Incumplimiento del calendario escolar profundiza la pobreza de aprendizajes en niños, niñas y adolescentes

0
350

Alrededor del 70% de las escuelas públicas en Venezuela, que albergan al 85% de la población estudiantil, implementaron el horario mosaico durante el año escolar 2022-2023. Esta medida, aprobada por las autoridades educativas, fue una respuesta a las protestas de los maestros por mejores salarios y a su incapacidad para asistir a clases durante toda la semana debido a la falta de recursos. El salario actual de los docentes no es suficiente ni siquiera para cubrir el transporte público.

La aprobación del horario mosaico por parte de los jefes de las zonas educativas y los supervisores de aulas refleja que el Estado venezolano reconoce la grave crisis que enfrentan los maestros. Este año, los docentes han protagonizado más de 3.000 protestas para exigir mejoras salariales, pero no han recibido respuestas positivas por parte de las autoridades.

El horario mosaico permitió a cada institución determinar cuántos días a la semana se darían clases, en función de las posibilidades de los docentes. Algunos colegios tuvieron clases tres o más días a la semana, mientras que en otros solo hubo dos o menos días.

Según datos de la Asociación Civil Con la Escuela, el horario de cinco días a la semana fue el menos frecuente. Incluso se reportaron casos de escuelas en las que las clases terminaron en mayo y no se reanudaron. Esta situación se repitió en el estado Barinas, donde en algunas zonas no hubo clases durante todo el año y los estudiantes perdieron el año escolar por completo.

En tres instituciones educativas rurales del estado Miranda, los docentes informaron que solo trabajaron dos días a la semana desde enero. Dos de estas escuelas terminaron el año con este horario, aunque una de ellas retomó las clases cinco días a la semana durante los últimos dos meses por temor a represalias.

En contraste, las 178 escuelas del programa Fe y Alegría brindaron servicio los cinco días de la semana gracias a la colaboración de agencias humanitarias y el apoyo de los representantes. Se les brindó apoyo adicional a los docentes, como bonos para el transporte, platos de comida y ayuda en casos de emergencias de salud.

Tanto en las escuelas públicas como en las privadas, no se cumplió con el calendario escolar de 180 días. Sin embargo, en las instituciones con horario mosaico, la situación fue aún más alarmante. Por ejemplo, los colegios que tuvieron clases dos días a la semana desde enero hasta julio solo tuvieron un total de 48 días de clases, lo que representa apenas el 40% del calendario.

Estas interrupciones en el calendario escolar se suman a los problemas causados por las fallas en los servicios públicos. Según la organización Con la Escuela, el 20% de los planteles no tuvieron clases por falta de agua y el 11% por falta de electricidad. Además, el 42% de los docentes informaron que los niños faltaban a clases cuando no se ofrecía el Programa de Alimentación Escolar (PAE) y el 22% dijo que los estudiantes faltaban porque tenían que trabajar para ayudar a sus padres.

Estas situaciones han provocado un rezago en el aprendizaje de los estudiantes. Según un estudio de Con la Escuela, los niños de tercer grado en promedio solo pueden leer 45 palabras por minuto, cuando deberían poder leer 85 palabras por minuto según los estándares internacionales. Esto indica una clara pérdida de aprendizaje.

La falta de comprensión lectora afecta el desarrollo de los niños en todas las áreas educativas y ha llevado a que alrededor del 30% de los estudiantes no cuenten con las competencias necesarias para el próximo año escolar. Además, la falta de preparación impide que al menos el 90% de los estudiantes de sexto grado estén preparados para ingresar al bachillerato.

La deserción de profesores en las áreas básicas es otro desafío en el bachillerato. En los últimos años, ha habido una escasez grave de profesores en las áreas de ciencias y en inglés.

Ante esta situación, Fe y Alegría ha implementado un programa educativo que se adapta a los recursos y profesores disponibles. Sin embargo, se requiere un esfuerzo conjunto para mejorar las condiciones educativas en el país, incluyendo la captación de más docentes y una actualización curricular que responda a las necesidades actuales. Además, es necesario abordar la falta de infraestructura y recursos en las escuelas.

La falta de acceso a una educación de calidad y el creciente analfabetismo representan obstáculos significativos para el desarrollo individual y colectivo de Venezuela. Es necesario que el Estado y la sociedad tomen medidas concretas para revertir esta situación y brindar una educación inclusiva y equitativa para todos los venezolanos.