idea de establecer un millón de personas en Marte para el 2050».

¿Es Venus una opción viable para la colonización humana? Los expertos advierten que la superficie de Venus posee una temperatura que podría fundir plomo, mientras que su atmósfera está saturada de dióxido de carbono y ácido sulfúrico. A ello se añade una presión atmosférica que supera 90 veces la terrestre. Frente a estos datos, Söhnlein concuerda que Venus no parece la opción más atractiva para la vida humana: «Es cierto que, al mencionar la idea de colonizar Venus, se despierta un gran escepticismo tanto fuera como dentro de la comunidad espacial».

No obstante, este empresario fundamenta su optimismo en estudios que sugieren la existencia de una capa en la atmósfera venusina, ubicada a unos 50 kilómetros de su superficie, en donde la vida humana podría ser teóricamente posible debido a menores temperaturas y presión atmosférica.

Plantea la posibilidad de establecer una colonia flotante para alojar a unas 1,000 personas en la atmósfera de Venus para el 2050, aunque todavía se desconocen los detalles prácticos de cómo se logrará este propósito.

Söhnlein propone que, si se logra desarrollar una estación espacial capaz de resistir el ácido sulfúrico presente en las nubes venusinas, podría albergar a cientos o miles de individuos en esta futura colonia flotante.

Un sueño que data desde su infancia «Desde que tenía 11 años, he sentido la necesidad de contribuir a convertir a la humanidad en una especie interplanetaria», declara Söhnlein. «Soñaba repetidamente con ser el comandante de la primera colonia en Marte», añade.

Söhnlein comparte que él y su difunto amigo, Rush, consideraban que «la exploración submarina, y especialmente el uso de sumergibles tripulados, eran los medios más similares a un viaje espacial que podíamos experimentar, fomentando así nuestra visión sin tener que abandonar nuestro planeta».

Ahora, en asociación con el empresario Khalid Al-Ali, Söhnlein ha fundado Humans2Venus, una organización que se encargará de proponer conceptos comerciales innovadores y estrategias de inicio para superar los obstáculos financieros y tecnológicos para llevar humanos a Venus en un futuro cercano.

¿Es realmente factible este sueño? Andrew Coates, del Laboratorio de Ciencias Espaciales Mullard del University College de Londres, afirma que «si existe voluntad política y suficiente inversión, estoy convencido de que la humanidad lo puede lograr». Sin embargo, cuestiona: «La pregunta real es: ¿por qué querríamos hacerlo?».

Para Coates, Venus no representa un desafío mayor para la humanidad que Marte, ya que ambos planetas presentan condiciones extremadamente hostiles para la vida humana. Además del problema de la radiación cósmica, las altas temperaturas y los largos viajes espaciales, se requiere de individuos con atributos especiales capaces de sobrevivir en entornos cerrados durante largos periodos de tiempo. «Se podría comparar con un viaje de un mes en una caravana. Algunas personas podrían soportarlo, otras no», aclara Coates.

Finalmente, Coates argumenta que si el objetivo es expandir la humanidad más allá de la Tierra, la Luna, por su proximidad, «sería una opción perfectamente viable».