La crisis de servicios básicos amplía las brechas de desigualdad territorial

@DolarToday / Feb 3, 2022 @ 3:00 pm

La crisis de servicios básicos amplía las brechas de desigualdad territorial

El agua es uno de los servicios básicos peor valorados en el país. Algunas zonas logran tener mejor suministro que otras en Caracas, una brecha que se amplía al hacer la comparativa con los estados. «La desigualdad no es en estratos en cuanto a servicios públicos, sino de localidades. Hay lugares que están más expuestos a las interrupciones de un servicio por su misma arquitectura», dice el sociólogo Luis Pedro España

Luisa Quintero - El Nacional

Noraida Peña vive en el sector Las Lluvias de La Guaira, un nombre contradictorio al compararlo con el tiempo que tiene sin agua en su casa. Desde diciembre de 2019 no llega una gota a su casa por las tuberías, pero sí a la parte baja donde el agua llega una vez al mes o cada dos meses. Para surtirse, unos familiares le pasan una manguera para que llene sus tres tanques y todos los potes disponibles.

En la escasez surgen las oportunidades para unos y el gasto se lo llevan otros. A Noraida le ha tocado comprar agua proveniente de un manantial que queda más arriba de su sector y es controlado por el consejo comunal «Cielo abierto». Con diez dólares paga dos mil litros de agua, que le sirven para llenar dos de sus tanques.

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En Las Lluvias cada casa tiene entre uno y dos tanques para paliar la escasez de agua.

«Ese consejo comunal es otro sector, más arriba de donde vivo. A sus habitantes les surten cada dos semanas y no les cobran el agua, pero a nosotros y el resto de los sectores sí. Incluso las mangueras que nos pasan son diferentes a la de su sector», dice.

La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2021, elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, refleja que 65,2% de los hogares venezolanos se ubican en la pobreza multidimensional, justamente donde los servicios básicos —además de la insuficiencia de ingresos— juegan un papel importante según los propios encuestados.

En solo un año, la percepción negativa de servicios como una de las causas de la pobreza en los venezolanos aumentó dos puntos porcentuales. Las principales quejas provienen por las fallas de electricidad, la disposición de aguas servidas o la deficiencia en el suministro de agua a los hogares.

Según el informe de septiembre 2021 del Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos, la distribución de agua es el servicio peor valorado por encuestados en 12 ciudades del país, seguido del gas y la electricidad.

Agua
Las tomas de agua comunitarias han aumentado en los últimos años

Mientras que Monitor Ciudad, en su informe de 2021, detalla que las tuberías de agua potable en Venezuela pueden pasar hasta 65% de las 168 horas que tiene una semana sin suministro, debido a la escasez y las fallas del servicio.

Según la ONG, quienes no poseen tanques para almacenar agua —como Noraida en La Guaira— pasan hasta 14 horas a la semana recolectando la necesaria para sus actividades diarias.

Zona privilegiada
En Caracas, hasta septiembre de 2021, 69,9% de los usuarios reportó la inconstancia como el principal problema en el servicio de agua. Desde enero de ese año aumentó ocho puntos porcentuales.

Vanessa García y Cindy Granado comparten sitio de residencia pero no se conocen. Ambas viven en Caricuao, una de las parroquias más populosas de Caracas y donde los problemas de agua se han acentuado en las primeras semanas de enero debido a las fallas de los sistemas de distribución.

En la mayor parte de Caricuao hay servicio de agua tres días a la semana, generalmente de miércoles a viernes, explican. En otras zonas se rotan con algunos sectores, por lo que una semana solo se recibe dos días y la siguiente los tres días correspondientes.

«No recuerdo el monto (de las facturas por agua), pero es una tontería. Sé que mi mamá lo paga directamente en la oficina de Hidrocapital que está cerca de mi casa. Los demás servicios (teléfono y luz) sí los pago yo, pero los tengo afiliados en mi banco. También es un monto muy tonto», dice Vanessa.

Pero su peor experiencia no han sido estos días con fallas. «Para nosotros fue peor en 2020, los primeros meses de la pandemia. A veces duraban más de ocho días sin poner el agua, más de una vez llegaba sucia».

La situación de Vanessa y sus vecinos cambió con la compra de una bomba para acelerar el proceso de llenado del tanque, algo que ya tenía Cindy Granado en su edificio. «Sé de varios edificios de la zona hicieron lo mismo, cobraron una cuota extra e instalaron sus bombas. De todas formas la situación no es la misma en todo Caricuao. Tengo entendido que los que viven en zonas altas como UD4 sí tenían más dificultades porque les llegaba el agua con menos frecuencia».

Para el primer semestre de 2021, según el informe del OVSP, 89,7% de los ciudadanos reportaron tener acceso al agua por tuberías, lo que no implica que reciban agua de forma constante (20%) o con calidad.

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María Camacho vive en Ruperto Lugo, uno de los sectores de Catia, y forma parte del pequeño sector de la población que puede disfrutar de agua por tuberías todas las semanas.

«Obviamente desde hace años no hay agua corrida todos los días. En 2021 se bajó la frecuencia a un solo día, generalmente el jueves o viernes, pero desde diciembre hasta la fecha hemos tenido agua todos los días. Solo la quitaron una vez, un jueves según recuerdo, y la pusieron a las horas», dice.

Reconoce que es poco común que en su zona disponga del servicio todos los días, debido a que no hay tanques «como en Chacao donde surten a los edificios con cisterna, acá es agua directa de la calle».

Pero si se traslada esa problemática fuera del área metropolitana de Caracas, la situación que padecen en otras ciudades del país es más parecida a lo que vive Noraida Peña en La Guaira.

Maracaibo (90%), Porlamar (84,6%) y Barcelona (79,95) son las ciudades con los porcentajes más altos de insatisfacción por el servicio de agua, según el último informe del Observatorio de Servicios Públicos.

«Aquí en Maracaibo y San Francisco, no sirve ni la electricidad ni el agua. Apenas ahora se está componiendo el aseo urbano desde que arrancó la nueva gobernación y las nuevas alcaldías», respondió Idel Durán a una consulta en Twitter.

Mientras que en Lara, según los reportes que recoge El Impulso, las protestas por agua han aumentado desde diciembre de 2021. A principios de enero de 2022, los vecinos del este y oeste de Barquisimeto tenían 45 días sin agua, mientras que en Carora la concejal Johana Mora exhortaba a declarar una emergencia debido a la escasez.

El gobernador Adolfo Pereira prometió el 18 de enero la puesta en marcha del tercer motor del sistema Alto Tocuyo para surtir a los municipios Jiménez, Morán e Iribarren. Mientras, Oscar Castro relata que en el centro de Barquisimeto usan hasta fuentes improvisadas para poder llevar un poco de agua a sus casas.

Almacenar y reutilizar: de esta manera logran rendir el agua los habitantes del norte de Barquisimeto. Foto El Impulso

El sociólogo Luis Pedro España recuerda que proveerse de servicios básicos como agua o electricidad de forma privada es muy costoso, debido a los precios de autogeneración de energía o pozos de agua.

«La desigualdad no es en estratos en cuanto a servicios públicos, sino de localidades. Hay lugares que están más expuestos a las interrupciones de un servicio por su misma arquitectura», argumenta.

Las personas con más ingresos tienen cómo defenderse un poco mejor de esa contingencia, insiste España, «pero no te libras de ella porque precisamente la prestación de los servicios públicos hace que sea para grandes zonas urbanas o territoriales, por lo que cuando hay una falla en el servicio, les pega a todos».

La crisis de servicios públicos no es reciente. Por ejemplo, desde hace una década los expertos han dicho que la falta de mantenimiento y desinversión estaba creando grandes presiones en el sistema eléctrico. La máxima expresión de esa crisis fue marzo de 2019 con los apagones, lo que también impactó en la distribución de agua y las telecomunicaciones.

Pero son reparables. Por ejemplo, para recuperar el Sistema Eléctrico Nacional (algo que debe hacerse por etapas) estiman una inversión inicial que puede superar los $2.000 millones; mientras que el ingeniero José María de Viana considera que en tres años se puede recuperar el sistema hídrico si se invierte 1.500 millones de dólares.

Diferencias territoriales
La diferencia entre regiones sobre los servicios básicos dependen del centro poblado y la estructura dispuesta para su suministro. El occidente del país, recuerdan expertos y ONG, está más expuesto a los apagones debido a que está en la cola de la generación del SEN. A ello también se suma la falta de inversión y mantenimiento en otras plantas como las termoeléctricas. Por ello, las interrupciones del servicio son más acentuadas en lugares como Zulia, Táchira o Lara que en Anzoátegui y Bolívar.

En el caso del agua, explica el sociólogo Luis Pedro España, las diferencias son derivadas del centro poblado. Pone como ejemplo San Felipe, donde casi no se reporta escasez, y Caracas. «Hay problemas topográficos, de fuentes hídricas que generan desigualdades (…) Tradicionalmente, Caracas siempre ha tratado de ser un centro privilegiado, pues hay una percepción política y de seguridad pública de vulnerabilidad mayor de esos factores».

Pero el sociólogo insiste en que las diferencias dentro de la misma ciudad dependen en mayor medida de la desigualdad de ingresos que de las condiciones del propio servicio. Por ello en zonas como Chacao se puede disponer de pozos profundos, debido a que hay ciudadanos con poder adquisitivo para instalar este tipo de soluciones para sus edificios o viviendas, además de las facilidades que hay por los afluentes hídricos provenientes del Ávila, que en sectores como Catia.

El servicio de gas tampoco se aleja de la intermitencia que presentan el agua o la luz. A César Pereira, quien vive al norte de Valencia, 2022 le trajo solo una buena noticia: después de tres meses de espera recibió la bombona. El agua por tuberías sigue siendo ineficiente y los cortes eléctricos se reanudaron.

El caso de Paola Schotborgh representa las desigualdades territoriales que bien menciona el sociólogo Luis Pedro España. A finales de 2021 se mudó de Maturín (estado Monagas) a Caracas, cansada de la situación de los servicios públicos.

Con el cambio de vivienda pasó de tener agua por pozo privado todos los días para recibirla dos o tres veces por semana. Dejó de pagar el gas en dólares debido a la privatización de un llenadero para recibirlo directamente por tuberías, mientras que el servicio eléctrico no ha tenido alteraciones.

Según el Observatorio de Servicios Públicos, 91,8% de los ciudadanos usa el gas doméstico en sus hogares. El 75,6% utiliza bombonas individuales, 7,1% bombonas comunes y 17,1% cuenta con gas directo.

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Luis Pedro España señala que el problema de las bombonas es que frente a una importante restricción de ofertas frente a la obsolescencia de equipos, de los propios cilindros, la estatización de las empresas, las fallas del transporte, supone una complejidad para su distribución.

Hasta septiembre de 2021, San Fernando de Apure es la ciudad que reportó la mayor cantidad de personas (más del 60%), que recibe gas por bombonas en sus hogares una vez cada tres meses o más, mientras que en Maracaibo, Barcelona y Ciudad Bolívar más del 20% dijo no recibir nunca gas en sus viviendas.

En Bolívar los precios de un cilindro de gas en dólares varían de 3$ el pequeño, 5 dólares la bombona mediana, y la grande puede llegar a costar 10$. Por lo que solo los hogares con más recursos pueden aprovisionarse.

El sociólogo Luis Pedro España pone su ejemplo: «En mi casa en Margarita ha mejorado la distribución, pero hace unos meses debía rodar entre 30 y 40 kilómetros para ir a los llenaderos de gas. Eso lo hacía cada trimestre. Yo tengo carro y me llevaba varias bombonas de mis vecinos, pero a la gente que no tenga carro o dinero le cuesta más pagar los 50 o 60 bolívares. Volvemos al principio, frente a un problema generalizado existe una parte de la población que tiene mejores oportunidades para enfrentar la precariedad».

 

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