Maduro en Harvard, Por Antonio Ledezma

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En Venezuela se utiliza una expresión para destacar y defender lo que estimamos muy nuestro. “Todo pulpero alaba su queso” es un testimonio que significa que “cada quien defiende o alaba lo suyo, lo que le es propio, cercano o familiar, una frase que se origina en la tradición que tienen las personas encargadas de atender una pulpería de ofrecer pequeñas muestras de queso “fresco” a los compradores diciéndoles que era el mejor de la zona. Inspirado en ese dicho el primogénito del dictador venezolano Nicolás Maduro, ha salido a la palestra pública presentando a su padre como un candidato a catedrático con las credenciales suficientes para ser disputado por las más célebres universidades del mundo. O sea que, según Nicolasito -así se le llama en Venezuela al hijo de Maduro- su papi tiene la formación, los conocimientos y la experiencia para empinarse en cualquier cátedra de esos centros de excelencia que funcionan en diferentes continentes.

El Nacional

Por ejemplo, supone Nicolasito que su ascendiente calza los puntos para ser fichado por la Universidad de Harvard, una institución privada que se encuentra en la costa este de Estados Unidos, en la ciudad de Cambridge, estado de Massachusetts, fundada en 1636 y por ende la más antigua de ese país. Allí Maduro pudiera explicar cómo fue posible que un país riquísimo como Venezuela esté hoy experimentando los síntomas de pobreza más llamativos en el mundo. También relataría sus fórmulas para combatir la inflación que acorrala a la ciudadanía, ya bastante arruinada con esos salarios de hambre que recibe como paga o pensiones. Me imagino a Maduro pontificando sobre uno de sus grandes inventos: la línea telefónica 800-SABOTAJE, creada para que la población pueda formular cualquier tipo de denuncia referente al desabastecimiento, especulación, sobreprecios, venta ilegal de productos de primera necesidad y la lucha contra el acaparamiento para terminar con la desestabilización económica.

Para los venezolanos sería motivo de gran orgullo que, nada más y nada menos que en Harvard, el profesor Maduro exponga los vernáculos proyectos de los gallineros verticales, la ruta de la empanada y los cultivos organopónicos. Todos fracasados pero, “por culpa del imperio”, dirá Maduro en tono nada circunspecto. Sin embargo, Maduro se defenderá presentando otros inventos revolucionarios dignos de ser emulados como lo han sido, por ejemplo, la “motocicleta socialista”, que no anda porque no hay cauchos ni combustible; el “condón bolivariano”, diseñado para evitar el embarazo adolescente en el país que ahora tiene la tasa más alta de embarazos precoces; el “teléfono vergatario”, que no se escucha porque las redes sociales funcionan con muchas limitaciones y cuesta conseguir conexión con la plataforma digital.

¡Claro! Maduro tendría que combinar su disertación académica justificando los saqueos, las ocupaciones y expropiaciones de los comercios, que además sucumbieron ante los esquemas de controles de precios y de cambios que la revolución del socialismo del siglo XXI han impuesto por más de 23 años, medidas que no han servido para evitar la hiperinflación padecida ni la devaluación ni la fuga de capitales, tampoco la brutal caída del PIB. Sin embargo, para el primogénito su padre ha debido ser el ganador del Nobel de Economía y no Douglas W. Diamond.

Otra universidad que se pelearía por contar con Maduro en su staff de profesores sería la Complutense de Madrid (UCM), conocida de forma oficiosa como «la Complutense» o «la Docta», considerada una de las universidades más importantes y prestigiosas de España y del mundo hispanohablante. En esa prestigiosa universidad española Maduro pudiera dictar cátedra sobre “las ventajas del nepotismo en la gestión pública”. Expondría las beneficios logrados desde que su hijo fue nombrado jefe del Cuerpo de Inspectores especiales de la Presidencia; los éxitos de su esposa, Cilia Flores, como presidenta de la Asamblea Nacional de 2006 a 2011, para seguidamente pasar a ocupar la Procuraduría de la República. Y las razones revolucionarias para que las hijas del comandante eterno, Hugo Chávez, mantuvieran privilegios dentro de las estructuras gubernamentales. El profesor Maduro intercalaría sus conferencias con otros temas que despiertan mucha curiosidad, como por ejemplo, la implementación del cambio del huso horario, medida que tenía como novedad que en lugar de retrasarla una hora, la retrasan media hora.

La Universidad de Cambridge, una universidad pública inglesa, medieval con 31 facultades, situada en la ciudad de Cambridge, Inglaterra, Reino Unido, estaría muy interesada en prestar oídos al profesor Maduro ofreciendo detalles de cómo se puso en marcha el plan para cambiar los signos monetarios. Maduro atraparía la atención de los alumnos quienes, con sus orejas aguzadas, percibirán esas pócimas tan peculiares de su revolución que pulverizaron el bolívar fuerte, y el soberano también; hablaría de cómo el dólar paralelo se impone en una economía opaca en donde el Banco Central es una herramienta de la revolución y como los portales digitales son los que publican datos de cómo funcionan los cambios, día a día. De tal manera que no faltará un cursante de posgrado que se atreva a comparar a Maduro con el Nobel Barry Sharples y hasta de proponerlo para el premio Nobel de Química 2023, en reconocimiento de semejante alquimia destructiva.

En París está la Sorbonne, el principal conglomerado en Francia dedicado a la enseñanza superior y al estudio de las disciplinas humanísticas, cuyo rector no dejará de disputar la firma de tan popular catedrático. Será un lugar más que propicio para que el profesor Maduro niegue las acusaciones que cursan en su contra por ser perpetrador de crímenes de lesa humanidad. Allí podrá contar cómo se han podido ejecutar, por la vía extrajudicial, a más de 7.000 seres humanos; describirá las cárceles de su revolución, entre ellas La Tumba, El Helicoide y Ramo Verde. Será propicia la ocasión para que en una universidad con inclinaciones humanistas, Maduro describa cómo son las torturas que se aplican a los presos políticos en los calabozos conocidos como La Nevera, El Ascensor y El Cuarto de Los Locos. ¡Ah, y la diáspora! Ese es otro trofeo que Maduro puede exhibir con orgullo: el éxito de su revolución de espantar de su patria a más de 7 millones de venezolanos.

La Pontificia Universidad Javeriana es un centro privado colombiano con sede en Bogotá y Cali. Deriva su nombre de San Francisco Javier. Destaca por el alto nivel investigativo que acrisolan sus estudiantes que no desaprovecharán la oportunidad para escuchar, de viva voz, al profesor Maduro razonar cómo es posible que en un país poseedor de las mayores reservas de petróleo del mundo la gente tenga que padecer de gigantescas colas para conseguir algunos litros de gasolina. También descifrará la incógnita, el profesor Maduro, de cómo es que un país con tanto gas convencional y gas asociado al petróleo, no esté en capacidad de garantizar el gas doméstico a las familias, que, por si eso no fuera suficiente, también soportan los famosos apagones, cuando bien se sabe que Venezuela cuenta con una de las más importantes instalaciones hidroeléctricas y termoeléctricas de América Latina.

Finalmente, el profesor Maduro estará preparado para responder a cualquier atrevido estudiante de la Complutense que se le ocurra preguntarle ¿por qué sus diálogos son diferentes a los de España y no producen resultados como los Pactos de la Moncloa?

Y Maduro ripostará exclamando: ¡Los revolucionarios no dialogamos para entregar el poder, sino para ganar tiempo y perpetuarnos en él!