Venezolanos siguen su peligrosa ruta por selva panameña, pese a advertencia de EE UU

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Dennis Font, de 32 años, ha atravesado la peligrosa selva del Darién en Panamá con su esposa y sus dos hijos. A pesar de la advertencia de repatriación a Venezuela, Dennis está decidido a llegar a Estados Unidos, convencido de que aquellos que no arriesgan no pueden ganar. Dennis dejó su trabajo como albañil en Venezuela debido a la difícil situación del país. Sin embargo, al llegar a un campamento de acogida de migrantes en Lajas Blancas, se enteró de que Estados Unidos ha acordado con el gobierno de Nicolás Maduro la «repatriación directa» de venezolanos que migran ilegalmente. Aunque teme ser deportado, Dennis no pierde la esperanza de ir a Estados Unidos para trabajar y brindar un futuro mejor a su familia.

Muchos otros migrantes en el Centro de Recepción Temporal para Migrantes de Lajas Blancas comparten el mismo anhelo de llegar a Estados Unidos. Aunque temen la deportación, prefieren quedarse en otros países que regresar a Venezuela, describiéndolo como una «tortura» sin futuro. En el centro de acogida, los migrantes duermen en barracones de madera y comparten instalaciones básicas. A pesar de las dificultades, los migrantes continúan llegando en canoas organizadas por las autoridades panameñas.

La selva del Darién, con sus 575.000 hectáreas de superficie, es uno de los corredores más peligrosos para los migrantes que intentan llegar a Estados Unidos desde Sudamérica a través de América Central y México. Según el departamento de Migración de Panamá, más de 417.000 personas han cruzado el Darién en lo que va de año, superando el récord del año anterior. La mayoría de los migrantes son de Venezuela, Ecuador y Haití, pero también hay personas de Asia y África.

El camino a través del Darién está lleno de peligros, desde ríos caudalosos hasta animales salvajes y bandas criminales que extorsionan a los migrantes. A pesar de estos riesgos, algunos migrantes, como Daniel, están dispuestos a volver a cruzar el Darién, aunque esta vez sin poner en peligro a sus seres queridos.

La travesía por el Darién cobra muchas vidas, y algunos cuerpos quedan abandonados en el camino, siendo devorados por los animales. A pesar de los peligros, Nixon Espino, un barbero de 19 años de Venezuela, está decidido a llegar a Estados Unidos para trabajar y enviar dinero a su hijo que pronto nacerá en Venezuela.

Aunque la repatriación a Venezuela es una preocupación para muchos migrantes, su deseo de buscar un futuro mejor y escapar de la difícil situación en su país de origen sigue siendo su principal motivación.