En Barcelona, católicos rezan por la lluvia para luchar contra la sequía

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Preocupados por la intensa sequía en Cataluña, católicos de Barcelona decidieron pedir ayuda al cielo y convocaron varias jornadas de rezo que culminaron el sábado con una procesión por el centro de esta ciudad española, que en algunos momentos tuvo que detenerse precisamente por el agua.

«Empezó a llover justo cuando empezamos la novena [nueve días de rezo, ndlr] y hoy que hacemos el final y también la procesión, parece que es cuando ha caído el chaparrón más grande en la ciudad de Barcelona», explicaba satisfecho Guillem Gottschalk, secretario de la Archicofradía de la Sangre.

Las gotas que caían de forma intermitente no impidieron, sin embargo, que la comitiva que llevaba la imagen del Santo Cristo de la Sangre avanzara al caer la noche por las estrechas calles del centro histórico de Barcelona, ante la mirada sorprendida de los turistas.

Portando cirios y encadenando plegarias, varias decenas de fieles presididos por el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, acompañaron la imagen de este Cristo crucificado al que los cofrades, vestidos con sus tradicionales túnicas negras, tuvieron que cubrir con un plástico en algunas partes del recorrido.

A esta imagen, que suele estar en la céntrica Basílica de Santa María del Pi, se dirigían tradicionalmente los fieles barceloneses para hacer rogativas, entre otras, por la lluvia, aunque desde mediados del siglo pasado no se le había vuelto a llevar en procesión específicamente para pedirle agua.

«Dado que la necesidad de lluvia es más que evidente se decide sacar esta imagen (…) que es la que tradicionalmente ha salido en Barcelona para hacer este tipo de ruegos», explicó Gottschalk sobre la iniciativa.

Con la región de Cataluña, en el noreste de España, atravesando la peor sequía desde que se iniciaron sus registros pluviométricos a inicios del siglo XX, los cofrades decidieron convocar nueve días de plegarias que acabaron el sábado con una misa en la basílica y la procesión.

«Parece ser que da buenos resultados, porque hace una semana que están rezando para que llueva y ya ha empezado a llover», se felicitaba Nuria Prat, una restauradora de arte de 59 años, antes de comenzar la eucaristía.

Pero el agua que cayó el sábado en Barcelona no parece suficiente para aliviar la intensa sequía que afecta a esta región que es uno de los motores económicos de España.

Después de más de tres años con precipitaciones por debajo de lo habitual, las autoridades regionales catalanas declararon el mes pasado la fase de emergencia por sequía para unas seis millones de personas, habitantes principalmente de Barcelona y su zona metropolitana.

Con las reservas de agua en niveles críticos (actualmente los embalses internos están al 14,4% de su capacidad), se impusieron nuevas restricciones, especialmente para usos relacionados con la agricultura, la ganadería y la industria.

Y, aunque los periodos sin lluvia no son atípicos en esta zona del mediterráneo español, la potencia de esta época sin lluvias ha desatado la preocupación.

«En el año 2008 hubo bastante sequía, pero no tanto como ahora», recordó Pau Ruata, un jubilado de 69 años sobre el anterior periodo de escasez que, según los registros, duró 18 meses, menos de la mitad del actual.

Para él, que realizó todo el recorrido de la procesión portando un largo cirio blanco, toda ayuda es bienvenida.

«Casi no hemos podido hacer la rogativa debido a que llovía, es casi un chiste, pero hace falta que llueva mucho porque los pantanos están vacíos», deseó.