Patricia Hearst, 50 años después de su secuestro que la convirtió en guerrillera

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El 4 de febrero de 1974, Hearst fue sacada en contra de su voluntad de su apartamento en Berkeley, California.

Con Informacion de EFE

Los Ángeles (EE.UU.) (EFE).- El secuestro de la heredera millonaria Patricia Hearst por el Ejército Simbionés de Liberación (SLA) cumple 50 años, recordando una historia mediática que, impulsada por el término del ‘síndrome de Estocolmo’, difuminó los límites entre víctima y cómplice.

Este acto violento marcó el inicio de un circo mediático que conmocionó a Estados Unidos y capturó la atención del mundo entero.

La adinerada joven de 19 años, heredera del imperio de medios de comunicación de William Randolph Hearst, fue víctima del grupo radical de extrema izquierda comandado por Donald DeFreeze. Querían usarla como moneda de cambio para liberar a dos de sus compañeros encarcelados.

La transformación de Patricia Hearst

Fotografía divulgada por el FBI donde se muestra a Patricia Campbell Hearst (d) sosteniendo una carabina M1 durante el robo de un banco junto con Donald DeFreeze (i) en abril de 1974 en San Francisco, California. EFE/FBI

La percepción de Hearst como víctima cambió en abril del mismo año cuando se difundió una cinta de audio con su voz, anunciando su adhesión al SLA y expresando su apoyo a las demandas del grupo. También adoptó el nombre de Tania, en honor a Tamara Bunke, revolucionaria comunista y compañera del líder guerrillero argentino-cubano Ernesto “Che” Guevara, mientras criticaba a su familia y a las instituciones gubernamentales.

Las declaraciones de Patricia Hearst escandalizaron a la sociedad y el fenómeno mediático alcanzó su punto máximo cuando fue captada en medio del robo a un banco, con una icónica foto de ella cargando un rifle con el símbolo del SLA de fondo, como una guerrillera.

Lavado de cerebro y el ‘síndrome de Estocolmo’

En medio de la confusión, los medios de comunicación de la familia Hearst enfatizaron la condición de víctima de la mujer debido al secuestro y promovieron la idea de que había sido sometida a un «lavado de cerebro».

Después de 19 meses de secuestro, las autoridades detuvieron a Patricia Hearst en septiembre de 1975. Cuatro meses más tarde, comenzó el juicio en el que se le imputaron varios cargos relacionados con su participación en el atraco al banco y otros actos criminales.

En su defensa, argumentaron que su participación era resultado del ‘síndrome de Estocolmo’, una experiencia psicológica paradójica en la que se desarrolla un vínculo afectivo entre los rehenes y sus captores.

Interpretaciones divergentes

Fotografía divulgada por el FBI donde se muestra una composición de cuatro fotografías de Patricia Campbell que forma parte de un cartel de ‘Se busca’ para los miembros del Ejército Simbionés de Liberación. EFE/FBI

Las opiniones sobre la racionalidad de las acciones de Hearst han sido controversiales hasta el día de hoy.

«Creo que con el tiempo, Patricia Hearst se involucró en las actividades delictivas del SLA y decidió continuar con ellos», dice en una entrevista con EFE el abogado estadounidense Jeffrey Ross Toobin, autor del libro ‘American Heiress: The Wild Saga of the Kidnapping, Crimes and Trial of Patty Hearst’.

Toobin considera que Hearst actuó de forma racional y que sus acciones podrían haber sido impulsadas por un deseo de rebelión adolescente.

El perdón presidencial a Patricia Hearst

Hearst fue declarada culpable y sentenciada a siete años, pero finalmente pasó menos de dos años en prisión gracias a que el presidente Jimmy Carter redujo su pena. En 2001, el presidente Bill Clinton le otorgó el perdón completo.

«Toobin considera que fue correcto que la declararan culpable del atraco al banco. No cree que debiera haber recibido un indulto presidencial porque nunca reconoció ningún delito por su parte».

El caso de Patricia Hearst quedó marcado como un evento igualmente tumultuoso que la década de 1970 en Estados Unidos, una época marcada por la crisis del petróleo, el movimiento contra la Guerra de Vietnam y escándalos políticos como Watergate, que llevaron a la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974.

«Toobin añade: «(El evento fue tan relevante porque) demuestra que la locura del extremismo político puede conducir a actos delictivos escandalosos, en todo el espectro político».

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