Escándalo: Trafigura vuelve a Venezuela de la mano de Francisco Murillo, señalado de esquilmar $ 10 mil millones a PDVSA

0
453

El comerciante mundial de materias primas Trafigura está buscando fletar al menos un gran tanquero para transportar fueloil venezolano de exportación, según dos fuentes con conocimiento del acuerdo.

La decisión se produce tras la flexibilización esta semana de las sanciones de Estados Unidos a la industria energética del país miembro de la OPEP.

La empresa Trafigura regresaría a las operaciones venezolanas de la mano del empresario Francisco Murillo, quien mantiene casos judiciales por corrupción e incluso demandados por la Procuraduría General de Venezuela.

HISTORIAL

Una nueva estafa en contra de la empresa petrolera venezolana PDVSA, que alcanza los $ 10.000 millones, habrían realizado empresas vinculadas o de propiedad de Murillo y Ruperti entre el 2004 y el 2015.

Las estafas tienen que ver con las subastas que Venezuela utilizaba para vender su petróleo, las cuales habrían sido sistemáticamente arregladas durante una década o más, privando al país económicamente asediado de miles de millones de dólares.

Entre los beneficiarios de la trama, se encuentran las compañías Glencore, Trafigura y Vitol, las tres mayores empresas de comercio de materias primas del mundo, según una extensa investigación de los periodistas Liam Vaughan and Lucia Kassai, y publicada en la revista estadounidense Businessweek.

Por qué es importante

Todo comienza con un divorcio, y el reconcomio de la exesposa de Francisco “Squito” Morillo, Vanessa Acosta Friedman, quien poseía una computadora portátil de Morillo, y donde estaban almacenados conversaciones en aplicaciones de mensajes instantáneos en los que se discutía información confidencial y extractos de cuentas de empresas extranjeras que habían efectuado pagos cuantiosos e inexplicables a familiares de ejecutivos petroleros venezolanos.

En un acto de venganza o de despecho, Acosta Friedman le entrega la computadora con toda la información, más una serie de carpetas y teléfonos celulares a Wilmer Ruperti, ex jefe de Morillo y rival en el mundo de los negocios petroleros.

El enorme fraude, que duró más de 10 años, se orquestó a través de una base paralela de datos en Miami, Panamá y Suiza con la cual manejaban la comercialización de Pdvsa.

Ese es un caso que alcanza los 10 mil millones de dólares en reclamos iniciales, y donde están involucradas 24 empresas petroleras extranjeras que utilizaban los servicios de un proveedor venezolano llamado Helsinge Inc, dirigida por Francisco Morillo.

Esas empresas se conectaban a la asesoría que ofrecía Francisco Morillo y de allí sacaban la información sobre la comercialización de petróleo. Tenían todo, inventarios petroleros, planificación de las compras, etc.

¿Quién es Francisco Henrique Herrera Morillo?

Francisco Henrique Morillo nació en 1980 en el seno de una familia acomodada de la región petrolera de Zulia, al noroeste de Venezuela. Su abuelo, del mismo nombre, fue presidente de un banco, vicerrector de una universidad y miembro del Tribunal Supremo regional. Su padre era ejecutivo de una empresa constructora.

La trayectoria profesional de Morillo se forjó durante un encuentro fortuito en un campo de golf cuando tenía 19 años. Mientras esperaban para dar el primer golpe, él y Acosta Friedman se fijaron en un hombre de unos 40 años que surcaba el campo con rabia. Era Wilmer Ruperti.

Los tres se hicieron amigos, y Ruperti ofreció a Morillo un trabajo en su pequeña empresa de transportes. “Eran como una extensión de mi familia”, dice Ruperti

En 1998, el año en que Hugo Chávez fue elegido presidente por primera vez, la industria petrolera venezolana volaba, produciendo el 5% del suministro mundial. Wilmer Ruperti se coló a la acción pidiendo favores para ayudar a una entonces modesta empresa holandesa llamada Trafigura —hoy en día la segunda mayor comercializadora de petróleo del mundo— para asegurar el acceso a los puertos de Venezuela.

Impresionada, la empresa contrató a Ruperti para ampliar sus operaciones en Caracas. Morillo se fue con él.

Trafigura acabó separándose de Ruperti luego de que este organizara demasiadas fiestas lujosas. Morillo se quedó, pero siguió trabajando con su mentor, incluso —y según consta en registros judiciales— en un acuerdo que traería un conflicto legal a Ruperti.

En 2002, Ruperti consiguió que una empresa rusa arrendara barcos a la compañía petrolera estatal, Petróleos de Venezuela SA (PDVSA). Los rusos pensaban que suministraban los buques a PDVSA directamente, pero en realidad su contrato era con una empresa de nombre similar que Ruperti había creado.

Según un juez británico, Ruperti ganó $ 60 millones cobrando más de lo que facturaba. “Los altos directivos de Novoship y PDVSA, así como los gobiernos ruso y venezolano, estaban al tanto de mi estrategia para contratar buques de esta forma”, afirma Wilmer Ruperti, que llegó a un acuerdo no revelado con la empresa rusa.

Morillo era un negociador nato: audaz y persuasivo, con una antena para detectar las debilidades y deseos de la contraparte.

En 2004, Morillo dejó PDVSA para montar su propio negocio, junto con un antiguo operador de PDVSA e ingeniero químico de formación llamado Leonardo Baquero.

Se instalaron en el apartamento de Morillo y Acosta Friedman, y eligieron el nombre de Helsinge —una ciudad de Dinamarca— de una lista de sugerencias provista por un abogado.

Helsinge, que tenía menos de una docena de empleados, se presentaba como una empresa de consultoría que asesoraba a empresas extranjeras sobre cómo navegar por el complicado terreno político de Venezuela y obtener acceso al petróleo del país.

Se hizo con una cartera de clientes que incluía a poderosas figuras de los mayores comerciantes de materias primas del mundo, como José María Larocca, jefe de petróleo de Trafigura durante muchos años, y Tony Maarraoui, jefe para América Latina de Vitol.

A medida que el dinero entraba a raudales, Morillo y Acosta Friedman compraban propiedades, alquilaban aviones y se relacionaban con grupos sociales de Caracas y Miami que vivían al máximo.

En un momento dado, Morillo trabajó como representante de ventas para un fabricante de yates, lo que le daba acceso a embarcaciones de lujo cuando no estaban en uso.

Era el año 2005, la pareja se casó en la Quinta Esmeralda, famosa por acoger fiestas de la burguesía caraqueña.

En las fotos aparecen radiantes, Morillo con el pelo peinado hacia atrás como un ídolo de matiné, Acosta Friedman con el cuello cubierto de diamantes. Antes de la ceremonia, ella firmó un acuerdo prenupcial.

Una de las personas no invitadas a la boda fue Ruperti, que en un par de años pasó de ser una figura paterna para Morillo a su enemigo.

Wilmer Ruperti creía que Morillo había sido desleal por independizarse; Morillo le dijo a sus amigos que quería librarse de la influencia de un hombre más viejo que él. Los operadores que antes recurrían a Ruperti para hacerse de petróleo venezolano, ahora se dirigían a Morillo.

Por VOA

El comerciante mundial de materias primas Trafigura está buscando fletar al menos un gran tanquero para transportar fueloil venezolano de exportación, según dos fuentes con conocimiento del acuerdo.

La decisión se produce tras la flexibilización esta semana de las sanciones de Estados Unidos a la industria energética del país miembro de la OPEP.

La empresa Trafigura regresaría a las operaciones venezolanas de la mano del empresario Francisco Murillo, quien mantiene casos judiciales por corrupción e incluso demandados por la Procuraduría General de Venezuela.

HISTORIAL

Una nueva estafa en contra de la empresa petrolera venezolana PDVSA, que alcanza los $ 10.000 millones, habrían realizado empresas vinculadas o de propiedad de Murillo y Ruperti entre el 2004 y el 2015.

Las estafas tienen que ver con las subastas que Venezuela utilizaba para vender su petróleo, las cuales habrían sido sistemáticamente arregladas durante una década o más, privando al país económicamente asediado de miles de millones de dólares.

Entre los beneficiarios de la trama, se encuentran las compañías Glencore, Trafigura y Vitol, las tres mayores empresas de comercio de materias primas del mundo, según una extensa investigación de los periodistas Liam Vaughan and Lucia Kassai, y publicada en la revista estadounidense Businessweek.

Por qué es importante

Todo comienza con un divorcio, y el reconcomio de la exesposa de Francisco “Squito” Morillo, Vanessa Acosta Friedman, quien poseía una computadora portátil de Morillo, y donde estaban almacenados conversaciones en aplicaciones de mensajes instantáneos en los que se discutía información confidencial y extractos de cuentas de empresas extranjeras que habían efectuado pagos cuantiosos e inexplicables a familiares de ejecutivos petroleros venezolanos.

En un acto de venganza o de despecho, Acosta Friedman le entrega la computadora con toda la información, más una serie de carpetas y teléfonos celulares a Wilmer Ruperti, ex jefe de Morillo y rival en el mundo de los negocios petroleros.

El enorme fraude, que duró más de 10 años, se orquestó a través de una base paralela de datos en Miami, Panamá y Suiza con la cual manejaban la comercialización de Pdvsa.

Ese es un caso que alcanza los 10 mil millones de dólares en reclamos iniciales, y donde están involucradas 24 empresas petroleras extranjeras que utilizaban los servicios de un proveedor venezolano llamado Helsinge Inc, dirigida por Francisco Morillo.

Esas empresas se conectaban a la asesoría que ofrecía Francisco Morillo y de allí sacaban la información sobre la comercialización de petróleo. Tenían todo, inventarios petroleros, planificación de las compras, etc.

¿Quién es Francisco Henrique Herrera Morillo?

Francisco Henrique Morillo nació en 1980 en el seno de una familia acomodada de la región petrolera de Zulia, al noroeste de Venezuela. Su abuelo, del mismo nombre, fue presidente de un banco, vicerrector de una universidad y miembro del Tribunal Supremo regional. Su padre era ejecutivo de una empresa constructora.

La trayectoria profesional de Morillo se forjó durante un encuentro fortuito en un campo de golf cuando tenía 19 años. Mientras esperaban para dar el primer golpe, él y Acosta Friedman se fijaron en un hombre de unos 40 años que surcaba el campo con rabia. Era Wilmer Ruperti.

Los tres se hicieron amigos, y Ruperti ofreció a Morillo un trabajo en su pequeña empresa de transportes. “Eran como una extensión de mi familia”, dice Ruperti

En 1998, el año en que Hugo Chávez fue elegido presidente por primera vez, la industria petrolera venezolana volaba, produciendo el 5% del suministro mundial. Wilmer Ruperti se coló a la acción pidiendo favores para ayudar a una entonces modesta empresa holandesa llamada Trafigura —hoy en día la segunda mayor comercializadora de petróleo del mundo— para asegurar el acceso a los puertos de Venezuela.

Impresionada, la empresa contrató a Ruperti para ampliar sus operaciones en Caracas. Morillo se fue con él.

Trafigura acabó separándose de Ruperti luego de que este organizara demasiadas fiestas lujosas. Morillo se quedó, pero siguió trabajando con su mentor, incluso —y según consta en registros judiciales— en un acuerdo que traería un conflicto legal a Ruperti.

En 2002, Ruperti consiguió que una empresa rusa arrendara barcos a la compañía petrolera estatal, Petróleos de Venezuela SA (PDVSA). Los rusos pensaban que suministraban los buques a PDVSA directamente, pero en realidad su contrato era con una empresa de nombre similar que Ruperti había creado.

Según un juez británico, Ruperti ganó $ 60 millones cobrando más de lo que facturaba. “Los altos directivos de Novoship y PDVSA, así como los gobiernos ruso y venezolano, estaban al tanto de mi estrategia para contratar buques de esta forma”, afirma Wilmer Ruperti, que llegó a un acuerdo no revelado con la empresa rusa.

Morillo era un negociador nato: audaz y persuasivo, con una antena para detectar las debilidades y deseos de la contraparte.

En 2004, Morillo dejó PDVSA para montar su propio negocio, junto con un antiguo operador de PDVSA e ingeniero químico de formación llamado Leonardo Baquero.

Se instalaron en el apartamento de Morillo y Acosta Friedman, y eligieron el nombre de Helsinge —una ciudad de Dinamarca— de una lista de sugerencias provista por un abogado.

Helsinge, que tenía menos de una docena de empleados, se presentaba como una empresa de consultoría que asesoraba a empresas extranjeras sobre cómo navegar por el complicado terreno político de Venezuela y obtener acceso al petróleo del país.

Se hizo con una cartera de clientes que incluía a poderosas figuras de los mayores comerciantes de materias primas del mundo, como José María Larocca, jefe de petróleo de Trafigura durante muchos años, y Tony Maarraoui, jefe para América Latina de Vitol.

A medida que el dinero entraba a raudales, Morillo y Acosta Friedman compraban propiedades, alquilaban aviones y se relacionaban con grupos sociales de Caracas y Miami que vivían al máximo.

En un momento dado, Morillo trabajó como representante de ventas para un fabricante de yates, lo que le daba acceso a embarcaciones de lujo cuando no estaban en uso.

Era el año 2005, la pareja se casó en la Quinta Esmeralda, famosa por acoger fiestas de la burguesía caraqueña.

En las fotos aparecen radiantes, Morillo con el pelo peinado hacia atrás como un ídolo de matiné, Acosta Friedman con el cuello cubierto de diamantes. Antes de la ceremonia, ella firmó un acuerdo prenupcial.

Una de las personas no invitadas a la boda fue Ruperti, que en un par de años pasó de ser una figura paterna para Morillo a su enemigo.

Wilmer Ruperti creía que Morillo había sido desleal por independizarse; Morillo le dijo a sus amigos que quería librarse de la influencia de un hombre más viejo que él. Los operadores que antes recurrían a Ruperti para hacerse de petróleo venezolano, ahora se dirigían a Morillo.