La cárcel de Bukele, Por El Nacional

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El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, mantiene un intercambio polémico con Gustavo Petro, el presidente de Colombia.

El Nacional

El tema, los métodos para reducir los homicidios y cuál es más efectivo; el medio, Twitter, donde Bukele se mueve como pez en el agua: tiene 4,8 millones de seguidores (en su país viven apenas 6,4 millones de habitantes). Muchos fans, seguro, están más allá de sus fronteras.

Petro argumenta que mientras fue alcalde de Bogotá (2012-2015) construyó colegios y universidades para ofrecer oportunidades a los jóvenes, siguiendo una política que había iniciado Antanas Mockus (dos veces alcalde) y que en 30 años ha permitido bajar los homicidios de 59 a 13 por cada 100.000 habitantes.

Bukele le responde así: “Nuestra experiencia: de más de 100 homicidios por cada 100.000 ahora estamos en cifras de un solo dígito. Y la reducción fue rápida porque los muertos no se recuperan». Bukele tiene menos de 4 años en la presidencia de El Salvador. Nadie podrá negar su eficiencia: mucho menos los muertos.

Al mandatario salvadoreño le encanta la polémica, en particular con la prensa. Nada original en eso. No rehúye ninguna, le saca rédito. Esta se desató por la reciente inauguración de lo que se anuncia como la cárcel más grande de toda América.

El Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) es un gigantesco presidio que ocupa 165 hectáreas (dos veces y media más que el caraqueño Parque del Este) construido en una zona aislada y dotado de tecnología de punta para vigilar, controlar, poner a trabajar y castigar si es necesario a decenas de miles de pandilleros. Los primeros 2.000 ya fueron trasladados.

Organizaciones de derechos humanos —tan fastidiosas para los gobiernos en Venezuela o de El Salvador— han acusado a la administración de Bukele de usar la tortura, detenciones arbitrarias y desapariciones forzosas en su declarada guerra contra las maras, que el jefe del Estado va ganando por goleada, lo que también reconocen sus críticos pero lamentan otras pérdidas.

«Sin maras y sin democracia», sintetiza el diario digital salvadoreño El Faro. «Los resultados pesan más que la retórica», le dice Bukele a Petro.

También en Venezuela la política de tierra arrasada de la Fuerza de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana, que ha dejado miles de muertes en barrios de grandes centros urbanos y caseríos del interior del país, ha bajado los índices de criminalidad. Los reportes de la violación de los elementales derechos a la defensa y a la propia vida están en los expedientes levantados por organismos internacionales y asociaciones locales. Y, cierto, los muertos no hablan, sus familiares sí y exigen justicia aunque su voz apenas se escucha.

Pero, además, una investigación que la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York adelanta contra 13 cabecillas de la Mara Salvatrucha-13, de las más temibles pandillas que actúan en El Salvador, revela las negociaciones sostenidas por el gobierno de Bukele y esos grupos criminales para conceder beneficios procesales a cambio de apaciguamiento en las calles durante períodos electorales.

Hay más que ropaje eficiente en Bukele. El diario El Faro dice que en El Salvador manda una sola persona, que no está sujeta ni a mecanismos de control ni de rendición de cuentas. Los venezolanos de eso tenemos una telenovela. Una producción dramática, la llaman.